Iba todo muy lento pero de forma satisfactoria. En el año 1968 se creó en España la posibilidad de estudiar psicología. Al principio, éramos una sección,  junto con  pedagogía, de la licenciatura de filosofía.

En el año 1984 fuimos ya, por fin, licenciados en psicología. Costó 16 años que nuestra disciplina fuera autónoma. Era normal, no teníamos la tradición como ciencia que tenían otras especialidades. Yo fui uno de esos jóvenes estudiantes que ya pudieron recoger el primer título oficial de licenciado en psicología.

Unos años más tarde, en 1991, fuimos reconocidos como profesión sanitaria, y exentos de IVA!. Ese sí fue un gran avance. Nuestras autoridades, a través del correspondiente Ministerio, dieron a nuestra ciencia el estatus que siempre debió tener: profesión sanitaria. Exactamente igual a como sucedía en toda Europa, Estados Unidos y el resto del mundo civilizado. Gran cambio!. Recuerdo que en 1984, cuando fui a Hacienda para sacar mi primera Licencia Fiscal, así era como se llamaba en aquella época el trámite legal/fiscal para poder ejercer la profesión, el funcionario no sabía en qué apartado incluirme, y al final, decidió hacerlo en uno que incluía feriantes, y adivinadores!. De eso,  a ser profesión sanitaria. Si!

En 1998 se creó el PIR y por lo tanto la especialidad de Psicología Clínica. También parecía un buen cambio, avanzábamos y abrimos nuestras botellas de champagne para celebrarlo. Pero nos equivocamos.

Nuestro país, no importa qué gobierno, es experto en hacer chapuzas, y la hizo. Creó un programa de Formación sin tener la infraestructura humana-profesional adecuada. Si no había psicólogos clínicos oficialmente, ¿quién iba a formar a los aspirantes a ser psicólogos clínicos a través del PIR? ¿Contrató el Ministerio a lo más parecido que había en aquella época a psicólogos clínicos (profesionales con formación y experiencia)? Claro que no!. Usó lo que ya tenía. Poco. O casi nada. Copió al MIR. Y ésa es una de las tragedias de nuestra ciencia, usar a la medicina como modelo. Señores gobernantes, por favor, asesórense. La medicina y la psicología son dos disciplinas sanitarias, pero diferentes. Con puntos en común, pero diferentes.

Y a partir de ahí es fácil imaginar lo que ha sucedido. Hemos creado generaciones de psicólogos PIR de bata blanca. Profesionales tremendamente influidos por la medicina. Cuya práctica esta deformada por el modelo médico.

Pero aún es peor. También parece que muchos de ellos han aprendido el estilo de relación social que caracteriza a muchos médicos. ¿Qué os pasa chicos? ¿Cómo es posible que llegarais a pedir al ministerio que diferenciara a los psicólogos clínicos en dos grupos, PIR y no PIR? ¿Qué sucede? ¿ que estáis tan seguros de vuestra formación que pretendéis eliminar posibles competidores a base de recursos y demandas? Recuerdo, con profunda tristeza, y vergüenza ajena, que a principios del año 2000, el COP de la Comunidad Valenciana, recibió una petición firmada por un grupo de especialistas por el PIR, entre ellos varios exalumnos del Master, para que dejáramos de utilizar la expresión “Master en Psicología Clínica”. Qué pena!
Lo que hubiera tenido que ser un cambio positivo, se convirtió en un cambio dudable. Creamos una mutación de psicólogo/médico, aspirante a abogado, de dudosa formación profesional, y más dudosa aún ética de trabajo.

¿No sería mejor que toda esa energía que dedicáis a interponer recursos contra hermanos de profesión, la dedicarais a hacer bien vuestro trabajo? ¿Creéis que ver a vuestros clientes (perdón, pacientes!) en el sistema público, una vez al mes o cada tres meses, es hacer una buena práctica profesional? En esas reuniones que tenéis, ¿a alguien se le ha ocurrido la probabilidad de plantaros, y decirle al Ministerio que no sois médicos, y que tenéis que ver a vuestros clientes con regularidad? No solamente haríais mejor vuestro trabajo, sino que se tendrían que crear más plazas públicas de clínicos Pensad en esto.

A partir de ahí, todo fue a peor. En 2003 apareció la Ley de Ordenación de Profesionales Sanitarios (LOPS) y ahí matamos a la Piscología.

Desde ese momento, la Psicología perdía su estatus de profesión sanitaria, que quedaba sólo en posesión de los Psicólogos Clínicos.

¿Cómo puede suceder esto? Probablemente por múltiples razones. En primer lugar, quizás, por la ignorancia de nuestros gobernantes. ¿Cómo es posible que en el resto del mundo civilizado, la psicología sea una profesión sanitaria, en cualquier especialidad, y aquí, desde 2003, no?  Por ignorancia, o porque, al parecer nos gusta hacer las cosas de forma distinta, “Spain is different” como se decía en los años setenta, para incentivar al turismo.

Qué duda cabe también de que la profesión médica ha influido. No sólo el Consejo General de Colegios Oficiales Médicos, sino todas las sociedades psiquiátricas existentes en nuestro país, interpusieron recursos judiciales con tal fin.

Y como no, la apatía, indiferencia y cobardía de la propia comunidad de psicólogos y de nuestros Colegios Oficiales, Asociaciones Científicas y Facultades de Psicología. Y de nuestros queridos PIR, que también interpusieron recursos para conseguir tener la hegemonía del campo.

No pretendo culpar a nadie, y entiendo que es difícil resistirse a una Ley aprobada legalmente en nuestros órganos de Gobierno. Pero ahí fue cuando la Psicología fue herida de muerte. Un médico, consigue su licenciatura, y puede ejercer la medicina, sin cursar el MIR. Un psicólogo obtiene su grado/licenciatura y no puede ejercer la psicología clínica o de la salud. ¿Por qué? Porque ya no somos profesión sanitaria.

En 2006, nuestro gobierno, adicto a las chapuzas, aprueba una orden ministerial en la que los psicólogos, pueden ejercer aún sin ser clínicos, habilitándose como sanitarios. Una solución cutre, o como se suele decir, buscar una puerta falsa de salida.

Y eso nos lleva al último capítulo de esta historia de despropósitos. La creación en 2011 de la Ley General de Salud Publica, en la que aparece la figura del Psicólogo General Sanitario (P.G.S.). A partir de ese momento, tenemos dos clases de profesionales habilitados para trabajar en el Campo Clínico y de la Salud. El psicólogo Clínico, que se formará a través del PIR, y el Psicólogo General Sanitario, que se formará a través del Máster Oficial Sanitario.

La Ley intenta diferenciar las atribuciones de ambas titulaciones, pero en mi opinión no creo que lo consiga, quizás porque es una tarea prácticamente imposible.

El psicólogo Clínico se dedicará a la “evaluación, diagnóstico, y la rehabilitación de los trastornos mentales, emocionales y relacionales y del comportamiento”.

Y el psicólogo General Sanitario se dedicara a la “investigación, evaluación e intervención psicológica sobre aquellos aspectos del comportamiento y la actividad de las personas que influyen en la promoción y la mejora de su estado general de la salud”.

¿Cómo se diferencia un tipo de problemática de la otra? Un trastorno de pánico, un TOC o una esquizofrenia no empeora “el estado general o de la salud” de una persona? Un problema de familia o de pareja, ¿no produce trastornos emocionales o relacionales? ¿Va a ser algo así como que los clínicos se ocupan de los problemas “graves” y los generalistas de los “simples”? ¿Quién decide si es grave o simple? ¿Habrá inspectores de “gravedad”?

Lo único que queda claro a nivel legal es que los clínicos pueden trabajar en ambientes públicos y privados, y los sanitarios, sólo en privados.

¿Por qué? ¿No hay espacio para el psicólogo Sanitario en la infraestructura sanitaria pública?¿Acaso en medicina, además de las especialidades, no hay médicos de familia o generalistas?

Luego, en otro orden de cosas, está el tema de la duración del proceso de Formación. Si todo este despropósito sigue adelante, y eso es lo que parece, para ser psicólogo Clínico, los aspirantes,  van a tener que hacer un recorrido formativo de 10 años. En primer lugar el grado en Psicología, 4 años. Luego el Máster Oficial Sanitario, 2 años. Y finalmente el PIR, 4 años más. Total 10 años!!. Como los médicos. Ser psicólogo clínico va a costar lo mismo que ser neurocirujano u oncólogo. Algunos pensaran que sí, que muy bien, que estaremos mejor formados. Ojalá! Ahora analizaremos como van a ser los Másters Oficiales Generalistas, pero en cualquier caso, una vez más copiamos a los médicos. Lo que en medicina está bien, no tiene el porqué estar bien en psicología. Y como prueba de ello, podemos ver qué pasa en Europa. Prácticamente en todos los países, la formación de psicólogos clínicos, implica un grado de cuatro años y una amplia variedad de Másters de dos años de duración. Una vez más, seguimos siendo diferentes!

Y llegamos al Máster Oficial Sanitario. Estamos ante otro hito histórico como en su momento fue la creación del Programa de Psicólogo interno Residente (PIR). ¿Lo hará esta vez bien el Ministerio? ¿Creará una infraestructura humana y logística adecuada para este programa?¿Contratará a expertos en el tema?¿Habrá practicas reales supervisadas? Probablemente, seguramente no. Y menos en estos tiempos de penuria económica que nos está tocando vivir. Es casi seguro que es a alguno de los Másters Oficiales ya existentes se le cambie el nombre por el de Máster Oficial Sanitario y zas, por arte de magia, y bien barato, ya tengamos los nuevos Programas en marcha. Y seamos realistas, ¿estamos contentos con la calidad de estos Programas? Es lógico que no tengan altos niveles de calidad. La conducta eficaz requiere refuerzo, y aquí no lo hay o muy poco. Hablad con los profesores.

Otro problema práctico. ¿Cuántas plazas se ofrecerán? Muy pocas comparándolas con la demanda. Supuestamente, una gran cantidad de profesiones, miles en realidad, que llevan años trabajando, para poder seguir haciéndolo, deberían cursar este Máster. ¿Será eso posible? ¿quiénes tendrán prioridad, los alumnos que se gradúen el año anterior, o los profesionales?

Y eso nos lleva a la peor de las consecuencias de esta absurda situación que sólo beneficia a los psiquiatras. Que si todo esto sigue su curso, cada vez habrá menos psicólogos trabajando en Salud Mental.

¿Qué va a pasar con esos miles de profesionales, muchos de ellos con largas trayectorias profesionales, que han cursado no uno, sino varios postgrados y máster, pero que no son Clínicos? ¿Tendrán que hacerse Sanitarios? ¿Y mientras tanto podrán ejercer?

¿Habría soluciones? Creo que sí. Una, que sabemos que se tuvo en mente y que varios colectivos profesionales propusieron, y que al parecer, se rechazó. Usar recursos ya instalados, y que han probado su eficacia y utilidad: los Programas de Formación Postgrado en Psicología Clinica y de la Salud que cumplan unos requisitos.

No sería muy complicado crear un Comité Nacional formado por personal técnico del Ministerio, Profesores de Psicología Clínica, COP y Profesionales Clínicos de reconocido prestigio, para crear unos estándares, criterios o baremos para evaluar los Programas de formación actuales: másters oficiales, de título propio, universitarios, del COP o privados.

Es fácil objetivizar usando parámetros claros como formación y currículum del profesorado, programa teórico o número de horas prácticas y calidad.

Una vez elegidos esos programas, a todos aquellos profesionales que ya los hubieran cursado, se les homologaría su formación, capacitándoles para la práctica de la psicología de la salud. Y los recién graduados, podrían elegir entre una amplia variedad de programas de Formación, en función de sus preferencias y deseos personales. De esta manera no habría congestión ni listas de espera para los Máster Oficial Sanitarios, y ningún profesional quedaría en un terreno de nadie.

Pero claro, esto sería solucionar un problema grave de la situación de nuestra disciplina, con un cierto grado de lógica. ¿Se hará así? Lo dudo mucho. Mucho. Soy muy pesimista, y por ello creo, de verdad, que entre todos hemos matado a la Psicología.

Juan Sevillá Gascó. Psicólogo Clínico. Centro de Terapia de Conducta de Valencia.

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