Desde mi corta experiencia como terapeutahe observadouna conducta en los clientes, muy común en la consulta, que no correspondía a la explicación que normalmente le he dado. La conducta: llanto, asociada a emociones positivas (alegría) y negativas (rabia). Todo esto como resultado de que el psicólogo les explicara el origen y mantenimiento de su problema (hipótesis), descubriendo de este modo que no estaban ni enfermos ni locos. A partir de ese momento la terapia funciona realmente bien. Son clientes que llevaban mucho tiempo esperando que algún profesional les hiciera trabajar duramente para solucionar su problema emocional.

Cuando evalúas los tratamientos anteriores, tus habilidades como terapeuta tienen que estar en plena forma porque las barbaridades que puedes oír son de distinta índole. Ejemplos de éstas pueden ser la aplicación de detención de pensamiento o resolución de problemas -en una sesión todo!-, en un trastorno obsesivo-compulsivo, qué pasada!!. Es muy normal que el cliente te pregunte por qué no le habían dado antes esa explicación tan lógica, por qué han estado cinco años medicándose, por qué le dijeron que estaba enfermo, por qué… Nuevamente habilidades del terapeuta, sobretodo habilidades de autocontrol emocional. Asertivamente solucionas el problema y centras al cliente en la importancia de estar en el momentoen el que está: empezando a resolver su problema.

En estas ocasiones recuerdas el corporativismo que existe entre la clase médica, pase lo que pase, o mejor dicho, hagan lo que hagan, y deseas que tu profesión goce del prestigio que merece y pueda crearse ese ambiente de “colegas” como el que impera en la medicina y otras profesiones. Yo personalmente me lo tomo muy en serio, y creo que tod@s l@s compañer@s que están leyendo este artículo también, pero hay muchos “profesionales” y medios de comunicación -no voy a mencionar ninguno, pero seguro que tendréis alguno en mente – que insisten en retrasar el momento en que nuestra profesión alcance el nombre que merece. Todo esto nos debería motivar a seguir trabajando como nos han enseñado y, claro está, nos tocará “coser muchos descosidos”.

Considero que somos profesionales privilegiados porque contamos con una multitud de recursos y conocimientos que otros profesionales carecen de ellos. Estamos cualificados para trabajar en diversos y diferentes contextos, siempre que actuemos con el método de trabajo que nos han enseñado: investigar, formarnos técnica y científicamente, evaluar, en primer lugar, y, siendo consecuentes con todo esto, proceder de una forma pragmática, lógica y eficaz. Los resultados son altamente gratificantes.

Quiero compartir con vosotr@s un proyecto que tengo en marcha y creo que resultaría muy positivo en nuestro trabajo. Consiste en realizar actividades (p.e. charlas) que difundan la función del psicólogo, en qué consiste la terapia, qué son los problemas emocionales.., es decir, la información general que nos gustaría que imperase en la calle y que diese una imagen diferente y real de los psicólogos como profesionales.

Por último, para darle sentido al título del artículo, confesaros que hace unos quince años -tenía sólo once- yo dije: ¡Mamá quiero ser psicóloga! Para mí es un sueño cumplido.

Una última reflexión. La carrera te da el nombre pero la profesionalidad sólo se consigue creyendo en lo que haces y trabajando duramente cada día.

¡Vale la pena!

Sara Calzado Lucas. Promoción 14

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