Ya estábamos terminando el 2º nivel del Master del Centro de Terapia de Conducta, cuando decidimos que ya estábamos, preparadas para ejercer la práctica de la Psicología Clínica por nuestra cuenta.

Esta es una de las decisiones más difíciles; el romper la creencia de que “aún no estoy lo suficientemente preparado”. Finalmente, después de Pascua del 98, nos pusimos en marcha.

Sabíamos que no era buena fecha para comenzar ya que el verano estaba cerca y la gente en esta época piensa más en las vacaciones que en sus problemas emocionales, pero aún así teníamos mucha ilusión.

En nuestra profesión la mejor forma de darnos a conocer en el “boca a boca” entre los clientes, pero como de momento no contábamos con ninguno, de alguna forma teníamos que empezar.

Lo primero que tuvimos que decidir fue una buena imagen corporativa (logotipo y nombre), la cual quedó plasmada en nuestras tarjetas y la publicidad que hicimos para promocionar el centro. Y así pues, comenzamos las campaña de reparto de tarjetas entre conocidos, amigos y familiares junto con la publicidad que cada semana repartíamos por farmacias, centros de belleza, gimnasios…

Cada vez que sonaba el teléfono nuestra respuesta fisiológica se disparaba, pero al principio no eran llamadas de futuros clientes.

Pasó un tiempo antes de que llamase el primero, os podéis imaginar nuestra alegria, por fin nos llamaba alguien. Esperábamos un caso facilito, por eso de ser el primero, pero resultó ser todo lo contrario.

Luego llamó una segunda clienta, su última pregunta por teléfono antes de concertar la cita fue: “¡ah!, por cierto, ¿pero eso cuesta algo?”, por si hay alguna duda aclararemos que no supimos más de ella.

En esa época también tuvimos una “clienta de contestador automático”, nunca llegamos a conocerla personalmente, pero nos llenaba el contestador con sus problemas. Le llamamos y nos dijo que su marido no le daba dinero para ir al psicólogo, así que le informamos de otras posibles vías y nos despedimos. Aún así nos volvió a dejar un último y extenso mensaje en el contestador.

Pasó un año con todo tipo de experiencias anecdóticas. Al llegar la primavera del 99 el teléfono empezó a sonar, y en menos de dos meses, estábamos sorprendidas de la cantidad de clientes que de repente teníamos.

Al preguntarnos el ¿por qué?, encontramos varias posibles causas que pensamos nos han favorecido: por un lado creemos que la localización del Centro en una zona céntrica, la cantidad de publicidad que hemos repartido, una buena imagen corporativa, publicidad contratada en farmacias y páginas amarillas, han sido factores que han influido en un aumento rápido y repentino de clientes.

Sabemos que aún nos queda mucho que aprender, pero lo cierto es que cada día te sorprendes con algo diferente, pues cada cliente y cada caso es una caja de sorpresas y la única manera de llegar a ser “expertos” en la Psicología Clínica es cometiendo errores y aprendiendo de ellos día a día.

Queremos dedicar este artículo a todos aquellos psicólogos que están pensando en empezar a ejercer como terapeutas por primera vez, a todos ellos esperamos haber animado.

Belén Sanchez-Laguía Pérez

Silvia Villares Moreno

Master Promoción 96/98

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