CONTRA EL ESTIGMA: LA ESTIMA

Aceptar y normalizar: otra forma de hacer “terapia”

Raquel Serrano Badenes, 29ª Promoción. Máster en Psicología Clínica, Cetecova.

Hace 14 años que conocí por primera vez a una persona con esquizofrenia. Fue entonces cuando empecé mi recorrido como voluntaria en diferentes instituciones y países, entre ellos Londres y Marruecos. No sé por qué me apasionó tanto la enfermedad mental grave desde el principio, sólo sé que siempre me he sentido muy cómoda y segura estando con ellos.  Al contrario de lo que se podría esperar, me topé con un grupo de gente tranquila, educada y espontánea. Tenía mil proyectos en mente, terapias infalibles y expectativas altísimas.

Desde hace dos años, coordino los programas y ejerzo de psicóloga en AFPEM HORTA SUD (Asociación de Familiares y Personas con Enfermedad Mental grave de l’Horta Sud, Valencia), desde entonces agradezco el trabajo que tengo y la oportunidad de mejorar la vida de estas personas cada día, pero con unos proyectos concretos, unas terapias realistas y expectativas a corto plazo.

No me culpo. La enfermedad mental es invisible a nuestros ojos, ya no tanto por la ausencia de signos físicos, sino por la falta de conciencia y conocimiento que tenemos la población en general. Lo desconocido crea miedo y ésta es la emoción que nos invade cuando leemos un titular de noticia o nos hablan de un “esquizofrénico”. Tampoco culpo a la sociedad. En el mundo moderno, dirigirse a ellos como endemoniados, basura o delincuentes ha pasado a la Historia, pero la realidad es que en el resto de países siguen eligiendo la tortura o el aislamiento como métodos de tratamiento de primera elección. Tampoco culpo a los expertos y científicos.  Desde la trepanación en el Neolítico, hasta el fin de la lobotomía y el inicio de la psicofarmacología a mediados de los años 50, muchos han sido los métodos que se han probado para eliminar o tratar la enfermedad mental. Las personas con enfermedad mental grave tampoco tienen la culpa de ser invisibles por quedarse en sus casas lidiando con los síntomas de la enfermedad, los efectos secundarios de la medicación y la etiqueta de “peligroso” o “loco” a sus espaldas.

La verdad es que nadie tiene culpa, pero el resultado de todo esto nos ha llevado a distorsionar la enfermedad mental, a confundirnos en los tratamientos y a estigmatizarlos injustamente. Aceptar la enfermedad mental conlleva luchar contra una impronta que comienza en los primeros escritos de nuestra Historia, implica practicar la empatía a su máximo exponente, tener un alto grado de tolerancia en general y tolerancia a la frustración en particular.

En la actualidad, España cuenta con diversos centros especializados destinados a personas con enfermedad mental crónica:

  • CEEM (Centro específico para Enfermedades Mentales crónicas)
  • CENTRO DE DIA
  • CRIS (Centro de Rehabilitación e Integración Social)
  • CENTRO DE ATENCIÓN DIURNA
  • RESIDENCIAS
  • VIVIENDAS TUTELADAS

Aunque cada dispositivo tiene sus propias peculiaridades, lo cierto es que todos trabajan para mejorar el nivel de autonomía personal, facilitar actividades de ocio y ocupación del tiempo libre, promocionar la salud mental, entrenar en capacidades funcionales, asesorar y apoyar a la familia, recuperar las habilidades cognitivas, favorecer la convivencia, cooperación y autoayuda, así como el establecimiento de relaciones sociales, proporcionar atención integral para el mantenimiento, rehabilitación y mejora de las habilidades personales y en el caso de las residencias o las viviendas tuteladas, servir de alojamiento como alternativa a su hogar.

Todo esto suena genial, pero… ¿y los tratamientos individualizados?, ¿qué espacio ocupa la psicología clínica en la enfermedad mental crónica?

Los servicios que reciben las personas con enfermedad mental por parte de los expertos en su rehabilitación integral se basan en un servicio asistencial y un asesoramiento puntual. Por supuesto que no está mal, pero de nuevo vemos cómo el tratamiento para estas personas sigue estando cojo. Los usuarios necesitan terapias individualizadas, los profesionales debemos dar el lugar que merecen los familiares y la comunicación con los especialistas en psiquiatría tiene que ser más eficaz y colaborativa.

El trabajo de un psicólogo clínico implica el uso de técnicas y estrategias validadas empíricamente para tratar un problema concreto, pero la realidad es que en este tipo de centros, la psicóloga realiza en muchas ocasiones el mismo rol que una monitora ocupacional, una educadora o una integradora social, por nombrar algunas, llegándonos a olvidar de lo que realmente nos caracteriza y diferencia del resto: LA TERAPIA. Los tratamientos psicológicos son una herramienta necesaria para lograr la verdadera rehabilitación psico-social de las personas con enfermedad mental crónica, y en muchas ocasiones también resulta inevitable para sus familiares.

El trabajo de un familiar conviviente es la de comprender, acompañar y guiar a su allegado con enfermedad mental, aunque lo cierto es que la gran mayoría no ha sido informado sobre este tipo de enfermedad y por supuesto, no ha recibido ayuda psicológica ni siquiera orientaciones o estrategias para aprender a convivir con la sintomatología o prever recaídas, muchas veces evitables o detectables en fases tempranas. Según mi experiencia, 9 de cada 10 familiares no sabe describir la enfermedad mental que afecta a su hijo o hermana, ni tampoco actuar eficazmente en situaciones rutinarias con él o ella.

El trabajo coordinado con un equipo multidisciplinar que nos han enseñado a respetar y que tan necesario resulta para garantizar un trabajo eficaz y eficiente para con un paciente está resultando una labor ardua en mi práctica clínica, sobre todo con los psiquiatras de referencia que atienden a las personas con enfermedad mental crónica que trabajan conmigo. No entiendo el por qué, quizás la falta de experiencia histórica en el análisis y los métodos de trabajo empleados con este colectivo sea el motivo.

Nadie tiene culpa de la causa pero todos somos responsables de hacer que este cambio de perspectiva hacia la enfermedad mental crónica sea factible y real. En toda la Mancomunidad Horta Sud, que engloba 20 municipios y alrededor de 468.000 habitantes, sólo existen dos asociaciones que trabajan para la rehabilitación psico-social de estas personas, la nuestra y otra situada en Torrente, no habiendo ningún centro especializado que dé servicio o apoyo a estas familias. Teniendo en cuenta que la enfermedad mental grave supone casi un 3% de la población, 14.040 personas con esquizofrenia, trastorno bipolar o trastornos de personalidad están siendo desatendidas por nuestro sistema de Sanidad, viéndose obligadas a permanecer en sus casas luchando en silencio y sufriendo en soledad su enfermedad.

Como he comentado al principio del artículo, ahora mis proyectos de actuación son concretos, las terapias que uso son más realistas y las expectativas que tengo hacia los usuarios se han reducido, pero lo que no ha menguado en mí han sido las ganas de querer mejorar como profesional, de querer aceptar y normalizar, de querer visibilizar esta enfermedad, de querer luchar con ellos, de quererlos a ellos.

La estima es nuestra mejor aliada para la salud mental y física, es la que se encarga de aportarnos seguridad, estabilidad emocional y energía para la lucha. Con ella, nuestro sistema inmune mejora, nuestras experiencias y creencias aumentan, nuestras emociones cambian y las relaciones sociales crecen. La autoestima nos permite vivir de forma consciente, nos proporciona positividad, nos mueve a actuar. No sé cuánto tiempo tardaremos en cambiar esta realidad o si será posible, lo único que sé es que en mi práctica clínica diaria procuro sentarme con ellos a charlar, almorzar y participar directamente en actividades de ocio, trato a sus familiares y a ellos de igual a igual, me implico en cada historia personal y no, igual no lo estoy haciendo bien clínicamente hablando, pero hasta que no cambie todo el Sistema y se priorice la enfermedad mental, además de los métodos y la terapia, la integración socio-familiar está evidenciando un menor número de recaídas y un mayor bienestar emocional.

ACEPTAR Y NORMALIZAR LA ENFERMEDAD MENTAL FUNCIONA,

y así lo seguiré haciendo.

Según datos revelados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), de cada 10 personas, 1 tiene alguna enfermedad mental, cifra que tiende a incrementarse en Europa, y un 40% de estas enfermedades son crónicas. Mañana puedes ser tú, quiérete y acude a un profesional de la psicología cuando te haga falta. La prevención es cosa de todos.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.Más información...

ACEPTAR
Aviso de cookies
1 2 3 4 5 6 7 8