Voy a comenzar este artículo con una frase que a mí personalmente me impactó mucho cuando la leí: “un cigarrillo menos equivale a 11 minutos más de vida”. Me impactó sobretodo porque recordé esa frase que todo fumador dice cuando se le critica el hecho de que fume: “de algo me tengo que morir”. Y esto es completamente cierto, si hay algo que sabemos seguro al 100% es que todos y cada uno de nosotros vamos a morir algún día, pero… de ahí a aumentar la probabilidad de morir más pronto… hay un buen trozo.

Pero bueno, no quiero extenderme mucho en este aspecto puesto que es el que más se ve en campañas publicitarias, consejos de médicos… todos conocemos más o menos cuales son las consecuencias de fumar, la probabilidad de padecer ciertas enfermedades, etc.

Yo me quiero centrar en la parte de la adicción, pero tampoco voy a pasar a exponer como es un cerebro adicto, las conexiones que se producen, etc, sino en cómo se traduce todo esto en la vida de una persona adicta al tabaco, en su día a día.

La adicción implica depender de esa sustancia tanto física como psicológicamente. Aquí ya aparece una palabra que lo dice todo: “depender” y donde pienso que se debería de hacer mucho hincapié.

La realidad de muchos fumadores es que de todos los cigarrillos que se fuman a diario, sólo disfrutan un porcentaje de ellos, el resto han sido consumidos por pura dependencia. Es decir, en realidad no les apetecía fumar, pero sin embargo lo han hecho porque su cuerpo les pedía esa dosis.

La realidad de muchos fumadores es que cuando salen con amigos o se encuentran en diversas situaciones sociales, necesitan el tabaco para que ese disfrute sea completo. Es más, cuántos de vosotros habéis oído alguna vez eso de: “se me ha acabado el tabaco y no hay ningún sitio para compara por aquí, invítame por favor”. Si no está el tabaco, es como si faltara algo.

Cuando ocurre algún acontecimiento negativo que produce estrés o ansiedad, una de las primeras conductas es fumar: “necesito un cigarro para tranquilizarme”.

Cuando se levantan por la mañana, una de las primeras cosas que piensan (sino la primera) es: “voy a fumar”, “me tomo mi café mañanero y mi cigarro”.

Cuando están enfermos, fuman igual en la mayoría de las ocasiones, por mucho que reduzcan la cantidad.

Lo que yo veo debajo de todo esto es que el tabaco dirige y domina gran parte de la vida de las personas adictas. ¿Por qué fumar si no te apetece? Deberíamos de ser nosotros los que decidamos, no que el tabaco lo haga por nosotros.

¿Por qué no disfrutar al 100% de esa reunión con amigos si no tienes una cajetilla de cigarros en el bolsillo? Estás rodeado de gente con la que te lo pasas bien, estás a gusto con ellos, ¿por qué dejar que el simple hecho de quedarte sin cigarrillos lo fastidie?.

Cuando ocurre algo malo, ¿acaso no somos nosotros autosuficientes para tranquilizarnos? ¿No existen muchas más formas (y sanas) de conseguirlo sin necesidad de fumarse un cigarro? Podemos hablar con un amigo, respirar hondo… y si pensamos que no sabemos cómo hacerlo, siempre se pueden aprender estrategias para conseguirlo.

Y por las mañanas, ¿no sería más bonito y más útil despertarse pensando “hoy me voy a comer el mundo”?

Y cuando están enfermos, ¿no es la salud y la vida más importante que un cigarro?

Cuando hablo de todas estas cosas que ocurren en el día a día de un fumador, parece que dé la sensación como de no poder elegir, de “como soy fumador esto es lo que hay”. Pero esto no es cierto, desde el momento en el que eliges coger cada uno de esos cigarros estás eligiendo que el tabaco se apodere de ti, que decida cuándo tienes que disfrutar al 100% o no, que decida cuándo y dónde te apetece fumar.

¿Por qué elijo hablar de esto? Porque me parece que es una visión que los fumadores deberían conocer y, nosotros cómo profesionales, mostrársela cuando acuden a nosotros para que vean que el tabaco no sólo afecta a su salud (algo que están acostumbrados  a oír) y a la salud de los que están a su alrededor, sino también a su día a día y a su capacidad para ser felices y disfrutar por sí mismos, sin depender de nada en absoluto.

 

Bibliografía:

http://ubes.es/_adjuntos/prensaycomunicacion/SiF_Ciencia_26_09_2012_RED_JUANEDA.pdf

OLGA PÉREZ SIMÓ

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