VIOLENCIA FILIO-PARENTAL, PROGRAMA DE INTERVENCIÓN

Míriam Molina Espí (CV13792)

Master Psicología Clínica  (Cetecova) Promoción 28ª

La violencia filio-parental o el maltrato familiar ascendente es un fenómeno objeto de investigación en muchos estudios debido a la repercusión que está teniendo en la sociedad actual. Según las estadísticas de la Fiscalía General del Estado (2017) este año ha descendido respecto del anterior, aun así, sigue habiendo un número muy elevado de procedimientos, que absorben una buena parte del quehacer diario de las Secciones de Menores, hasta el punto de que en bastantes provincias la mayoría de las medidas cautelares acordadas lo son por estos delitos. Podemos encontrar diferentes definiciones para un problema tan  complejo, en este caso voy a adherirme a la acordada por Pereira et al. (2017):

Conductas reiteradas de violencia física, psicológica (verbal o no verbal) o económica, dirigida a los y las progenitoras, o a aquellos adultos que ocupan su lugar. Se excluyen: las agresiones puntuales, las que se producen en un estado de disminución de la conciencia que desaparecen cuando ésta se recupera (intoxicaciones, síndromes de abstinencia, estados delirantes o alucinatorios), el autismo o la deficiencia mental grave, el parricidio sin historia de agresiones previas (p.220).

En este artículo se hablará de la complejidad de este tipo de violencia y se describirá un tratamiento psicológico y psicoeducativo,  el Programa de intervención para familias y menores con conductas de maltrato (Sánchez, Ridaura, & Arias, 2012) enmarcado en el enfoque teórico de la terapia cognitivo-conductual. El cual se está llevando a cabo en distintos centros de reeducación de menores para el cumplimiento de medidas judiciales por delitos de violencia filio – parental en España.

EVALUACIÓN

En primer lugar, para ponernos en contexto, empezaremos hablando de un perfil general que se recoge en la fase de evaluación de estos jóvenes y sus progenitores. Por un lado, nos encontramos ante adolescentes de entre 14 y 18 años con problemas de conducta, trastornos mentales asociados en ocasiones y/o un consumo prolongado de cannabis u otras sustancias tóxico – dependientes.  En cuanto a la cognitiva encontramos pensamientos irracionales que utilizan para justificar su conducta violenta. Emocionalmente existe falta de empatía, evaluando a nivel conductual dificultades para relacionarse dentro del marco de la asertividad y resolver problemas. Además, es muy característico detectar baja tolerancia a la frustración, impulsividad y un repertorio de conductas muy instauradas. Por otro lado, tenemos a unos padres y/o madres con sentimientos negativos, de vergüenza, frustración, culpa y con muchas dudas sin resolver. También observamos que existe un déficit de habilidades a la hora de resolver problemas, muchas veces la forma de comunicarse puede ser inadecuada y las pautas educativas empleadas o inexistentes pueden haber ayudado en la aparición de este problema dentro del ámbito familiar.

PLANTEAMIENTO DE HIPÓTESIS

En la fase de planteamiento de hipótesis podemos tratar de resolver una pregunta muy frecuente entre los padres y/o madres: ¿Cómo se ha originado una situación de esta magnitud y como ésta se ha mantenido en el tiempo para llegar hasta este punto? Vayamos por partes. Para obtener una respuesta a la pregunta sobre cómo se ha originado el conflicto, tenemos en cuenta el modelo de Lykken (2000) que engloba ciertos factores como son el temperamento del adolescente y las competencias parentales. En primer lugar, con la observación de los comportamientos innatos de un recién nacido y ciertas conductas en la niñez, ya podemos determinar dependiendo de su adaptación si la persona tiene un temperamento fácil o difícil. En segundo lugar, deberemos tener presente si durante el crecimiento del niño o niña los padres y/o madres han establecido pautas educativas coherentes a la edad y capacidades de su hijo o hija, junto con el afecto y una comunicación adecuada. Estas dos variables mantienen una relación significativa a la hora de evaluar un problema de estas características. En esta fase de la terapia, después de haber realizado una evaluación exhaustiva, tenemos que trasmitir  a los padres y/o madres que el problema de su hijo o hija es un problema de conducta y por tanto aprendido, es decir, no es un problema genético. Por tanto, el modelado puede haber influido en el aprendizaje de este tipo de conductas agresivas. Así como también, hay que tener presente la etapa evolutiva en la que se encuentran sus hijos e hijas y todos los cambios que esta conlleva. Hasta aquí hablamos de cómo se produce el problema, pero hay algo más, y es cómo este se mantiene en el tiempo. Si prestamos atención al análisis funcional podemos ver que de las situaciones conflictivas se obtienen ganancias. La clave está en el refuerzo positivo, cuando el menor o la menor ante la respuesta de sus progenitores, como puede ser ceder ante sus amenazas, consigue aquello que quiere; bien sea material como dinero (consecuencias externas) o bien aquello más reforzante como es atención, poder y control del hogar (consecuencias internas), sometiendo a sus familiares a sus demandas. Por tanto los menores aprenden que con faltas de respeto, agresividad y en muchas ocasiones el chantaje emocional consiguen aquello que quieren y además someten a su familia. También los padres y/o madres obtienen refuerzo, pero en este caso negativo y es que, cediendo ante las exigentes demandas de sus hijos o hijas no tienen que enfrentarse a situaciones desagradables que lo más probable es que terminen en conflicto y con violencia. Lo que ocurre es que la duración del alivio que experimentan es a corto plazo y a largo plazo se consigue mantener el conflicto familiar.

Tras la práctica clínica y como veremos más adelante, concluyo en la importancia de esta fase, ya que si los padres y madres no llegan a la misma conclusión o se les quedan dudas acerca de esto, aparecerán dificultades en el resto del proceso.

INTERVENCIÓN

A continuación, se va a pasar a una de las fases más complejas del tratamiento, la intervención. El objetivo general de esta fase al margen de la finalidad del internamiento en un centro, el cual es reeducar y reinsertar al menor en la sociedad, es el de reconstruir o retomar el vínculo y la relación familiar reconociendo la existencia del problema. Por tanto, la intervención se divide en diferentes bloques y es que para obtener un resultado exitoso y que se alcancen los objetivos propuestos para cada joven hay que trabajar de forma transversal tanto con ellos como con sus progenitores. Además, se puede crear una Escuela de Padres y Madres y diferentes talleres para trabajar con los jóvenes educación emocional y/o habilidades sociales, de las cuales carecen y, por otro lado, la prevención o la intervención en lo que se refiere a sustancias tóxico – dependientes.

Durante la intervención hay que tener en cuenta que cada menor viene con su historia personal y rasgos característicos. Matizar que, aun teniendo una intervención estructurada y determinadas sesiones planteadas con un contenido específico, habrá que adaptarse siempre a las necesidades y complejidades evaluadas en cada caso. Esto quiere decir que durante esta fase debemos ser flexibles, respetar los tiempos y trabajar en mayor medida las distintas características que estén interfiriendo  y dificultando la relación familiar. De esta forma, también incidiremos más en unas partes u otras del programa según las habilidades o déficits del menor y sus progenitores. A continuación vamos a ver a modo de resumen los contenidos de los principales bloques de la intervención (Tabla 1) para centrarme en aquellos en los que durante la práctica clínica me han parecido más interesantes o en los que he encontrado más dificultades.

Tabla 1

Contenidos de los bloques de la intervención

Intervención con jóvenes Intervención con padres y madres Intervención conjunta
Responsabilidad/Empatía

Resolución de problemas

Normas y consecuencias

Habilidades sociales

Educación emocional

Control de la ira

Pensamientos irracionales

Responsabilidad

Refuerzo positivo

Técnicas para aumentar y disminuir conductas

Educar

Normas y consecuencias

Comunicación: peticiones, críticas, decir ‘No’

Pensamientos irracionales

Expresión de positivo

Afrontamiento del conflicto

Contrato conductual

Fuente: Elaboración propia

 

En primer lugar, abarcaré la intervención con el menor o la menor. El objetivo de la primera tarea seria asumir y aceptar su parte de responsabilidad en el conflicto. También se puede evaluar en esta parte el grado de empatía y si fuese necesario trabajarla simultáneamente. Hacer este trabajo personal y como resultado no justificarse es muy importante, ya que sin esto no hay consciencia del problema y el resto de la intervención no cobraría sentido. Encontramos ciertas dificultades como la no aceptación y la  resistencia al cambio reflejado en pensamientos irracionales para justificarse y, en muchas ocasiones, en la resistencia a hacer las tareas de sus propias situaciones problema.

Otro de los contenidos desde mi punto de vista más importante, aunque no siempre será una condición a trabajar en la intervención, es el control de la ira y la agresividad. Nos ayudaremos de la educación emocional y del modelo ABC de Ellis. Para esto los chicos y chicas deben exponerse a ciertas situaciones lo que requiere de cierto riesgo al cual tenemos que preparar a sus padres y madres para que sepan responder y no caer en el bucle que mantenía dicho problema.

Por último, me gustaría centrarme en la parte cognitiva. Se trata de trabajar pensamientos irracionales detectados mediante la técnica de la reestructuración cognitiva. Estos pensamientos pueden girar en torno a la minimización de situaciones, justificándolas debido al locus de control externo que presentan; a las obligaciones de sus padres y sus propios derechos y/o a su capacidad de autosuficiencia. Esta parte es de gran importancia y en ocasiones habrá que tirar de ella antes de lo previsto para que los pasos anteriores puedan evolucionar y la intervención sea de éxito.

Paralelamente a las sesiones con los menores atenderemos a los padres y madres en sesiones individuales. Con los progenitores incidiremos en la parte de responsabilidad, ayudándoles mediante la discusión cognitiva a desmontar los pensamientos que les producen sentimientos de culpa. Deben entender que todo lo ocurrido y la forma en la que han actuado hasta ahora no han sido con la intención de llegar a este punto. Fácilmente la terapia cognitiva se alarga durante toda la intervención y esto es necesario para que tomen la decisión de poner en práctica todo aquello que les vamos a ir explicando a lo largo de esta fase. Una de las grandes dificultades que nos encontramos en estos casos es que los padres y madres no acaban de ver aquello que les explicamos porque desde la fase de planteamiento de hipótesis no les ha quedado del todo claro aquello que deben o pueden hacer para cambiar la situación. Están de alguna forma, cegados por el pasado y los sentimientos negativos, por lo que les cuesta mucho llegar a la conclusión de que pueden salir del problema en el que se encuentran envueltos. Por esta causa, pueden también ocultar datos no siendo sinceros, e incluso, pueden llegar a crear alianzas con los hijos e hijas. Por tanto, debemos hacer hincapié en que deben exponerse asumiendo riesgos, para que puedan comprobar por ellos mismos que solo así podrán resolver el problema. Por otro lado, nos encontramos casos en los que actúan desde la comodidad de no enfrentarse al problema, como hemos visto anteriormente, como consecuencia del refuerzo negativo. Por tanto, aquí debemos evaluar exhaustivamente y confrontar estos pensamientos con los progenitores para que se atrevan y den el paso. Por último, otra cosa muy significativa es que debemos tratar en algunas ocasiones ideas irracionales que aparecen en torno a la permisividad y consentimiento. Debemos hacerles ver que su responsabilidad es enseñar a sus hijos e hijas a tolerar la frustración de cara a un futuro próximo fuera del seno familiar, donde sí existen limitaciones.

Como hemos dicho anteriormente, también ofrecemos espacios estructurados donde ambas partes puedan compartir tiempo y empezar a tener contactos con las personas que realizamos la mediación. Aquí el objetivo principal  es el de afrontar el conflicto y reconstruir el vínculo. Por un lado, se aprovecha para tener los primeros acercamientos. Para este momento tan emotivo utilizaremos la expresión de positivo donde se realizan cumplidos y se recuerdan momentos alegres del pasado con fotografías, para crear un ambiente agradable. Esta sesión es muy importante para poder observarles y empezar una intervención conjunta, aquí la relación se destensa y la motivación para el cambio puede empezar a aparecer. Por otro lado, en cuanto al afrontamiento del conflicto, momento crucial para la intervención, donde se trata de poner sobre la mesa aquellos problemas que han conducido a la familia hasta aquí, en un ambiente estructurado. Para esto, el vínculo tiene que estar construyéndose positivamente y como terapeutas debemos estar seguros de que las partes han trabajado por su lado asumiendo su responsabilidad, entrenando las habilidades sociales desde la asertividad para poder empezar a comunicarse adecuadamente, realizando peticiones y críticas para aceptarlas, rechazarlas o negociarlas.

Como clínicos debemos ser capaces de detectar las dificultades aquí presentes para tomar una dirección u otra en la intervención. Un error muy común es  que a veces somos ambiciosos y debemos replantearnos los objetivos dejando que sea la persona a la que acompañamos la que marque los tiempos.

CONCLUSIONES

Para terminar, me gustaría hacer hincapié en la importancia de trabajar desde la prevención en un fenómeno tan complejo y multifactorial como es la violencia filio–parental. Trabajar desde la prevención para que no llegar a poner en manos de la justicia estos casos. Debemos tener presente que es un problema que se gesta con los años a modo de escalada, donde se pasa por la desobediencia hasta llegar, en algunos casos, a las agresiones físicas. Es decir, es un problema que podría detectarse en el tiempo. Aquí podemos comprobar que es un problema social, en el cual se debe tomar consciencia de la importancia de la educación en el seno familiar, educar a un hijo o una hija no es fácil, y los padres tienen una gran responsabilidad,  ya que su educación repercute directamente en sus vidas. Por tanto, los padres y madres deben tener presente su tarea estableciendo desde bien temprano vínculos afectivos positivos, que no alianzas, aplicando una disciplina adecuada mediante una comunicación basada en el respeto y la asertividad. Estos son los ingredientes  principales para un trabajo tan arduo como es el de educar a los hijos e hijas. Como he dicho, educar no es tarea fácil y como sociedad también somos responsables de que esto se lleve a cabo adecuadamente. Por tanto, si prestamos atención a nuestro alrededor hay ciertos prejuicios que nos impiden pedir ayuda para tal tarea. Y como consecuencia, los pocos recursos existentes se ven infrautilizados, aun sabiendo que existen herramientas eficaces para producir cambios. Es nuestra tarea, como profesionales, investigar y llegar a acuerdos sobre modelos explicativos y programas de intervención. Como también es de gran importancia llevar un seguimiento exhaustivo y longitudinal de este tipo de programas para conocer resultados y lograr su máxima eficacia. Esta problemática social requiere de una respuesta específica, lo que supone una formación académica concreta.

BIBLIOGRAFIA

Fiscalía General del Estado (2017). Memoria elevada al gobierno de S. M. presentada al inicio del año judicial por el fiscal general del estado Excmo. Sr. Don José Manuel Maza Martín. Volumen I. Madrid.

Lykken, D.T. (2000). Personalidades antisociales. Barcelona: Herder.

Pereira, R., Loinaz, I., del Hoyo, J., Arrospide, J., Bertino, L., Calvo, A., Montes, Y., Gutiérrez, M. M. (2017).  Propuesta de definición de violencia filio-parental: Consenso de la Sociedad Española para el Estudio de la Violencia Filio – Parental (SEVIFIP). Papeles del psicólogo. 38 (3), 216-223.

Sánchez, J., Ridaura, M., Arias, C. (2012). Manual de Intervención para familias y menores con conductas de maltrato. Valencia: Tirant Humanidades.

Sánchez, J, Ridaura M.J y Arias, C. (2015). Violencia filio-parental. Etiología y modelos explicativos. En J.J. Navarro y M.V. Mestre. El marco global de atención al menor. (pp. 431-449). Valencia: Tirant Humanidades.

 

            Míriam Molina Espí (CV13792)

Promoción 28ª

 

 

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