En el pasado mes de septiembre, presentamos un compañero y yo un programa formativo al COP Valencia titulado “Intervención Especializada en tercera edad”.

El curso, fue aprobado y a mí, me correspondió el desarrollo del módulo titulado “Principales teorías de intervención en la tercera edad”. En dicha estructura uno de los puntos a tratar era la diferencia entre “envejecimiento normal” y “patológico”.

En lo referente a la normalidad siempre nos basamos en aspectos normativos de envejecimiento como pueden ser la ausencia de enfermedades crónicas graves, nivel de autonomía, nivel cognitivo, etc. Con respecto al llamado “envejecimiento patológico”, nos basamos sobre todo en los trastornos emocionales ya que las demencias englobaban un tema aparte y mucho más específico. Este abordaje se basó en la explicación (de forma muy superficial) de la terapia Cognitiva-Conductual, recalcando sobre todo el trabajo psicológico de este último, ya que el abordaje cognitivo en la tercera edad (y mas a nivel residencial) es mucho más complicado (aunque no imposible, puesto que depende de variables intraindividuales como: nivel cultural, proceso de envejecimiento saludable, etc.).

En dicho apartado recalqué sobre todo la importancia de la utilización del Análisis Funcional en la evolución en general y en los distintos trastornos emocionales en particular, haciendo especial hincapié en los procesos depresivos en la Tercera Edad (por su importancia y por la imposibilidad temporal), ya que desde mi punto de vista no se utiliza muy a menudo esta herramienta tan útil en la evaluación y posterior tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos emocionales en la tercera edad.

Esta evaluación funcional de la conducta (no obviando en ningún momento la evaluación generalista que se aplica mediante test u otros instrumentos que se pasan para evaluar el nivel cognitivo, atencional, posibles demencias, etc.), esfundamental para una buena adecuación del anciano al paso o transición de un hogar “independiente” o autónomo a un hogar “supervisado” como puede ser una residencia, CEAMs (Centros especializados de atención a mayores), viviendas tuteladas, Centros de Día, etc.

En mi opinión, en la evolución de la conducta en general, se debería tener en cuenta (o al menos no olvidarlo) un correcto Análisis Funcional a la hora de analizar por ejemplo, las rupturas de las cadenas conductuales, reforzadores, motivos, etc. de una vida autónoma a una vida más supervisada y más controlada que supone un centro especializado en tercera edad.

Todos estos aspectos y otros muchos se vieron en el curso presentado en el COP Valencia y como conclusión, me gustaría recalcar que en las intervenciones a nivel psicológico en tercera edad, se debe mantener una estructura de evaluación basada en las distintas herramientas existentes en el mercado, pero sin desaprovechar una de las principales que poseemos que es el Análisis Funcional y animaros a todos a la actuación del psicólogo/a como formador/a.

David Bisetto Pons. Master Promoción: 13ª

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