Las palabras claves cuando intentas explicar lo que se siente cuando abres un negocio son: “Como si fueras en una Montaña Rusa”.

 

Me imagino que como nosotros, la mayoría de los que leéis esto, no habíais montado anteriormente un negocio, con lo que ésta era la primera vez. En nuestro caso, desde el planteamiento de la idea hasta la apertura del despacho, transcurrió un año y medio aproximadamente, tiempo que consideramos parte inseparable de este primer año de apertura “real”.

Esta es la historia de nuestro despacho:

 

INTRODUCCION:

Los sentimientos en este inicio de aventura iban desde la incredulidad (“¡¿De verdad vamos a abrir un despacho?!”), miedo (“me da miedo que no funcione”) pasando por alegría, dudas, euforia, sentirte presionado, enfado, autocontrol…; dependiendo de la fase de montaje en la que estuviéramos metidos.

 

CAPITULO I: EL PRINCIPIO

Una vez superada esta primera fase vino lo realmente interesante: “Estamos oficialmente abiertos” (pero, ¿y ahora qué?). Pues ahora queda darte a conocer donde puedas, te dejen, te aconsejen o se te ocurra, cualquier opción es buena con tal de dar una tarjeta, mandar una carta, presentarte en persona,… (desesperación, sí ¿y qué?). A esta tarea (por cierto, muy entretenida), dedicas un tiempo durante el cual asumes sin ningún esfuerzo que no va a venir nadie; y ahora es cuando viene el problema: “¿Cuándo va a venir el primero?”. La respuesta a esta pregunta está en la experiencia de los demás: “El primer año está muy bien haber tenido un par de clientes”, “los dos primeros años son los peores”, “no os desesperéis, la cuestión es aguantar”, “a todos los negocios les cuesta arrancar”, … y otros muchos comentarios alentadores, pero realistas.

 

CAPITULO 2: EL DIA A DIA

Durante este período no estábamos pegados al teléfono esperando a los clientes, sino que las jornadas consistían en estudio -lectura- comentarios, preparándonos para esos posibles casos que algún día llegarían. Después de esta jornada llegaba el momento de enfrentarte a la bien intencionada pregunta que tanto hemos escuchado durante este período: “¿Aún no teneis a nadie?” oída al llegar a casa, al ver a tus amigos, familiares, vecinos, gente del barrio, el loro,… Este era el momento ideal de autoaplicarse todo el arsenal psicológico del que disponemos (autoinstrucciones, discusión cognitiva, refuerzo del compañero, HHSS varias… todo con tal de no justificar una situación que nosotros vemos normal).

 

CAPITULO 3: LAS CUENTAS

Si sumas la media de dinero de los supuestos dos clientes del primer año y le restas el número de facturas que has recibido, ¡el número, y no la cantidad a pagar que pone en cada una de ellas!, los números resultantes del cálculo serán de un intenso color ROJO FERRARI. “¿Que cómo soportamos esto?” pues la respuesta a esta pregunta está de nuevo en la experiencia de los demás y en el sentido común: “Trabajando en otro sitio”. Así pues, el destino durante el primer año de estos Psicólogos Clínicos privados pasa por el pluriempleo .

 

CAPITULO 4: LA SOLUCION

Si esto nos parece tan horrible, ¿qué es lo que nos hace aguantar? Pues esta vez la experiencia de los demás también nos puede servir, pero cada uno de nosotros lo vivimos de manera diferente. En nuestro caso la base que nos sustenta:

· Sabíamos perfectamente a lo que nos enfrentábamos y lo aceptábamos como paso previo y necesarios: inversión de dinero para montarlo, unos cuantos años con pérdidas, pluriempleo y presión del entorno.

· ¿No somos psicólogos? pues ya sabes, cognitiva y autoinstrucciones.

· Al ser dos, mucho comentar libros, pensar en proyectos futuros y hablar de lo que más nos gusta: la psicología.

· Mucho sentido del humor

· Confianza en nuestros nuevos y brillantes conocimientos (que ya tocaba)

· Hablar de cómo nos sentimis en momentos de bajón.

· HABER SUPERADO AMPLIAMENTE LA MEDIA DE CLIENTES ESPERADA (con lo cual las cuentas son de color rojo plastidecor).

· Y lo más importante: siempre nos ha gustado y siempre hemos querido trabajar en clínica privada.

 

Con todas estas razones, nada de lo anteriormente expuesto pesa lo suficiente como para hacer que abandonemos nuestro sueño.

Ignacio Alcañiz Sanchez

Amparo Sanchez Gimeno

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