Al hablar de malos tratos en el ámbito familiar, podríamos referirnos tanto a los que van dirigidos al hombre, como a los dirigidos a la mujer, pero es la mujer la principal víctima en estas situaciones. Esto es debido a la creencia errónea de la superioridad del hombre con respecto a la mujer y a la desigualdad de derechos.

Actualmente la situación está cambiando y las mujeres están más informadas sobre sus derechos y más introducidas en el ambiente social y laboral. Aún así siguen existiendo malos tratos en muchas familias, por lo que este artículo pretende aumentar el conocimiento de las personas interesadas sobre un tema que entre todos tenemos que intentar extinguir.

Cuando se habla de malos tratos contra la mujer, normalmente lo relacionamos con el abuso de la fuerza física del hombre hacia la mujer. Rara vez pensamos que los malos tratos también incluyen abuso psicológico y/o sexual. De hecho, la mayor parte de denuncias realizadas lo son sobre malos tratos físicos, pero no debemos olvidar que al abuso físico siempre le precede el abuso psicológico, y otras veces el abuso sexual. En la siguiente tabla se muestran las estadísticas de la Dirección General de la Policía de Yecla (Murcia), una población de 30.000 habitantes:

Según la Dirección General de la Policía los delitos de abuso contra la mujer representan el 4´5% de todos los delitos de Yecla; con estos datos no habría porqué alarmarse en exceso. Pero si que tendríamos que preocuparnos más cuando otras estadísticas nacionales, según la propia Policía, nos señalan que sólo se denuncian un 10% de estos delitos.

Las causas por las que no se presentan más denuncias son principalmente: el desconocimiento de los derechos de la mujer, el miedo a las represalias, a la soledad o al qué dirán y la incredulidad sobre los efectos de la denuncia. De estas causas, siempre según la Policía, la principal es el miedo a las represalias, ya que no se dispone de una Ley que proteja a las víctimas.

Desde mi experiencia, los datos concuerdan con la realidad. Como Psicólogo de ADDEFAM (Asociación para la Defensa de los Derechos de la Familia) he tratado durante más de un año a 11 mujeres con problemas de pareja o separadas. De las 11, 7 habían recibido malos tratos físicos, psicológicos o sexuales y ninguna de ellas presentó denuncia. En estos casos, no denunciaron por miedo a las represalias, a la soledad y al qué dirán.

Como ya hemos dicho antes el maltrato puede ser de tres tipos: físico, sexual y psicológico. Voy a empezar por el área psicológica, tal vez es la que menos se conoce y a la vez la más importante, pues es la parte donde empieza todo maltrato.

EL MALTRATO PSICOLOGICO

El golpe o el abuso son la consecuencia final del maltrato.

Si partimos de la base de que lo que somos, lo debemos al aprendizaje que hemos tenido, tanto a nivel familiar, social o de experiencias propias, podremos entender mejor porque un hombre puede llegar a maltratar a su cónyuge. Las personas pensamos, sentimos y actuamos de una forma y no de otra porque así lo hemos visto y vivido en nuestro mundo más cercano.

El maltrato ya empieza en las familias que educan a las hijas para servir al hombre. Los padres desde su experiencia, enseñan a sus hijas que tienen que cuidar la casa y adorar a su marido, defendiéndolo y protegiéndolo, ya que haga lo que haga es su marido. Además estas hijas observan a su propia familia: el padre trabaja fuera y la madre cuida la casa desviviéndose por su marido y sus hijos. Además estas mujeres han aprendido a callarse para preservar la unidad familiar.

Cuando una familia, directa o indirectamente, inculca a uno de sus miembros que su valía y felicidad sólo la conseguirán cuando encuentren a un hombre que las cuide y al que tendrán que satisfacer, se están dando los prolegómenos de los malos tratos.

En estos casos, mientras que las hijas son entrenadas para ser sumisas, obedientes y pasivas, sus hermanos son entrenados para ser responsables, tomar decisiones y ponerlas en práctica sin consultar, y mantener económicamente a la familia.

Socialmente se ha considerado al sexo femenino como inferior en todos los niveles; esta consideración no sólo es aceptada por los hombres, sino también por las mujeres. Aunque como decíamos antes, esta tendencia está cambiando, todavía quedan mujeres que ven a su marido y a la institución de la familia como algo a cuidar y mantener, pase lo que pase.

Sólo en las mujeres que decidan ser independientes y complacer sus necesidades y las del matrimonio, y no únicamente las de su marido, disminuirán considerablemente las posibilidades de los malos tratos.

En la tabla se presentan algunas de las principales características de la mujeres maltratadas.

Las mujeres que demandan ayuda psicológica, manifiestan trastornos y sentimientos que tienen que ver con la falta de poder: Baja autoestima, depresión, culpabilidad y fracaso, ansiedad, pasividad, dependencia total de su pareja, impotencia, humillación.

Estudios científicos demuestran que de cada 9 deprimidos, 8 son mujeres. De esas 8, 7 están casadas y son amas de casa, por tanto esta depresión se asocia con el estrés que sufren las mujeres de bajo estatus social, con discriminaciones legales, económicas y culturales.

En favor del marido, hay que decir que no siempre es consciente de que está maltratando psicológicamente a su pareja, sino que actúa en base a lo que ha aprendido. Se cree superior a su mujer, y en muchos casos, la propia mujer también piensa que es superior o que tiene más derechos. Han sido educados así, y creen que eso es lo normal.

Esta superioridad del hombre sobre su mujer, se manifiesta a través de los siguientes aspectos:

INTIMIDACION: Atemoriza a su pareja con gestos y palabras de desprecio, gritos y amenazas

AISLAMIENTO : Se encarga de controlar lo que la pareja hace, dónde va y con quién va, decidiendo si es adecuado y prohibiendo si no lo es.

ABUSO EMOCIONAL : Ridiculiza a su pareja, personal o socialmente, desprestigiándola o insultándola. Incluso hay casos que las hacen pensar que están perdiendo el juicio, que están locas: “Tú estás loca, no tienes ni idea de la vida, sino fuera por mi no se lo que hubiera sido de tí”

ABUSO ECONOMICO : Evita que la pareja consiga trabajo, hace que tenga que pedirle dinero y pide explicaciones de los gastos peseta a peseta. “Para qué vas a trabajar si vives como una marquesa”, “Te gastas mucho dinero, no puede ser todo tan caro”

POR SER HOMBRE : Trata a su pareja como una sirvienta, no colabora en casa, no agradece ni manifiesta satisfacción porque cree que las labores de la casa son sus obligaciones.

LOS HIJOS : Ella es la total responsable de su educación y de lo que les pueda pasar.

 

IDEAS Y VALORES DE LAS MUJERES MALTRATADAS:

 

Las mujeres que reciben malos tratos y no intentan solucionarlo, están bloqueadas por su propia filosofía de vida. Creencias erróneas que han aprendido en el transcurso de sus vidas en las que confían plenamente, y que les impiden buscar una alternativa razonable al problema que tienen. Las principales son las siguientes:

 

-” Mi obligación es sacar la casa y la familia adelante”

-“Tengo que complacer a mi marido en todo lo que me pida (limpieza, comida, sexo)”

-“Tengo que ser sumisa y obediente”

-“Si algo de él no me gusta y se lo digo, significa que le quiero menos”

-“Lo más importante en la vida es tener una familia unida”

-“Mi marido trabaja mucho para mantenernos por eso tengo que cuidarlo”

-“Si algo va mal (educación de los hijos, relación afectiva…), la culpa es mía: Soy una mala madre o una mala esposa”

-“Tengo que hacer todas las tareas de la casa a la perfección”

 

El maltrato psicológico es el que más deteriora a la persona como tal: la desvalorización, el desprestigio, la subordinación diaria y el no reconocimiento de su labor (mientras que el hombre, que trabaja fuera tiene el reconocimiento social y la remuneración económica por su trabajo) son aspectos que van frenando el crecimiento personal y proporcionando una baja autoestima.

Todo esto se sufre día a día y la mujer no es capaz de manifestar sus derechos porque iría en contra de lo que ella ha aprendido que tiene que ser la familia. Además las consecuencias son mucho más difíciles de medir, ya que no son observables a simple vista. Excepto en casos extremos de depresión, la mujer se habitúa a vivir con esta infelicidad y su único objetivo sigue siendo satisfacer a su marido y preservar la unidad familiar.

A veces la mujer se plantea acabar con esta situación pero no lo hace porque analiza las consecuencias de manera poco objetiva: “Tengo miedo de arrepentirme, me sentiré una fracasada como madre y como esposa, ¿Qué será de mí en el futuro?, me quedaré sola, ¿Qué pensarán de mí?”. También influye la falta de información, no saben como solucionarlo, incluso hay veces que piensan que la vida es así.

EL MALTRATO FISICO .

Como ya hemos dicho antes, el maltrato físico, en casi todos los casos se inicia precedido de un largo periodo de maltrato psicológico. La primera agresión no suele coincidir con un episodio de discusión importante, sino que es algún comportamiento “inadecuado” de la esposa que coincide con un mal día del marido y así descarga sus tensiones. Una mujer mía me relataba como fue la primera agresión de su marido: “Empecé a hacer la cena y el butano se acabó, como ya era tarde, improvisé una ensalada y unos entremeses. Cuando él llegó, enfadado y nervioso como casi siempre por los problemas en su trabajo, y le dije que lo que había pasado, me respondió gritando y con insultos: maldita bruja, todo el día trabajando para que vivas bien, y no eres capaz de hacerme una cena decente. En vez de preocuparte de la casa seguro que has estado paseando por ahí… Y acto seguido me dio una bofetada, caí al suelo, me cogió del cuello apretándome fuerte y dijo: la próxima vez te mato, zorra”.

Como fácilmente se puede apreciar en estos casos, el hombre tiene asumido el machismo al máximo. Considera que la mujer es inferior a él, que debe cuidarlo y mantenerlo, pues él “ya tiene bastante con todo lo que trabaja” (el entrecomillado son declaraciones de otra mujer después de ser agredida físicamente).

Lo peor de todo esto es que la propia mujer también se considera inferior a su marido y además se siente culpable y a veces merecedora de ese castigo.”Sí, me pegaba pero a veces un cachete hace que no se te vuelva a olvidar tener la cena preparada a su hora” me comentaba la misma señora. La mayoría de estas mujeres han visto a sus madres maltratadas, por tanto ven normal que también les pase a ellas.

Lo sorprendente es que las mujeres soportan los malos tratos repetidamente. Existe un círculo vicioso que nos va a ayudar a comprender mejor el mantenimiento de este tipo de conducta. Dicho círculo comprende tres etapas:

En la 1ª Etapa (ACUMULACION DE TENSION), ya hay una historia de maltrato psicológico y de conflictos menores. El agresor considera a la víctima como la culpable de sus problemas. Quejas continuas, insultos, desprestigio y desvalorización son las notas predominantes. La víctima trata de hacer algo para aliviar la situación, intenta agradar a su pareja, complacer y bromear con él. Piensa que si él está enfadado, sus motivos tendrá y que ella debe de satisfacerle y hacerle feliz

La 2ª Etapa (AGRESION), abarca la parte violencia física, que puede ir desde un empujón, o una bofetada, hasta palizas cuyas consecuencias suelen ser hematomas y traumatismos. El agresor normalmente utiliza las manos, aunque también se utilizan objetos, como cinturones o zapatos. Una de las socias de ADDEFAM me contaba que en una ocasión se encerró en el aseo, su pareja, enfurecido rompió la puerta, la empujó y cayó en la bañera golpeándose la cabeza. Mientras con una mano la sostenía por el cuello, empezó a darle golpes en el cuerpo con el grifo de la ducha.

Gran parte de las agresiones se realizan en estado de embriaguez; tener problemas con el alcohol es una característica predominante de los agresores. Pero otras veces, un incidente violento se desencadena por una discusión insignificante: camisas mal planchadas, olvidos, o suspensos en las notas de los hijos han sido motivos suficientes para que un hombre agrediera a su pareja.

Por desgracia, en muchas ocasiones, no es sólo un empujón; el agresor irritado, una vez que comienza es difícil pararlo. A la vez, insulta y menosprecia. Cuando se desahoga, para. Y a partir de ahí empieza la 3ª Etapa.

Es la etapa de ARREPENTIMIENTO O LUNA DE MIEL. Después del incidente violento, el agresor se siente avergonzado y culpable por lo que ha hecho. Es entonces cuando vienen las promesas de que no volverá a ocurrir. Empiezan a estar atentos y cordiales con su pareja, les hacen regalos y, a veces, hasta colaboran en las tareas de casa. Una esposa agredida me afirmaba con rotundidad: “A los pocos días de pegarme, yo no le hablaba, pero vino con un ramo de flores, me pidió perdón y me invitó a cenar a una marisquería. Le tuve que perdonar”.

Obviamente, esta fase dura poco tiempo, la nueva luna de miel es pasajera y pronto se reinician los pequeños conflictos y las continuas quejas, por tanto la pareja se vuelve a introducir en la 1ª Fase de este ciclo.

Cada ciclo puede durar meses, por lo que a veces es difícil identificarlo, sobre todo si la 3ª Fase es duradera o satisfactoria para la esposa. Esta es la trampa. He conocido casos de mujeres que han denunciado a su pareja por agresión, y en esta fase han retirado la denuncia. Otras, han querido denunciarlo pero las atenciones de su pareja, las han hecho desistir.

Las asociaciones de mujeres maltratadas, como “Entre Nosotras” de Madrid recomiendan a las mujeres que se encuentren en este círculo, tener preparado un plan de escape para cuando crean que pueden volver a entrar en la fase 2ª. El plan consiste en tener preparada una maleta con ropa y las primeras necesidades: documentos importantes, dinero, llaves, etc. Tener previsto dónde y cómo van a escapar, y al más mínimo indicio de agresión, utilizar el plan. Personalmente, creo que la idea es buena, pero conociendo las creencias de estas mujeres, va a ser muy difícil que lo lleven a cabo.

EL MALTRATO SEXUAL

La ley dice que es ilegal forzar a la pareja a incurrir en cualquier conducta sexual mediante fuerza física, intimidación o amenaza. Por tanto, cualquier mujer, casada o no, tiene derecho a decir NO ante la proposición de algún tipo de relación sexual y si no es respetada podrá denunciar la acción.

Número de denunciadas presentadas en la Comisaría de la Policía Nacional de Yecla por abuso sexual:

Normalmente, las agresiones sexuales no se denuncian dentro del matrimonio, y los motivos, una vez más, son las creencias del entorno socio-cultural. A continuación se presentan algunos de los mitos que la cultura machista ha fabricado, enfrentándolos con la realidad objetiva:

Las mujeres que han sido víctimas de abuso sexual, pueden presentar algunas de estas reacciones, tanto a nivel físico como cognitivo: Tienen dificultad en la toma de decisiones, les cuesta recordar los hechos del abuso, se sienten culpables, sucias y “marcadas”, creen que todo el mundo se va a dar cuenta de lo que le ha pasado, y a partir de ahí, nadie las respetará ni las querrá. Además tienen miedo a que se repita el hecho e incluso hablar de los hechos

Pierden el interés y dejan de hacer las cosas con las que antes disfrutaban, descuidan su arreglo personal, les cuesta concentrarse en sus tareas. Experimentan reacciones o síntomas físicos, como dificultad al respirar, dolor en algunas partes del cuerpo, pérdida de apetito, mareos, insomnio…

Existen familias donde continuamente se abusa sexualmente de la esposa, y ésta se ha habituado a este abuso. Veamos la siguiente relación, partiendo de dos premisas:

-La mujer es propiedad del hombre.

-La mujer es dependiente del hombre.

En las familias donde existe algún tipo de maltrato, existen además otros riesgos que no podemos pasar por alto. La probabilidad de que un hijo sea “maltratador” es mayor, al igual que la probabilidad de que una hija sea maltratada también es mayor. También aumentan las posibilidades de que los hijos sufran abusos sexuales por parte del padre.

De cualquier forma, en las familias donde hay algún tipo de maltrato, va a afectar a los hijos, bien directamente, abuso sexual o maltrato físico, o bien, indirectamente, al ver la violencia y aprender los derechos por ser hombre, o la falta de derechos por ser mujer.

 

¿QUE HACER ANTE ESTAS SITUACIONES?

Cuando se produce algún tipo de abuso por primera vez, lo mejor es intentar, por medio del diálogo, solucionar el problema. Normalmente, esto lo intentan la mayoría de las mujeres, y en muchos casos funciona, pues el abuso ha sido un hecho aislado, sin mayores consecuencias y que probablemente no se va a volver a repetir.

Otras veces la pareja decide que necesita ayuda y busca atención profesional.

Pero otras veces, dependiendo de la calidad de la relación y del nivel socioeconómico y cultural, la pareja se introduce en el ciclo del que hablábamos antes. Es entonces cuando no queda más remedio que tomar una importante decisión: Denunciar al cónyuge por su abuso. Ya hemos dicho antes que este paso es muy difícil darlo, por lo que recomiendo a las mujeres que ante cualquier duda consulten con alguna asociación de defensa de la mujer, o con los Servicios Sociales de su Ayuntamiento, pues allí la asesorarán sobre los pasos a seguir en su caso.

 

¿QUE HACEN LOS PSICOLOGOS EN ESTOS CASOS?

 

Una pareja es satisfactoria cuando cada uno proporciona al otro lo que quiere y así es como funcionan la mayoría de las parejas que dicen ser felices. Si hay satisfacción, hay estabilidad.

Pero este proceso no se da siempre a la viceversa. Muchas veces hay estabilidad pero no hay satisfacción en la pareja. Y las parejas insatisfechas, hacen que hayan personas insatisfechas, por lo que es más fácil que aparezca algún tipo de abuso.

Estas parejas siguen juntas porque hacen atribuciones negativas sobre sí mismas y sobre el futuro. En ellas el día a día es infeliz, aburrido, pero es mejor que estar sóla, sin nadie. Socialmente es más importante muchas veces tener marido, sea como sea la relación, que estar separada.

La soledad, el que pensarán, el miedo a represalias y al futuro, así como los hijos y el dinero, son los principales frenos al desarrollo de la felicidad personal.

Si la pareja, de mutuo acuerdo decide solucionar sus problemas, el trabajo es arduo, pues suelen ser parejas muy deterioradas en las que hay que entrenar habilidades de comunicación, resolución de problemas, distribución de tareas, recuperar actividades placenteras y reinstaurar el comportamiento afectivo.

Aunque la mayoría de las veces el trabajo va a ser individual. La mujer todavía necesita mucha información sobre cuáles son sus derechos personales y matrimoniales. Pero la información sólo sirve para prevenir. Y no siempre, ya que a las mujeres que han crecido con ideas estereotipadas sobre el matrimonio, habrá que entrenarlas en el proceso de resolución de problemas, trabajar el cambio de creencias distorsionadas, así como llevar a cabo un entrenamiento asertivo y de aumento de auto-estima.

En los casos de separación, antes se entrena el proceso de toma de decisión y quién y cómo lo va a comunicar a los hijos. El psicólogo puede planificar la separación, es decir ayudar a la pareja a seguir racionalmente los pasos de la separación, así como llevar a cabo informes periciales si no existe acuerdo sobre la tutela de los hijos.

Después se lleva a cabo el ajuste post-separación, donde se fomentan conductas nuevas y de cambio, como imagen personal, redecoración de la casa, ampliar o cambiar amistades, ajuste familiar, incluso conductas concretas como enseñar a ligar, abrir una cuenta en un banco, buscar trabajo…

En otros casos se trabajan problemas concretos que aparecen como consecuencia de la separación: Depresión, ansiedad, soledad, insomnio, etc.

 

PROTOCOLO DE INTERVENCION PROFESIONAL DE LOS DIFERENTES SERVICIOS IMPLICADOS EN CASOS DE AGRESIONES CONTRA MUJERES

OBJETIVO: Coordinar las distintas actuaciones de los profesionales que desde los diferentes ámbitos implicados intervienen en la atención de casos de agresiones contra la mujer.

 

Además de los pasos concretos que se establecen en el protocolo de cada profesional, éste es un proceder general, válido para cualquier servicio, y conlleva los siguientes pasos:………

 

1º Atención inmediata y prioritaria:

Cuando una mujer que ha sido objeto de algún tipo de agresión llega a un servicio público, ha de ser atendida de forma inmediata y prioritaria, evitando en lo posible que tenga que permanecer en salas de espera o guardar turnos.

 

2º Privacidad en la atención:

La atención que se dispense debe de realizarse en unas adecuadas condiciones de privacidad, tales como atención en un despacho o consulta a puerta cerrada, y sin la interferencia de público u otros profesionales no directamente relacionados con esa atención concreta.

 

3º Advertencia de la confidencialidad :

Manifestar a la víctima, desde un primer momento y claramente, la confidencialidad de todo lo que refiera, y esmerar este aspecto evitando comentarios o indagaciones que no contribuyan directamente a los fines profesionales.

 

4º No culpabilizar a la víctima:

Preguntas del tipo “¿Provocó usted de alguna manera a su agresor?”, “¿Suele usted salir sola, hablar con extraños?”, etc. llevan una crítica implícita hacia la persona, que la hace responsable, en parte, de lo ocurrido.

Partiendo de la premisa de que ningún comportamiento justifica una agresión, evitar comentarios o preguntas que pueden ser interpretadas como una valoración o juicio moral del atuendo, hábitos, estilo de vida, etc. de la víctima.

Asímismo, expresiones del tipo “Ud. debería haber…” suponen una extralimitación de las funciones del profesional, que en ese momento, se atribuye la facultad de decidir lo que está bien o mal, culpabilizando igualmente a la víctima por su comportamiento.

En todos estos casos, el mensaje que se está transmitiendo, aunque no se haga conscientemente, ni con mala voluntad es: “Ud. es culpable, en parte, de lo que ha ocurrido”, con ello, sólo se consigue reforzar la confusión mental y anímica que suele tener la persona en ese momento.

 

5º Trato sensible :

Hay que ser sensible al estado emocional de la persona, y tener en cuenta las distintas reacciones que se pueden observar en una víctima de cualquier tipo de agresión, sobre todo en las agresiones sexuales. Así, puede alternar momentos de calma, con otros momentos de gran alteración; suele tener dificultad para recordar los hechos aunque sean recientes; puede haber ciertas confusiones o incoherencias en su recuerdo; puede que le cueste mucho tomar cualquier decisión, aunque se refiera a cosas sencillas; puede sentir miedo a las amenazas que pudieron proferirle, y llegar a ocultar hechos o datos; probablemente se sienta sucia, indigna, culpable, etc.

Por otra parte, y en un intento de no culpabilizar de acuerdo con el punto anterior, conviene tener en cuenta que cuando la víctima se encuentra en un grado de alteración extrema, de nada sirve hablarle, darle consejos, ni intentar hacerle comprender que ella no ha tenido la culpa.

Si por ejemplo nos dice “me siento sucia”, o “culpable”, sería inadecuado decirle “No tienes porqué…”, pues supone una crítica a su estado de ánimo, que es lo que menos necesita. En tales momentos, lo que necesita es apoyo emocional (estando junto a ella, manifestándole que comprendemos cómo se siente, si la situación lo permite cogiéndole la mano, apoyando la nuestra en su hombro…), expresiones como “Sí, comprendo que te sientas así…”, le harán sentir que no la criticamos, que la comprendemos, y la apoyamos en ese momento difícil.

 

BIBLIOGRAFIA :

-Análisis y modificación de la Conducta, Jose Antonio Carrobles, UNED. 1.993

-Aplicaciones clínicas de la terapia racional emotiva. Michael E. Bernard y Albert Ellis. DDB, 1.990

-I Jornadas sobre la atención profesional en situaciones de violencia contra la mujer celebradas en Yecla en febrero de 1.995

-Divorcio, separación y nulidad. Manuel de Delás. Planeta, 1.992

por: MIGUEL ANGEL JIMENEZ ORTIZ. MASTER 1992/94

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