Loving Someone with BPD es un manual que recoge la esencia del trabajo que se realiza desde la Terapia Dialéctica Conductual  (TDC) que, como sabéis, ahora mismo es el tratamiento por excelencia para el TLP, pero dirigido a los que conviven con este problema o con personas difíciles, en general. Su autora, S. Y. Manning, se formó con Linehan (que ha escrito el prólogo del libro) y lleva más de dos décadas trabajando con allegados cuya duda principal es: “¿Me quedo o me voy?”.
La esencia de este libro se basa en la siguiente premisa conductista: es posible cambiar a los demás cambiando nuestras reacciones ante los otros. La mayor parte del libro va sobre ello.
El primer paso: COMPRENDER.
Comprender el TLP.
En primer lugar, se describe el trastorno. Sigue la línea de Linehan, para explicar las 5 áreas en las que las personas con TLP son incapaces de regularse a sí mismas, tal y como lo hacen los demás:
1. Emocional. Es el área principal de desregulación para estas personas.  De hecho, los otros 4 tipos de desregulación resultan de las emociones extremas y rápidas que experimentan, lo que hace que sus reacciones sean imprevisibles. Muchas veces se les juzga por no tener el mínimo de autocontrol que todo el mundo parece tener; pero si se empieza a considerar este rasgo como una característica de su funcionamiento, en lugar de como un error por su parte, o de que no ponen el interés suficiente en controlarse, puede que las personas que les rodean empiecen a sentir algo menos de resentimiento.
2. Interpersonal. Las personas con TLP desean tener relaciones desesperadamente y están asustadas con la posibilidad de perderlas. La realidad es que al final, mucha gente les abandona. Sus temores no son infundados. Desde fuera, parece difícil entender que sigan haciendo las cosas que hacen que la gente se aleje de ellos. Sin embargo, muchas veces es porque realmente no saben cómo actuar dentro de una relación. Cuando se une una falta de habilidades interpersonales a la desregulación emocional, el resultado es una interacción caótica con los demás.
3. Conductual. Es la que hace que actúen impulsivamente y de forma repetida sin que parezca que aprendan de las consecuencias negativas. Esto les lleva a acabar en urgencias, en la cárcel o en la calle. Las personas con TLP parecen perder su capacidad de juicio cuando sus emociones están disparadas. De alguna manera, es más fácil entender que se haga una mala toma de decisiones bajo un gran estrés emocional. Cualquier cosa que salta a su mente y reduce su emoción incómoda, vale. Dado que las conductas impulsivas reducen su malestar, con el paso del tiempo se convierten en respuestas automáticas a la emoción, es decir, se enganchan en la conducta impulsiva antes incluso de experimentar la emoción dolorosa al completo y sin tomar decisiones conscientemente. El problema no es que no aprendan de sus errores, sino que el impulso por reducir la incomodidad es más fuerte que cualquier otra cosa.
4. Pérdida del sentido del yo. Muchas veces no tienen un sentido de lo que les gusta, de cuáles son sus valores o de quiénes son. Sus emociones, percepciones y conductas son tan cambiantes que no tienen un sentido de continuidad y consistencia de sí mismos.
5. Cognitiva. “¿Pero en qué estabas pensando?” , es una pregunta que probablemente han escuchado muchas veces. La respuesta es que seguramente no está pensando de la misma forma que los demás. En primer lugar, suelen tener grandes dificultades en controlar su atención. Dado que las emociones interfieren con la habilidad para concentrarse, experimentan dificultades de concentración. Otra característica importante a nivel cognitivo es que en mitad de un caos emocional, pueden tener pensamientos muy extremos, a veces llegando a la paranoia.
Y todos estos patrones están inter-relacionados: estas personas sienten emociones muy intensamente y no saben cómo regularlas, por lo que a veces cometen actos desesperados e impulsivos para aliviarlas; pero el resultado puede que les lleve al rechazo por parte de los demás y, dado que tienen dificultades para prestar atención a los estímulos importantes y aprender de sus errores, pueden reaccionar atacando de nuevo, llevando a la profecía autocumplida de que la gente se aleja de ellos. El abandono les causa más dolor y confirma su sentido de falta de valía personal. Sin un sentido de sí mismos, la persona va a la deriva, intentando conseguir nuevas parejas, nuevos trabajos, nuevos amigos para ver si alguien o algo encaja con ellos y les ayuda a definir quiénes son.

Comprender el porqué.
Se plantea que para poder seguir amando a la persona que te disgusta tantas veces, es necesario entender de dónde vienen esas emociones extremas y los comportamientos que las acompañan. Sin ese conocimiento se podría llegar a la conclusión de que terminar con la relación es la única solución.
Para ello, se explica la Teoría Biosocial, que explica que las personas con TLP nacieron con una diferencia biológica (facilidad para dispararse las emociones, de forma muy intensa y duradera) que influiría profundamente en el entorno en que crecían; entorno que, por otro lado, puede que no supiera cómo adaptarse a alguien tan reactivo emocionalmente y tratara las respuestas del niño como inapropiadas, poco realistas o patológicas, sin llegar nunca a enseñar una forma eficaz de regularlas. La interacción diaria, continua entre esa biología particular y el entorno invalidante daría como resultado el desarrollo de un TLP.
El  mensaje que se quiere transmitir es que “esa persona a la que quieres NO ES ALGUIEN TERRIBLE, aunque SE COMPORTE A VECES DE FORMA TERRIBLE; no es que quiera crear el caos y hacer sufrir a los que tiene alrededor. Se trata de que no puede hacer lo correcto porque NO SABE CÓMO HACERLO”.
Orientaciones generales para tratar con un TLP.
Al comprender la naturaleza de este trastorno, se desprenden de forma natural algunas líneas lógicas de actuación.
En primer lugar, no tiene sentido pedirle que se sienta de forma diferente a como lo hace. Decirle que está sobre-reaccionando o que no debería disgustarse o que las cosas no están tan mal sólo provocará una escalada. Recordar lo que se sabe acerca de la sensibilidad emocional. Con un sistema emocional que es hipersensible, lo normal es que se disguste.
Por otro lado, no es conveniente reajustar el mundo para acomodarlo a su fragilidad emocional. Tratarles como personas frágiles o débiles no les va a ayudar en absoluto. La única forma en la que puede sobrevivir es aprendiendo a vivir en este mundo tal y como es.
Y finalmente, comprender las tareas de regulación emocional que el otro necesita ser capaz de llevar a cabo. Para regular las emociones se puede:
– Reorientar la atención: hacer algo que no está relacionado con lo que nos está disgustando (distraernos).
– Subir o bajar nuestro arousal emocional.
– Parar de hacer lo que nuestro estado emocional nos dice que hagamos: ir al son de nuestras emociones es lo que se llama ser “dependiente de nuestro estado de ánimo”, implicando que nosotros no estamos al mando, sino nuestras emociones.
– Tener una vida con metas que sean independientes de la emoción.

De forma que cuando el otro llegue a casa furioso porque ha discutido con un compañero de trabajo, lo que se puede hacer, desde este enfoque, es:

1. Preguntarle qué ha pasado y escucharle sin contradecirle, juzgarle o hacerle comentarios acerca de su reacción desproporcionada.
2. Encontrar en lo que dice algo que tenga sentido (“Yo también me enfadaría si un compañero me criticara”; o algo más general: “Parece que realmente ha tenido un muy mal día; entiendo que necesita algo de tiempo para desconectar”).
3. Preguntarle si puedes ayudar haciendo algo que le distraiga: yéndoos a cenar, jugando a un juego o poniendo su peli favorita; o que le relaje (baño caliente, masaje…); o evitarle más estresores (encargarte tú de coger las llamadas esa noche…).

Es preciso recordar que las personas sensibles tienen emociones más duraderas que el resto. Pero al final pasarán si no hay más disparadores que las intensifiquen.

La importancia de validar.
Las personas con TLP, pueden reaccionar de forma muy negativa ante los intentos de ayudarles, pueden sentirse criticados y que les creemos inútiles, incapaces de conducir sus vidas. Y pueden reaccionar de formas que se nos quitan las ganas de seguir echándoles una mano (o se disparan más o nos ignoran), haciéndonos sentir inútiles.
¿Qué hacer entonces? Validar.
Validar significa encontrar una parte en el comportamiento (pensamiento, sentimiento o conducta) que es de verdad comprensible y comunicárselo a la otra persona. Es una respuesta que se puede usar en cada interacción para ayudar a reducir la emoción a un nivel más manejable.
Todos hemos experimentado el efecto de la validación. Cuando nos ha pasado algo que nos ha disgustado mucho, si al llegar a casa lo contamos, al revivirlo nos enfadamos aún más. Pero cuando oímos: “Me hago una idea de lo que te ha dolido”, “Es normal que te sientas así, cualquiera lo haría”, automáticamente nos sentimos un poco aliviados. Pero ¿qué ha pasado cuando en vez de eso nos han dicho “Estás exagerando, creo que no es para tanto”? El malestar se dispara más.
Se puede validar: pensamientos (“Entiendo por qué te preocupa; realmente es un problema”), sentimientos (“Claro que estás triste tras la ruptura. Es horrible”), acciones (“Comprendo por qué huiste de él en lugar de quedarte y seguir discutiendo”), puntos de vista (“Por supuesto que no tienes que hablar de ello ahora”), habilidades (“Sé que puedes hacer eso”)…
La validación, dice Manning, es un elemento esencial a la hora de reaccionar de forma distinta y evitar que las emociones entren en la escalada.
Pautas para regularnos a nosotros mismos.
Da igual la cantidad de veces que la persona que se relaciona con alguien muy reactivo se haya visto arrastrada por el mismo tipo de reacciones descontroladas una y otra vez, ni que casi siempre acabe recibiendo el mismo tipo de reproches por los que, una vez pasada la crisis, le pedirá perdón y le dirá que intentará controlarse la próxima vez…  Cada vez que sucede, la persona siente que pierde la estabilidad. Los comportamientos desregulados del otro, le hacen sentir frustrado, culpable, castigado, atacado… Y estos sentimientos, a su vez, provocan reacciones que encenderán aún más a la persona que está en crisis. Es muy difícil mantener la calma ante ellos. Ahí es cuando realmente se necesita una respuesta rápida que apague, no que dispare aún más, las emociones del otro.
La autora propone cinco sencillos pasos para aplicarlos cuando la persona se encuentre sobrepasada por una crisis o quiera mantener la conversación dentro de un camino productivo.
PASOS:
1. Regula tus propias emociones.
– Pausa: haz una respiración y date cuenta de tus sensaciones físicas. Etiquétalas como la emoción que estás experimentando.
– Presta atención a tu postura corporal: suelta tus manos, relaja los músculos de la cara. Revisa el resto de tu cuerpo y suéltalo.
– Media-sonrisa: mándale mensajes de calma a tu cerebro.
– Valida y anímate a ti mismo.
Si no puede regular sus emociones en el momento usando los 4 pasos anteriores, propone llevar a cabo la “acción opuesta”, un ejercicio de Linehan para cambiar emociones a través de la conducta, que consiste en hacer lo contrario de lo que la emoción que siente en ese momento, le impele a hacer.
Por ejemplo, sentir enfado lleva a impulsos de ataque a la otra persona; la acción opuesta sería alejarse, irse de la situación, colgar el teléfono, no enviar ese mensaje destructivo… pero además hacerlo de forma amable, sin decir la última palabra.
También puede resultar útil identificar sus disparadores emocionales, qué tipo de acontecimientos tienden a dispararle esa emoción tan intensa o le hacen más reactivo. Una vez sabe lo que le hace más vulnerable, puede tomar decisiones acerca de cómo cambiar su emoción o decidir no interactuar con el otro en ese momento.
2: Valida.
Valida siempre la experiencia emocional: “Veo que esto te duele mucho”, “Puedo entender por qué te enfada esto”. Nunca le digas: “No deberías sentirte así”, “No puede ser tan malo” o “Bueno, mira la parte buena”…
No le corrijas o contradigas. Di: “Sé que te sientes como un estúpido”, en lugar de “Para nada eres estúpido”.
Si dudas, haz una pregunta: “¿Qué crees que podría funcionar aquí?”, en vez de “Deberías…”.
3: Pregunta/evalúa.
Pregunta específicamente, pero de forma amable: “¿Cómo querrías que te ayudara?” “¿Quieres que te escuche, que te de un consejo o que te ayude a descubrir qué hacer?”
a) Si te dice que escuches, sáltate el paso 4 de Resolución de Problemas y vete al 5 (conseguir información acerca de tu papel).
b) Si quiere tu ayuda, pregunta: qué sucedió, cuándo empezó, qué es lo que ve como un problema, cuál querría que fuera el resultado.
4: Resolución de Problemas.
– Genera una lista de soluciones con su ayuda.
– Colabora con él para elegir una opción.
– Anticipa lo que podría encontrarse en el camino de la implementación de la opción elegida.
5: Consigue información de tu papel y el resultado que deseas.
– ¿Hay algo que necesitas hacer para ayudar o apoyar a tu pareja?
– Pídele feedback, si es importante para ti. Dile que de verdad estás interesado en saber cómo ha ido.

¿Y qué hacer cuando el otro no colabora?
Lo primero sigue siendo prestar atención y etiquetar su propia experiencia, para ayudar a regularse inmediatamente y para obtener información acerca de lo que le está molestando y si siente que sus límites están siendo rebasados. Si así fuera, Manning insiste en la necesidad de comunicárselos. Para ello propone las siguientes pautas:
1. Decirle que vas a acabar la conversación si no deja de hacer __________ (“Si no bajas el volumen”, “Si no me dejas hablar”…).
2. Darle la oportunidad de que modifique su comportamiento. “Lo estás haciendo otra vez, te pido que lo dejes” (dale un par de oprtunidades).
3. Dejar claro que abandonas esta interacción a causa de tus reacciones y de lo que quieres de esa interacción. “Sé que es doloroso para ti, pero es lo que necesito para seguir en esta relación”. “Sé que solía recibir llamadas tuyas 20 veces al día, pero me he dado cuenta de que es demasiado para mí”.
Aceptación.
La aceptación es un tema clave en la Terapia Dialéctica. Plantea el sufrimiento como resultado del dolor (ya sea físico o emocional) más la no aceptación. Relacionarse con otros genera necesariamente dolor y, según esta concepción, es la no aceptación la que llevaría a sufrir más de lo necesario.
Por lo tanto, plantea que debemos aprender a aceptar la realidad tal y como es en cada momento, y en concreto:
1- Cómo es nuestro ser querido en cada momento.
2- Nuestras reacciones a cómo es nuestro ser querido en cada momento.
3- La situación en que nos encontramos.
Aceptar estas cosas no significa que no deseemos que sean diferentes ni que no nos esforcemos para cambiar el momento siguiente. Lo que significa es que estamos viendo la realidad claramente, tal y como es. Sólo después de haberla reconocido, puedes decidir si quieres seguir aceptándola o cambiarla.
¿Cómo se practica la aceptación?
Se puede practicar cuando se da cuenta de que una idea o una emoción le crean incomodidad:
1. Date cuenta de qué es lo que no estás aceptando. Pregúntate: ¿qué me está haciendo sentir mal?
2. Di en voz alta: “Yo acepto…”.
3. Presta atención a la postura de tu cuerpo. Asegúrate de que tienes una postura de aceptación:
a. asegúrate de que las manos no están apretadas.
b. relaja los músculos faciales.

Cuida de ti mismo para poder cuidar del otro.
Como se ha señalado, dado que relacionarse de forma íntima con alguien con TLP puede ser una experiencia muy estresante, cuanto más sano físicamente y emocionalmente se encuentre la persona, más fuerte se sentirá  y menos vulnerable a experimentar emociones aunque el otro esté en crisis.

Sugiere algunos consejos básicos de cuidado como comer bien, dormir bien, evitar el exceso de cafeína, alcohol y azúcar; proporcionarse tranquilidad a través de los cinco sentidos (tomar un baño caliente, saborear una taza de cacao, encender velas aromáticas, mirar un paisaje, escuchar el sonido del agua…); realizar actividades placenteras e incluso tomarse unas “vacaciones”, que bien puede ser simplemente reservarse un espacio de tiempo para él, en el que no tenga nada que resolver.

También destaca la importancia de animarse a sí mismo. Normalmente somos buenos animando a los demás, pero cuando se trata de nosotros a veces cuesta. Para facilitarlo, plantea un ejercicio sencillo:

1. Piensa en lo que le dirías a un amigo si te llamara ara contarte que está en una situación similar a la tuya.
2. Enumera 3 cosas que le dirías ara animarle.
3. Repite estas tres cosas a ti mismo cada día,  hasta que se conviertan en frases que dices automáticamente.
Concluyendo.
Lo interesante de este libro es que explica y aplica los principios de la Terapia Dialéctica a los allegados de un TLP. Pautas y ejercicios utilizados con las personas Límite, son adaptados para los que están al otro lado. A través de muchos ejemplos, la autora consigue de forma eficaz transmitir la esencia de este complejo trastorno y las líneas generales de intervención desde casa.
Aunque destaca el papel fundamental de familiares, parejas y amigos  para ayudarles a cambiar los patrones disfuncionales de interacción, y que no abandonen en el intento, también enfatiza la concienciación de que, seguramente, además de su ayuda van a necesitar orientación  profesional y al final del libro recoge algunas propuestas.
Loving Someone with Borderline Personality Disorder  es un manual sencillo que, para cualquiera que esté interesado en el TLP, en trabajar con este problema  o que se vea afectado por él,  vale la pena leer.

Referencia:

MANNING, S. Y. (2011): Loving Someone with Borderline Personality Disorder . How to keep out-of-control emotions from destroying your relationship. New York: Guilford Press.

Mª Luisa Martín Orgilés
CENTRO DE TERAPIA DE CONDUCTA

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