RECUERDO DE ALBERT ELLIS ...
Me uní a cientos de otros colegas, amigos, familiares y clientes del Dr. Albert Ellis en su misa funeral el 28 de septiembre de 2007. El día después del que habría sido su 94 cumpleaños.
Conocí a Al por primera vez en mayo de 1989. Fui invitado por uno de los psicólogos de su equipo a solicitar una beca postdoctoral de dos años en el Instituto. Como parte del proceso de selección fui entrevistado conjuntamente por el Dr. Ray DiGiuseppe, la Dra. Janet Wolfe y Ellis. Al quería saber que entendía de sus teorías. Sentí que se impacientaba con mis respuestas. Preguntaba de nuevo tan pronto como había acabado de contestar. Estoy seguro de que la entrevista duró menos tiempo del que a mí me pareció. Esa semana recibí una carta de Ray comunicándome que todos ellos (el voto había sido unánime) querían que entrase en el Instituto. En esos momentos Al cobraba 50 dólares por 30 minutos de terapia. Todos sus ingresos yparte de los derechos de autor eran para el instituto a cambio de comida y un ático en el edificio al que siempre subía andando. Durante el servicio funerario la palabra traición fue usada por varios oradores distinguidos.
En esa primera semana me uní a una docena de otros compañeros de postdoctorado e internos, recibí ocho clientes y supervisión semanal en pequeños grupos por parte de Al y sesiones grupales los martes por la tarde con un colega de Al junto con otro interno. Este era uno de los cinco grupos de sesiones de terapia que llevaba cada semana. Me sentaba a su izquierda y me aseguraba de hablar alta y claramente. Mantuvimos ese sistema durante dos años. Me acuerdo especialmente de la reacción de una mujer de mediana edad, a quien Al consideraba una “esnob encantadora”, que demandaba la constante aprobación de Al. Cuando Al le dijo que debía afilarse la punta de la lengua para poder alcanzar las mierditassecas en las grietas de su ano, dio un salto en la silla como si la hubiese alcanzado un rayo. Ella continuó viniendo todas las semanas.
Aunque no era oficialmente parte del programa de entrenamiento, el humor sin ninguna duda estaba presente en todas las sesiones de terapia. La terapia parecía ser más efectiva si se podía enseñar a los pacientes a reírse de sus problemas. En las fiestas de graduación y en vacaciones siempre cantábamos canciones divertidas. Al tomaba prestadas melodías que todo el mundo conocía y escribía nuevas y divertidas letras sobre trastornos de conducta y la aplicación de la teoría TREC. Su repertorio incluía más de doscientas canciones. Un interno de ese momento, ahora Dr. Nando Pelusa, imitaba de forma hilarante y casi perfecta las conductas más relevantes de Al, especialmente sus talleres del sábado noche, en las que Al les daba la bienvenida anunciando que estaba ahí para “curar instantáneamente a todos los jodidos tocapelotas de Nueva York”.
Cuando Al se enfadaba, no era un proceso gradual, sino que explotaba con fuerza como un volcán en erupción. Por fortuna no sufría por los necios sino que no toleraba los retrasos. Si teníamos una sesión de supervisión con él a las dos, todos los internos y compañeros estaban sentados a menos cinco. Al entraba tres minutos más tarde y se sentaba. A todo el mundo se le advertía en su primer día en el Instituto sobre la puntualidad, ya que llegar tarde podría significar la expulsión. Una tarde varios de nosotros llegamos al Instituto con un horario equivocado. Entré a la supervisión de Ellis diez minutos tardes y todos los internos y compañeros me miraron fijamente. Me senté, esperando la explosión. La sesión continuó hasta que otro compañero entró cinco minutos después que yo. La explosión le pilló a él en toda su potencia. A Al o se le pasaba el enfado o más tarde te lo recordaba.
Es interesante cuantas cosas de mi vida aún siguen influenciadas por este maestro. Claramente mi forma de hacer terapia es diferente. Resulta muy efectiva en el counseling a corto plazo que hago en la Facultad. Doy clases de un curso de orientación para nuevos estudiantes, construido alrededor del concepto básico de participar en cambios paradigmáticos, un derivado de la TREC. Lo aplico todos los días para mejorar mi calidad de vida. Lo apliqué cuando mi hijo era pequeño y se asustaba y pedía que ciertas cosas no ocurriesen el futuro. Ahora tiene 22 años y utiliza algunas cosas que ha aprendido de mi durante estos años para ayudar a amigos que atraviesan dificultades. Lo tenía en profunda estima. Lo echaré de menos y celebraré la suerte de haber aprendido y reído con él.
Fernando Alvarez
Dr. en Psicología
Hostos Collage
University of New York
City at the Bronx
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