Tatami Terapia es un programa de intervención dirigido principalmente a niños y niñas de entre los 5 y los 12 años con Trastorno de Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDA-H). Una amplia base teórica así como el resultado de investigaciones realizadas sobre el tema, dan lugar a la estructuración de las sesiones terapéuticas a través de juegos de tatami. Utilizando como escenario la disciplina del Judo y mediante la autoevaluación con refuerzo, el alumno desarrolla habilidades individuales y sociales que pueden ser trasladadas a su día a día. El tatami se convierte en un lugar donde los niños pueden hacer deporte y divertirse al mismo tiempo que aprenden habilidades tan útiles como el autocontrol, la organización, mantener la atención o relacionarse eficazmente con sus compañeros.

Podríamos decir que la meta de la intervención terapéutica es desarrollar en los niños estrategias y destrezas, tanto psicológicas, como emocionales y conductuales, que les permitan responder a las demandas de su entorno, satisfacer sus necesidades y disminuir el impacto del TDA-H, tanto a nivel individual, como familiar y comunitario.

Por otro lado, los aspectos específicos que trabajamos con los alumnos, van dirigidos a mejorar las capacidades atencionales, las habilidades sociales, la autoestima y la psicomotricidad.

El desarrollo de la atención selectiva y mantenida es muy importante a la hora de adquirir aprendizajes en el ámbito académico. Alcanzar el desarrollo óptimo de estas capacidades atencionales sería uno de los aspectos específicos que trabajamos en Tatami Terapia, entrenándolos para que sean capaces de:

– Mantener la atención en una tarea durante un tiempo.
– Realizar tareas que requieran un esfuerzo atencional.
– Atender a dos o más estímulos de manera simultánea.
– Disminuir el número de interrupciones mientras alguien está hablando.

Una de las actividades que utilizamos para trabajar la atención es el juego del “¡YA!”. Se les da una indicación a los alumnos (sentados con las piernas estiradas, tumbados boca abajo, tumbados boca arriba, a cuclillas, etc.) y tienen que llevarla a cabo siempre que el profesor diga ¡ya! Durante el programa se van aumentando el número de indicaciones y la rapidez con la que se les dan para ir dificultando la actividad. En ocasiones también omitimos la palabra clave para comprobar que mantienen la atención.

El programa dedica una especial atención a las habilidades sociales puesto que están consideradas como una herramienta fundamental para el éxito personal y profesional en el mundo actual. Además, el contexto en el que trabajamos es el idóneo para practicar este tipo de habilidades. Los objetivos en este aspecto van dirigidos a:

– Mejorar las habilidades básicas de interacción social.
– Mejorar sus habilidades para hacer amigos.
– Mejorar las habilidades conversacionales.
– Desarrollar sus habilidades relacionadas con los sentimientos, emociones y opiniones.
– Desarrollar y practicar las habilidades de solución de problemas interpersonales.
– Desarrollar y practicar las habilidades para relacionarse con los adultos.

Los trastornos de conducta muchas veces van asociados a otros trastornos como la baja resistencia a la frustración o problemas relacionados con la baja autoestima. El programa añade a las actividades sistemas de refuerzo que mejoran estas deficiencias y se establecen unas normas donde el alumno aprende a respetar a los compañeros y al profesorado. De esa manera, tratamos de mejorar la autoestima:

– Ampliando el autoconcepto que tiene el alumno con el reconocimiento y apoyo de sus habilidades.
– Desarrollando la capacidad de valorar el esfuerzo más que el resultado concreto.

Por otro lado, se mejoran esos problemas de conducta estimulando el desarrollo de las habilidades que componen las funciones ejecutivas relacionadas con la capacidad de autorregulación del comportamiento tratando de:

– Mejorar la actuación de la capacidad de autorregulación comportamental, que comprende la capacidad de inhibición comportamental, flexibilidad cognitiva y control emocional.
– Mejorar la actuación de los procesos metacognitivos relacionados con el control inhibitorio como son la memoria de trabajo, la capacidad para afrontar y resolver tareas y problemas, la capacidad de organizar y planificar, la capacidad de organización, auto-observación y auto-evaluación.

Durante las sesiones, llevamos a cabo una economía de fichas con los niños para aumentar las conductas deseadas y positivas y disminuir las problemáticas. A lo largo de la sesión, los profesores les ponemos puntos de forma intermitente por conductas que consideramos deseables como mantenerse esperando en la fila hasta que llega su turno, levantar la mano antes de hablar y esperar a que se le de el turno de palabra, cambiarse rápido de ropa, ignorar a un compañero que le está molestando, etc. Estos puntos se van acumulando y cuando llegan a un número de puntos determinado pueden examinarse para cambiar de color de cinturón. Además, cada día tienen que autoevaluarse e indicar el comportamiento que han tenido en casa sesión. Mediante este procedimiento lo que pretendemos es que el niño sea capaz de evaluar su propio comportamiento, de aprender a felicitarse y de autorreforzarse.

El Judo, además, tiene beneficios sobre diferentes aspectos de la psicomotricidad. Cada niño la desarrolla dentro de sus posibilidades individuales y trabajamos con diferentes ejercicios para que los alumnos puedan:

– Adquirir equilibrio estático y dinámico.
– Desarrollar el control y habilidad de coordinación de los movimientos de piernas y brazos.
– Adquirir las habilidades de coordinación motora para la realización de actividades en marcha.
– Mejorar la flexibilidad general y segmentaria.
– Mejorar el conocimiento del esquema corporal.
– Mejorar la orientación espacio-temporal.

Un ejemplo es el juego “¡PÍLLAME!” En esta actividad, los alumnos se ponen por  parejas. Uno de ellos está tumbado boca arriba con las piernas flexionadas para así poder desplazarse sobre la espalda con giros hacia un lado u otro. Su pareja se sitúa delante de él de pie. El que está tumbado tiene que ir girando de forma que su compañero siempre esté delante de él y no consiga tocarle la cabeza. Cuando uno toca la cabeza al otro se cambian las posiciones.

Desde Tatami Terapia ayudamos a conocer y apreciar el propio cuerpo y a contribuir en su desarrollo, adoptando hábitos de salud y bienestar y valorando las repercusiones de determinadas conductas sobre la salud y la calidad de vida.

En definitiva, el objetivo principal es desarrollar un espacio donde los niños y adolescentes:

– Jueguen con otros compañeros de la misma edad ajustándose a las reglas y a las normas que se les plantean por parte de los profesores.
– Jueguen al mismo tiempo que hacen un deporte recomendado por la UNESCO y que fomenta el desarrollo psicomotriz.
– Se involucren en una disciplina que lleva implícita una filosofía que incide en el esfuerzo y el trabajo bien hecho sobre las grandes victorias. Somos conscientes de que es el camino de hacer grandes personas.
– Aprendan unos valores deportivos y saludables que recompensan el respeto entre compañeros, a los adultos y a los profesores, pero también al material y hacia uno mismo.
– Cooperen como equipo a través del apoyo que se dan unos a otros, donde la convivencia se basa en respetar las virtudes y debilidades de los demás.
– Desarrollen mecanismos para canalizar la rabia y los miedos, emociones que pueden aparecer en cualquiera de nosotros en un momento dado, pero que mal gestionadas se pueden volver en nuestra contra.
– Darles la oportunidad de sentir que están haciendo las cosas bien y que éste sentimiento les impulse a seguir realizándolas de esa manera.
– Y, sobre todo, que aprendan a disfrutar aprendiendo. El aprendizaje es un placer inherente al ser humano y, aunque a veces nos olvidemos, somos más felices cuando aprendemos y cuando vemos que mejoramos.

Sin duda, Tatami Terapia basa su estrategia en dotar de fuerza y herramientas al alumno con TDA-H para trasladar esa motivación por aprender Judo hacia otros ámbitos de la vida donde, a veces, son prejuzgados de forma negativa.

Ana Belén Alcón Jiménez. Promoción 22
Psicóloga de intervención de Tatami Terapia

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