¿Y SI…?

Carmen Pastor

Dos palabras. Muy cortas. Con un poder brutal.

Pueden trasladarte a lo más alto. Y las usamos para soñar, para inventar, para marcarnos metas, para explorar nuevos horizontes, para crecer, para descubrirnos…

¿Y si…

me tocara la lotería,

mezclo miel y vinagre en una salsa,

estudio un poco todos los días,

la llamo y le digo de salir,

salto un poco más alto,

soy capaz de superarme…?

Pero también pueden llevarte a la tortura. Y las usamos para ver las peores opciones futuras, para imaginar catástrofes, para sufrir con antelación por cosas que nunca sucederán, para preocuparnos en exceso, para contaminar los buenos momentos…

¿Y si…

le pasa algo a mi hija que hoy sale con sus amigas,

este bultito es un tumor,

no puedo llegar a fin de mes,

se burlan de mi,

nunca encuentro a alguien que me quiera,

suspendo el examen,

mis padres enferman, …?

Al “Y SI” que nos potencia, nos prepara, nos proyecta, a ése, HAY QUE CUIDARLO.

Al otro “Y SI”, al  patológico, que nos hace rumiar, entrar en un bucle sin fin, y nos daña el alma, HAY QUE DOMESTICARLO.

Si lo identificamos y lo percibimos, ya estamos en el camino. Lo siguiente es adiestrarlo, como el “sit” cuando enseñamos a nuestro cachorro. Ponerle límites y enseñarle quién es el líder. No seguirle adonde nos lleve, ni mimarle contestando a sus locuras. Terapia, vaya!

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