Durante el verano pasado hubo un aumento de chicos/as que ingresaron en el Centro de Reeducación la Colonia San Vicente Ferrer con una medida judicial por maltratar a sus padres. En respuesta a esta demanda se inició un programa de intervención que es el que se desscribe en este artículo y que actualmente está en marcha.

 

Los padres que participan en el programa son padres que pertenecen a una clase social media y media-alta, el 75% de los padres conviven juntos, en un caso los padres se habían separado por malos tratos. La edad de los menores era de catorce y quince años de ambos sexos. Todos los chicos/as habían utilizado el maltrato físico (patadas, tortas, puñetazos, empujones, mordiscos,…) y también habían utilizado violencia psicológica (insultos, amenazas y humillaciones).

 

Para realizar la evaluación se realizan varias entrevistas con los/as adolescentes, dos entrevistas con los padres y una sesión en la que observábamos la comunicación padres-hijos/as.

 

Durante la evaluación observamos que el comportamiento en los/as hijos/as se mantenía por refuerzo positivo externo, de manera que con sus comportamientos agresivos los/as adolescentes conseguían lo que querían: ropa, dinero y privilegios. En algunos casos hasta se les daba dinero por que no “la montaran”. Ante una negativa el adolescente se pone muy agresivos/as hasta que consigue salirse con la suya. Por otro lado, en los padres se mantiene el comportamiento de ceder ante las amenazas por el alivio que experiementan cuando la conducta agresiva cesa. En varios casos se observan problemas sociales que generan en los/as adolescentes sentimientos de rabia, fracaso, frustración y no aceptación. En alguna ocasión estas situaciones problema funcionan como estímulos de las cadenas funcionales de la agresión.

 

Para realizar la intervención necesitábamos una medida de internamiento que durara entre nueve meses y un año. Al principio no disfrutaban de permisos de salida y estos van siendo graduales, desde dos horas con los padres hasta todo el fin de semana en casa y finalmente siempre en casa cuando finaliza la medida de internamiento.

La intervención tenía la siguiente estructura:

 

  • Adolescentes individualmente
  • Grupos/a de chicos/as (cada uno dentro de su grupo educativo)
  • Padres solos
  • Grupo de padres
  • Familia

 

Con los/as chicos/as individualmente se trabajaba la resolución de problemas, estableciendo claramente las consecuencias, tanto positivas como negativas y a corto/largo plazo, de su comportamiento; y se les anima para que den alternativas a ese comportamiento, valorando a su vez las consecuencias. Por otro lado, cuando empiezan a salir se van trabajando los problemas concretos que se van presentando en casa y cuál ha sido su parte de responsabilidad; así como alternativas de solución para la siguiente vez que ocurra algo similar. Si la capacidad cognitiva del adolescente nos lo permite trabajamos algunas distorsiones cognitivas como “toda la culpa de lo que me pasa es de ellos”, “sólo tengo que hacer lo que me apetece”, “tienen la obligación de darme dinero”, etc.

 

El grupo de chicos/as se utiliza principalmente para trabajar habilidades sociales. Además se trabajan otros contenidos propios de la dinámica del centro.

 

Con los padres solos se intenta cambiar muchas de las distorsiones cognitivas que presentan respecto a la educación y los problemas de conducta. Por ejemplo, algunos padres pensaban que lo que les ocurre a sus hijos es genético, viéndose poco protagonistas y responsables de los procesos de aprendizaje de los/as chicos/as. Aparecía también la idea de la agresividad como “defecto” en su personalidad y que no se podía cambiar; o que desde pequeños ellos podían decidir qué hacer con su vida, la idea del hombre bueno por naturaleza; y por otro lado el perfeccionismo y las enormes exigencias de los padres que hacían que sus hijos se frustraran porque nunca, y digo nunca, llegaban a la meta que sus padres tenían para ellos. Cuando los/as chicos/as empiezan a salir de permiso, antes de juntar a la familia se les pregunta qué tal ha ido la salida, qué cosas fueron bien y qué cosas les gustaría que mejoraran, resaltando su responsabilidad en que las cosas funcionen. Se les ayuda buscar alternativas a los problemas para que elijan la que más les conviene.

 

En el grupo de padres los objetivos que se persiguen son: entender qué es un problema de conducta -resaltando que es aprendido y no genético-, por qué se mantienen los problemas de conducta, conocer las características típicas de los/as adolescentes diferenciando algo normal de algo problemático, saber definir los comportamientos que se quieren cambiar (a menudo se tiende a etiquetar y globalizar sin dejar claro qué queremos cambiar), aprender estrategias para aumentar y disminuir los comportamientos de nuestros hijos, aprender a reforzar, entender qué son pautas de crianza, establecer normas adecuadas para el comportamiento y la edad, distinguiendo entre obligatorias y deseables, aprender a aplicar consecuencias al incumplimiento de las normas, aprender a hacer críticas y decir que no -principalmente-, saber negociar y elaborar contratos con sus hijos/as y finalmente, como responder ante un episodio agresivo por parte sus hijos/as.

 

En el grupo de padres llevan tareas de un semana para otra y se utiliza bibliografía, vídeos y role-playing, principalmente.

 

Con la familia completa se trabajó sobre todo que llegaran a acuerdos respecto a las normas que tenía que cumplir en casa y las consecuencias del incumplimiento. A los/as adolescentes se les animaba a hacer a sus padres críticas honestas respecto a su comportamiento y viceversa. A los padres se les pedía que respondieran a las críticas de manera asertiva, respetando las opiniones de sus hijos/as.

 

Este programa se está llevando a cabo actualmente y es pronto para sacar conclusiones, aunque en general los padres se ven más confiados y con herramientas y apoyos para hacer frente a la agresividad de sus hijos/as con ellos; es fácil que sus hijos/as tengan comportamientos agresivos, llevan mucho tiempo haciéndolo y les ha funcionado, ellos tienen que aprender a manejarlos de otra manera, siendo claros en las normas y diciéndoles lo maravillosos que son cuando hacen las cosas bien.

Josefa Sanchez. Promoción 10ª

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