Como bien sabemos el estado de ánimo es un continuo variable a lo largo de nuestro quehacer diario, donde nos movemos de forma dinámica en conjunción con nuestras experiencias cotidianas tanto presentes como pasadas.

Todos hemos padecido situaciones en las cuales nuestro estado de ánimo no se encontraba en el mejor momento, problemas familiares, profesionales, sociales e incluso más triviales o banales como una pequeña discusión, desilusiones, etc… donde nuestra predisposición y capacidad de afrontamientose ha visto alguna vez sensiblemente cuestionada debido a la fragilidad emocional, precipitándonos a un estado negativo de ansiedad que puede volverse preocupantesi no lo controlamos en ultima instancia.

La ansiedad respondente a este estado, no debe traducirse como negativa ni contraproducente en un primer momento, ya que este aumentode vigilia y actividad tanto mental como fisiológicanos capacitará para una mejor respuesta ante la supuesta amenaza, volviéndose en un segundo plano negativo dicha activación, cuando se excede en el tiempo o se extrapola a otras situaciones inicialmente neutras.

Pero ¿qué pasa cuando nos encontramos ante una situación potencialmente aversiva y estresante? como pueda ser una enfermedad severa, un cáncer, una operación de articulación o de cualquier otro tipo, que nos incapacitarátemporalmente, desmontando los proyectos e ilusiones a corto y medio plazo.

Son en estas situaciones cuando entran en juego todos los recursos personales de los cuales disponemos para el manejo de la ansiedad, así como el nivel de ánimo en el que nos encontramos, siendo este a priori, un buen predictor del éxito que esperamos obtener, donde unaactitud positiva puede ser media recuperación, viniendo a nuestras cabezas la siguiente pregunta ¿El ánimo cura?

Por consiguiente, también nos planteamos la cuestión de que si uno no se cura ni mantiene el animo, ¿se convierte en un doble fracaso? Por tanto ¿somos responsables en la recuperación de nuestra enfermedad?

Quimioterapia, rehabilitación… son procesos en los cuales, el aspecto de la motivación juega un papel importante, siendo lógicamente la calidad de vida mayor, cuanto mayor sea su capacidad de afrontamiento, aunque una cosa es el aspecto psicológico y otra, que este pueda curar.

Esto puede convertirse en un arma de doble filo ya que, según coinciden profesionales de diversas áreas, esta presión por mantener el tipo y resistir estoicamente, es una carga adicional que a veces pasa una factura elevada al paciente, convirtiéndose en un pequeño alivio cuando comprenden que es normal y “humano” que en un primer momento se derrumben, teniendo un derecho natural a deprimirse siendo por consiguiente de vital importancia, el tratamiento en algunos casos a mejorar su bienestar psicológico, mejorando en definitiva su calidad de vidatanto durante, como después de la enfermedad, quedando finalmente fuera de toda duda que pasado el primer momento de “duelo psicológico”, una visión de aceptación y actitud positiva frente a una adversidad del tipo que sea es superada con mayor facilidad. Así pues deberíamos hacer hincapié en el desarrollo de la capacidad de asimilación de estrés, mediante los mecanismos de control que aprendemos a lo largo de nuestra vida proporcionándonos estos, un mullido y confortable colchón emocional, para poder afrontar con éxito los desafíos de la vida.

Nacho Juste Cuenca. Master Promoción: 12

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