“Cada minuto, alguien en el mundo consume paroxetina sin sentido”.

Lo triste es que se ha convertido en algo normalizado, cotidiano. Ojalá ese eslogan ficticio rematara la faena con “aprende a vivir sin ella, te sentirás mejor”

Esta introducción me sirve de excusa para tratar, no sólo un estudio de caso, sino dos. Con estos casos he aprendido a valorar (más todavía) la más básica de las psicoterapias: la  psicoeducación.

Presentación de los casos

Acude a consulta Jaime de 50 años. Motivo de consulta: Nos comenta que tiene una sintomatología fuerte de ansiedad con temor a futuros ataques de pánico.

El cliente está tomando paroxetina en el momento de acudir a consulta. Además, nos comenta que en la sala de espera se encuentra su hija que también está citada por un problema similar.

Acude a consulta Lorena de 22 años. Motivo de consulta: Miedo a futuros ataques de pánico, pero sólo aquellos que desencadenen respuesta fisiológica de vómito. Haciendo hincapié en que no tiene miedo a vomitar de forma descontextualizada, sólo en el contexto de ataque de pánico.

No debería extrañar al lector el hecho de que Lorena también lleva tomando paroxetina durante 2 años, con mejorías leves pero fuertes recaídas.

Como comentario debo añadir que los dos vienen derivados de su psiquiatra con un supuesto diagnóstico de ansiedad generalizada. Los clientes se muestran reticentes a depender de la medicación durante tanto tiempo.

No quiero profundizar demasiado en los factores que influyen en este caso tan particular, pero sí hacer una pequeña mención:Genética, ambiente, aprendizaje por observación…

Como observadores de la conducta no podemos dejar de lado que Lorena tenía probabilidades más que suficientes para “heredar” el trastorno.

Análisis funcional

Jaime
Organismo: Persona inteligente con un nivel alto de preocupación por la salud. Utiliza tecnicismos médicos para referirse a la respuesta fisiológica (por ejemplo: “extrasístole”)

Estímulos externos: Situaciones ansiógenas, situaciones nuevas, antes de las reuniones, antes de ir a trabajar.

Estímulos internos: Molestias fisiológicas, pinchazos en el corazón, pinchazo en zona del apéndice, palpitaciones, opresión en el pecho.

Resp. Cognitiva: “Habrá una encerrona”, “Pareceré tonto”, “Voy al baño por si me da”, “Me va a dar un ataque”, “Me lo voy a hacer encima”, “¿Será un infarto?”, “Algo no va bien”.

Resp. Fisiológica: Palpitaciones, taquicardia, molestias en el estómago, diarrea…

Resp. Motora: Reaseguración, comprobación de la tensión y la tasa cardíaca, usar técnica para comprobar si el apéndice está inflamado, ir al baño, distracción, llevar pastillas, relajación.

Consecuencia:
Refuerzo negativo interno: se corta el ataque de pánico.
Refuerzo negativo externo: reaseguración de médicos.

Diagnóstico: Trastorno de pánico/agorafobia.
Lorena

Organismo:

Estímulos externos: Situaciones ansiógenas, situaciones nuevas, en las que haya una pobre ejecución y se pueda sentir juzgada, salir de fiesta, actos oficiales, estar con personas con las que no haya confianza.

Estímulos internos: Estar más nerviosa de lo normal, estado de ánimo previo, discusión con novio, cansancio.

Resp. Cognitiva: “Me va a dar”, “Ya estoy otra vez”, “Me tendré que ir”, “Tendré que dar explicaciones”, “Estoy desesperada”.

Resp. Fisiológica: Calor, nudo en el estómago, náuseas.

Resp. Motora: Distracción, cambiar de tema, mirar el móvil, llevar la pastilla, escape de la situación, evitar situaciones.

Consecuencia: Refuerzo negativo interno: se corta el ataque de pánico.

Diagnóstico: Trastorno de pánico/agorafobia.

Con los dos clientes se sigue el mismo procedimiento:

– Evaluación
– Explicación de la hipótesis
– Tratamiento.

 

Después de la parte más técnica, me gustaría hacer hincapié en la explicación de la hipótesis. En estos casos debemos aprovechar la situación.

Tenemos a padre e hija con un problema similar, para ello se les manda trabajar conjuntamente, contarse la hipótesis y resolverse dudas mutuamente. En definitiva, aprovechar esa función doble de cliente/co-terapeuta que les servirá para ayudar a su familiar al mismo tiempo que avanzan y se animan entre ellos.

Es cuando empieza la psicoeducación (esa suerte de terapia cognitiva sin calorías)  cuando se observan auténticas fisuras en el problema. Basta una buena explicación del mecanismo de ansiedad (resolviendo dudas) para marcar la diferencia.

Sin plantear siquiera terapia cognitiva o una jerarquía de exposición, los clientes empezaron a exponerse sin mucho problema a las situaciones cotidianas. No obstante, mi consejo es que no nos dejemos llevar por el entusiasmo y que se ate todo bien atado.

En la semana en la que escribo este artículo, los dos clientes tienen cita con el psiquiatra para dejar la medicación. La misión: enfrentarse a sus miedos sin temor a que sea la medicación quien les ayuda. Es importante que achaquen ese logro a su esfuerzo y su valentía y no a la medicación.

Lecciones aprendidas:

-No subestimes el poder de una buena psicoeducación.

-Aprovecha situaciones especiales (acuden a terapia padre e hija).
-La medicación debe tomarse con sentido común y como profesionales debemos ser consecuentes.

-Desdramatizar y hacer buen uso del sentido del humor es fundamental.

Alberto Arévalo Vidal, Psicólogo en Som Teràpia

23 Promoción

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.Más información...

ACEPTAR
Aviso de cookies