Centro de Terapia de Conducta, Psicólogos

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REFLEXIONES SOBRE EL TRABAJO CON ADOLESCENTES EN SITUACION DE RIESGO

REFLEXIONES SOBRE EL TRABAJO CON ADOLESCENTES EN SITUACION DE RIESGO

Mª José Ridaura Costa. Promoción 15ª

 

He acudido a varias formaciones en las que se insiste sobre el perfil de el/la menor en riesgo y en todas ellas he comprobado que cuando se pregunta a los/as asistentes por esto, se enumera una gran lista de los aspectos más negativos como; desestruccturación familiar, ausencia de modelos positivos, absentismo escolar, bajos recursos económicos, agresividad verbal y física, falta de HHSS, consumo de drogas, conductas predelictivas o delictivas, poca adhesión a las normas, baja tolerancia a la frustración, incapacidad para demorar la frustración, etc. Y en pocas ocasiones se destacan aspectos positivos de estos/as chavales/asPero un/a menor en riesgo es una persona y por tanto, también tienen aspectos positivos que no hay que perder de vista en el trabajo con ellos/as, ya que son aspectos a potenciar y que nos pueden ayudar a empatizar con ellos/as y motivarnos para el trabajo.

 

Desde hace años estoy trabajando en este campo, empecé en un Centro de Reforma y en la actualidad estoy en un Centro de Día en Nazaret y fruto de todos estos años me surgen reflexiones a cerca del trabajo con ellos/as que me gustaría compartir con vosotros/as.

 

¿Porqué esperar a que se delinca para intervenir? ¿Porqué esperar a que las conductas delictivas estén arraigadas en el repertorio conductual de los/as chavales/as para intervenir, cuando esta comprobado que los pronósticos de cambio y de una adecuada reinserción social son poco satisfactorios?; ¿Porqué no en lugar de poner énfasis en el castigo dirigimos nuestros esfuerzos a la prevención, ya que se ha demostrado, mediante estudios longitudinales, que los programas en este campo funcionan?

 

En muchos de los casos no parece difícil poder anticipar cómo será la vida de estos/as chavales/as; estarán un tiempo delinquiendo “con éxito” hasta que serán “pillados/as” e internados en un centro de menores donde pasarán un tiempo intitucionalizados/as y después volverán a su barrio, con sus famílias, con sus recursos y con sus amigos/as de siempre.

 

A partir de aquí podrán “elegir” entre todo lo aprendido en el Centro (otras maneras de comportarse y de relacionarse a las que existían antes en su repertorio) o poco a poco volver al punto en el que se quedaron antes de ingresar en el centro y correr el riesgo de que la cadena se vuelva a iniciar.

 

Es muy difícil tener las cosas tan claras como para aplicar todo lo aprendido, cuando en el periodo adolescente la presión de grupo es tan importante y cuando los modelos con los que han crecido estos/as chavales/as y con los que se encuentran al salir del centro, son tan poco prosociales.

 

Este es uno de los motivos que me lleva a hacer una apuesta importante por la prevención, por el trabajo con estos/as chavales/as en su propio contexto, en sus barrios, con sus amigos/as, teniendo relaciones con sus famílias y respetandoy acompañando sus procesos.

 

En este trabajo preventivo para mi ha sido fundamental trabajar desde el Modelo Cognitivo-Conductual, porque no sólo me ha ayudado a dar calidad a mi trabajo sino queme ha hecho cuestionar ciertos aspectos de la prevención/intervención que se realiza con ellos/as.

Una de las limitaciones, del trabajo con adolescentes en estos centros, son los/as propios/as educadores/as. Cuando intervenimos con adolescentes en la clínica privada, es más fácil el control devariables como la sistematización en la aplicación de los métodos para aumentar o disminuir conductas, y en el cuidado de variables más emocionales; en cambio, el trabajo con menores que están en centros es más complicado, son más personas interaccionando con los/as chavales/as, cada unos/a con su estilo, con sus conocimientos y también con sus limitaciones.

 

En ocasiones te encuentras con educadores/as que perjudican el proceso de trabajo que se lleva con un/a adolescente (o incluso el trabajo de un grupo entero), pues son educadores/as que cometen fallos en la aplicación de castigos y refuerzos, son educadores/as con pocas HHSS,que no hacen críticas honestas, que sus peticiones suenan a exigencias…

 

Pienso que hay que hacer una apuesta importante por entrenara todos/as aquellos/as educadores/as que tengan contacto con los/as chavales/as de un mismo centro, ofreciendo formaciones de calidad, y que se sitúen en un mismo modelo teórico para ser coherentes y consistentes en la educación y en los modelos que ofrecen.

 

Sobre la aplicación de los refuerzos diría que en muchas ocasiones no se tienen en cuenta que los reforzadores han de ser personalizados y han de hacer referencia a los gustos y preferencias de el/la chaval/a a quien se van a aplicar.

Muchas veces el refuerzo se aplica en función de lo que los/as educadores/as piensan que es agradable en general o de lo que sería agradable para ellos/as mismos/as, y el reforzador pierde eficacia o incluso se llega a convertir en castigo. Por ejemplo, porqué se tiene que decidir que el premio a un buen comportamiento sea reforzar explícitamente delante del grupo ¿Alguien le ha preguntado a esos/a chaval/a si eso era lo que prefería?¿podríamos pensar que hubiese preferido que le hubiésemos hecho un cumplido a solas y no delante de sus compañeros/as para no sentirse avergonzados/a o preocupados/a por la imagen que eso pudiese dar de él/ella?

Creo que hay que invertir energías y reservar espacios destinados a la observación y a quelos/as adolescentes se expresen (tanto en grupo como individualmente) para conocerlos/as y obtener información sobre sus motivaciones, sus inquietudes, sus gustos y preferencias…y trabajar usando esta información.

 

Otro problema en la aplicación de los refuerzos reside, bajo mi punto de vista, en utilizar poco el refuerzo. Generalmente, cuando trabajamos en grupo con este perfil de adolescentes, nos centramos más en corregir las conductas inadecuadas que en reforzarlas conductas correctas. Esto hace por un lado, que aquellos/as adolescentes más pasivos reciban mucha menos atención y mucho menos refuerzo que aquellos/as que tienen un estilo de comportamiento más agresivo, y por otro, que hagamos un mal uso del refuerzo;si reforzásemos más aplicaríamos menos castigos.

 

Quiero hacer hincapié también en la aplicación de los castigos que, basándome en mi experiencia, considero que se utilizan demasiado y en muchos de los casos se aplican mal. Cuando se aplican castigos muchas veces no se tiene en cuenta que exista en el repertorio conductual de el/la chaval/a conducta alternativa, y si existe no se refuerza.

Pienso que cuando aplicamos un castigo, tenemos que tener claro qué se está castigando y no permitir que intervengan ciertos prejuicios que nos hagan castigar una conducta que no es fruto de un mal aprendizaje sino de la cultura de esos/a chicos/a.

 

De la misma forma que un refuerzo se puede convertir en castigo (si, como comentaba anteriormente, no tenemos en cuenta las diferencias, características, gustos y preferencias individuales), un castigo se puede convertir en refuerzo. Por ejemplo, si en un centro cerrado decidimos que ante una falta grave el castigo es un día encerrado en la habitación, puede pasar que un/a chaval/a salga de la habitación muy reforzado por demostrar que estuvo un día en la habitación pero que fue porque agredió a un/a educador/a.

La experiencia me ha demostrado que la relación con las familias de estos/as adolescentes es difícil, pero que es importante que se busque y que se cuide, en la medida de lo posible.

Generalmente cuando un/a adolescente llega a terapia sus padres están implicados en esta decisión y vienen motivados por resolver el problema de su hijos/a. En Terapia se entrena a las dos partes y esto facilita el trabajo.

Pero cuando se trabaja con chavales/as de estos centros nos encontramos con algunas dificultades;el medio familiar es fuente de modelos agresivos y de refuerzo de los mismos, los/as chavales/as viven continuos conflictos familiares en los que se potencian los intercambios agresivos entre padres e hijos, donde el comportamiento de los padres está lleno de incongruencias, donde se combinan disciplinas relajadas y poco exigentes con actitudes hostiles…Esto provoca incoherencias entre los modelos que ofrecemos y los que se ofrecen en casa, resistencia de muchos padres para acudir al centro, refuerzo de los padres de conductas inadecuadas que realizanlos/as hijos/as en el centro…Todas estas variables dificultan el trabajo con los/as adolescentes y el proceso degeneralización de lo aprendido en el centro.

Hay que acercarse a las familias de forma no intrusiva, hay que empatizar con ellas, respetando sus formas y su estilo, pero hablándoles siempre claro y ofreciendo, a ellas también, formas alternativas de comportarse con los/as demás y con sus hijos/as.

 

Por último señalar que no hay que descuidar, en el trabajo con ellos/as, tanto al grupo de iguales como los factores cognitivos y sociales.

En la adolescencia la presión de grupo, la búsqueda de rol, la deseabilidad social, y la identificación con el grupo juegan un papel muy importante. Hay que hacer una apuesta por trabajar en el contexto de el/la menor, en su barrio, conociendo a sus iguales e incluso facilitando espacios de encuentro y acogida donde se pueda trabajar con grupos naturales.

Tenemos que conocer su cultura y respetarla, tenemos que partir de la base de que tienen estilos personales diferentes que harán que nuestro trabajo con ellos/as y nuestras interacciones, sean también diferentes.

 

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