Un aspecto innegable es que los humanos, comparado con los demás seres vivos, poseemos una gran superioridad en nuestra función cognitiva. Como sabemos, somos seres racionales, sin embargo, podemos llegar a ser muy irracionales, lo cual resulta totalmente paradójico.

Hace unos años, como muchos de mis compañeros, aprendimos el Modelo A-B-C de Albert Ellis, el cual basó su trabajo en la convicción de que buena parte de los problemas psicológicos se deben a patrones de pensamientos irracionales. Recordemos que Ellis postulaba que, las situaciones o acontecimientos (A) y la interpretación de éstas (B) provoca unas consecuencias emocionales y conductuales (C). Tuvo que llegar Ellis en 1962 para que nos diéramos cuenta de la importancia que tienen los pensamientos en cómo nos sentimos y en cómo nos comportamos, bien sea en beneficio nuestro o para perjudicarnos emocionalmente.

Por tanto y lógicamente, si las interpretaciones que se realizan sobre los hechos observados o sobre las situaciones que ocurren diariamente son irracionales, las emociones y el comportamiento serán totalmente perjudiciales y dañinos, llegando a provocar problemas emocionales.

Hasta ahí, estamos todos de acuerdo. Sin embargo, el objetivo de este artículo no es resaltar únicamente que el sólo hecho de interpretar erróneamente una situación nos pueda hacer sentir mal o actuar destructivamente, sino que, dichas interpretaciones o pensamientos negativos pueden hacer cambiar totalmente la vida de una persona hasta el punto de llegar a arruinarla.

Desde que comencé mi andadura profesional hace algo más de un año, día a día y con cada nuevo cliente, soy cada vez más consciente del imprescindible papel que juegan los pensamientos en nuestras vidas y en la de nuestros clientes.

Este es un hecho que muchos de nosotros hemos descubierto. Sin embargo, desde mi experiencia profesional, hasta que no lo he visto trasladado en personas reales, en personas que están delante mía y buscan mi ayuda, no he tomado conciencia plena de cómo puede cambiar la vida de estas personas si cambian los pensamientos irracionales por unos más saludables o por lo menos disminuyen su credibilidad, pudiendo llegar a tener una vida más plena y satisfactoria. Claro está, sin desmerecer el papel que juega la conducta en los problemas psicológicos.

Haciendo balance y reflexionando sobre algunos de los casos que he tenido el placer de poder trabajar durante este tiempo corroboro aún más la importancia que tienen los pensamientos en nuestras vidas, en sentirnos bien y actuar adecuadamente. ¿Qué cómo puede cambiar la vida de una persona cambiando los pensamientos?

Imaginaos a una persona que desde hace tiempo cree que no sirve para nada, que su vida ha sido un desastre, que es un fracaso, que nunca ha conseguido lo que se había propuesto y que por tanto, esta situación será siempre así y no podrá cambiarla. Ahora pensad que esta persona tiene todos estos pensamientos catastróficos debido a que se había dejado sus estudios de música por actuar mal en varios conciertos cuando siempre lo había hecho de forma excelente.

Dichos pensamientos catastróficos, utilizando terapia cognitiva, pasan a ser pensamientos racionales y más adaptativos. Después de realizar discusión cognitiva la persona cree que el hecho de hacerlo mal en varios conciertos no significa ser un fracaso, simplemente que ha cometido un error: no practicar y estudiar lo suficiente. Cree que casi siempre ha conseguido lo que se había propuesto y que el hecho de cometer esos errores en los conciertos significa que tiene obstáculos por superar. Y por supuesto, sabe que sirve para muchas cosas y que incluso, en algunos aspectos tiene muy buena capacidad. ¿Cómo habrá cambiado la vida de esta persona?

Gracias a haber cambiado dichos pensamientos, decide volver a retomar los estudios de música con mucha más motivación y con un plan de estudios y de práctica programada. Además, cree que si volviera a cometer un error significaría que tendría que esforzarse mucho más. Tiene una vida más plena y por tanto, más satisfactoria.

Otro ejemplo que demuestra cómo unos pensamientos más racionales pueden cambiar nuestras vidas es el siguiente. Imaginaos a una mujer de 50 años, soltera y que hace poco tiempo que dejó su última relación. Piensa que nunca va a encontrar a nadie con quien ser feliz, que se va a quedar sola, que su vida sentimental ha sido un fracaso y que siempre le ocurrirá lo mismo con todas las parejas que pueda tener en el futuro. Cada vez está más deprimida y se siente más fracasada.

Después de realizar terapia cognitiva dichos pensamientos pasan a ser más racionales y saludables. Cree que ha sido feliz con las personas con las que ha salido y lo ha pasado bien, que ha cometido errores en el pasado en cuanto a sus parejas pero que eso significa que tiene que aprender de ellos para no volver a repetirlos en el futuro y que por supuesto, muchas de sus relaciones anteriores no terminaron por culpa suya, sino que los dos eran responsables de la ruptura. Piensa que en el caso de que se quedara sola no sería horrible, sino que tendría mucho tiempo libre para disfrutar de su vida y de sí misma. ¿Cómo habrá cambiado su vida?

Lógicamente con su nueva manera de pensar está feliz, cuida mucho de sí misma y mira más por ella. Tiene una nueva pareja en la cual ha encontrado todo lo que buscaba, no tiene prisa y desea hacer las cosas poco a poco. Y por último, piensa que si la relación no funcionara no pasaría nada, habría disfrutado del tiempo que han estado juntos y seguiría con su vida.

Estos son sólo dos ejemplos de cómo los pensamientos influyen en nuestras emociones y en nuestro comportamiento, pero no sólo en eso, sino también en las decisiones que tomamos a lo largo del tiempo y cómo éstas influyen enormemente en el camino que elijamos para dirigir nuestra vida. Nosotros construimos gran parte de nuestro futuro. Es básico que tengamos presente estas premisas, no sólo para ayudar a nuestros clientes, sino también a nivel personal, ya que si nosotros no estamos bien no podremos ayudar a los demás.

En una sociedad rápida y cambiante, no tenemos tiempo a pararnos a pensar, aunque realmente nuestro cerebro no para de funcionar nunca. Estamos todo el tiempo pensando y la mayoría de veces no nos detenemos a atender a nuestros pensamientos. Parar, atender, reflexionar y racionalizar nuestros pensamientos puede hacer cambiar nuestra vida en muchas ocasiones y para mejor.

Y para terminar, únicamente me gustaría agradecer al Centro de Terapia de Conducta todo lo que me han enseñado y me han apoyado desde que comencé mi carrera profesional. Gracias a ellos soy quien soy profesional y personalmente.

“Una persona usualmente se convierte en aquello que cree que es. Si yo sigo diciéndome a mí mismo que no puedo hacer algo, es posible que yo termine siendo incapaz de hacerlo. Por el contrario, si yo tengo la creencia de que sí puedo hacerlo, con seguridad yo adquiriré la capacidad de realizarlo aunque no la haya tenido al principio” (Gandhi)

Mª PILAR FERRÉ RIBERA

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