Entendemos como percepción la manera en la que el cerebro de un organismo interpreta los estímulos sensoriales recibidos a través de los sentidos para formar una impresión consciente de la realidad física de su entorno. Como bien nos indica esta definición, el cerebro, al intervenir en el proceso de la percepción, conforma una interpretación de los estímulos diferente para cada individuo.

Por ejemplo, ante la llegada de un nuevo miembro a la familia, que es el tema central de nuestro artículo, los padres interpretarán que es una buena noticia, un momento de felicidad, en cambio, el hijo pequeño, de esa misma familia, probablemente interprete que ya no será el único niño de la casa, que no es tan buena noticia.

ORGANISMO

Niño de 8 años cursando 3ª de Educación Primaria

Tiene un hermano de 2-3 meses.

Es un niño muy sensible, cariñoso, responsable, activo, su rendimiento académico es bueno y tiene muy buena relación con sus padres.

MOTIVO QUE TRAE A LOS PADRES A CONSULTA

Últimamente, ven a su hijo muy decaído, no se entretiene con nada, llora con facilidad cuando alguna situación le supera, verbaliza cosas negativas sobre su persona (insultos) etc. Además, observan que tiene ciertas actitudes agresivas con los compañeros del colegio, está obteniendo malos resultados en el colegio, donde también sus profesores le ven despistado.

Los padres no saben cómo gestionar este tipo de situaciones y actitudes que no habían visto antes en su hijo, por este motivo deciden buscar ayuda profesional para solucionar dicha situación, aconsejados también por los profesores del centro escolar.

MANTENIMIENTO

Cuando se dan este tipo de situaciones, los padres, ya sea por separado o juntos, centran su atención en el niño, le consuelan, le preguntan qué le pasa, pero a su vez no saben qué decir o hacer, para que se encuentre mejor. Sin embargo, esa atención que ellos le proporcionan en ese momento es suficiente para que su hijo “aprenda” a repetir dichas conductas, y se instauren en su repertorio. Se mantienen dichas conductas, porque sabe que esas manifestaciones verbales o conductuales, hacen que sus progenitores centren su atención en él, convirtiéndose en el protagonista.

 

 

CIRCUNSTANCIAS QUE INFLUYEN EN LA APARICIÓN DEL PROBLEMA

Al nacimiento de un hermano, se le suma también que la familia decide irse a vivir fuera de España, preparan una mudanza, tienen que deshacerse de objetos personales, dejar su antiguo colegio, buscar uno nuevo…el proceso dura varios meses, pero finalmente, por circunstancias familiares no se mudan y deciden quedarse.

Volver a hacer la mudanza y apuntarse al colegio de nuevo, desemboca en una situación muy estresante para el niño, pero sus padres creen que no le afecta o no se entera de lo que está pasando. Estas son circunstancias que, junto con la llegada de un nuevo miembro a la familia, hacen que el mundo del niño se tambalee.

ANÁLISIS FUNCIONAL

Situación: el niño llora sin motivo aparente, se descalifica a sí mismo, pega a compañeros del colegio, no quiere hacer los deberes.

Respuesta fisiológica: llanto, dolor de barriga, ir mucho al baño.

Respuesta motora: pegar, patalear.

Respuesta cognitiva: difícil de conocer, en la entrevista con el niño él solo dice que todo lo hace mal.

Consecuencias: consigue refuerzo externo positivo, ya que sus padres se vuelcan con él cuando suceden este tipo de situaciones, dejando todo lo que están haciendo y consolándole o calmándole.

Le ocurre sobre todo cuando están en casa, y sus padres están haciendo cualquier actividad con su hermano recién nacido, o cuando están en el parque o a la salida del colegio, cuando los padres que están esperando le dicen cosas al nuevo miembro de la familia.

EVALUACIÓN Y PLANTEAMIENTO DE LA HIPÓTESIS

La evaluación se llevó a cabo con la madre, mayormente, y con el niño. Se realizaron dos sesiones de evaluación. En la primera sesión, se realizó una entrevista con la madre y una toma de contacto con el niño. Mediante el juego y diferentes tareas, le íbamos realizando preguntas para que el menor estuviese cómodo.

A la primera sesión, la madre aportó pruebas médicas realizadas para descartar un posible caso de TDAH, además de los resultados académicos y notas de los profesores del niño.

En la segunda sesión, continuamos con la entrevista de la madre, pero la evaluación se centró en el niño. Mediante la realización por parte del infante de una serie de dibujos, íbamos obteniendo información mediante una batería de preguntas. En todo momento, lo primordial era que el niño no tuviese la sensación de que le estábamos evaluando, sino de que estaba jugando.

Una vez finalizada la evaluación, realizamos la explicación de la hipótesis para ambos progenitores. Les comentamos que, después de realizar la evaluación, podíamos concluir que los cambios de actitud del niño, las conductas agresivas, los llantos y los insultos, se debían al nacimiento de su hermano, mejor dicho, a la gestión por parte de los padres de este suceso. Esta situación se había visto precipitada por el intento fallido de mudanza.

Los padres en todo momento están de acuerdo, y reconocen que a ellos también les ha sobrepasado la situación y que no han sabido gestionarlo bien. Se les explica el plan de intervención que consistía en:

Ø  Enseñar a los padres a gestionar los momentos de llanto o “rabietas” del niño. Enseñarles a reforzar lo adecuado y extinguir lo que no es aceptable.

Ø  Enseñar al niño a gestionar sus propias emociones.

Ø  Trabajar y fomentar la autoestima del niño.

Ø  Optimizar el tiempo de ocio con sus padres, con el objetivo de mejorar la relación de ambos progenitores con el niño. Que el tiempo que estén juntos sea un tiempo de calidad.

Ø  Realizar actividades en familia, donde se potencia la idea de que todos son importantes, teniendo cada uno su papel.

Ø  Enseñarle al niño técnicas como la “resolución de problemas”, cuando se le presenta alguna dificultad en el colegio o en casa.

Ø  Inculcarle hábitos y técnicas de estudio, para mejorar su rendimiento académico, ya que es un tema que preocupa bastante a sus padres.

 

Los padres estuvieron de acuerdo con el plan propuesto y se mostraron muy participativos a lo largo del proceso, tanto de la evaluación como del tratamiento. El niño asistía a terapia semanalmente.

EVOLUCIÓN DEL TRATAMIENTO Y MANTENIMIENTO

Empezamos el tratamiento, trabajando con los padres la manera de gestionar los momentos difíciles del niño. En primer lugar, nos centramos en los momentos de llanto, ya que era lo que más sucedía. Realizamos psicoeducación con los padres, para que entendiesen conceptos como el refuerzo positivo, extinción, etc. Una vez asimilado, se les proporcionó una serie de pautas para saber gestionar dichas “crisis”. Un par de semanas más tarde, siguiendo las pautas establecidas, los padres informaron que ya no se daban esos momentos de llantos.

Continuamos con las cosas negativas que el niño decía sobre sí mismo, cuya única pauta fue: la primera vez del día que lo hiciese, razonar con él sobre el comentario, el resto de veces extinguirlo. Con el paso de los días también fueron desapareciendo los comentarios.

En cuanto a las actitudes agresivas con sus compañeros de juego o del colegio, se le reforzaba cuando jugaba de manera adecuada y se le apartaba del juego, si llevaba a cabo actitudes agresivas con sus compañeros. Con el paso de los días, informaron desde su centro de estudios, que ya no se producían esas actitudes y sus padres también lo percibieron en los momentos de ocio, cuando jugaba en el parque.

A la vez que trabajábamos con los padres, íbamos trabajando con el niño: potenciamos su autoestima, mediante ejercicios en terapia y tareas para casa, le enseñamos a gestionar sus emociones con técnicas como la “técnica de la tortuga”, para que supiese que hacer cuando sentía rabia o frustración.

Planificamos todos juntos, momentos para estar en familia, tanto toda la familia, como cada progenitor con el niño, como el niño con su hermano recién nacido. Logramos obtener un rato de cada día, y un tiempo mayor los fines de semana.

La evolución del niño a lo largo del tratamiento fue notable desde que este se inició. Estuvo muy participativo, realizaba todas las tareas tanto en terapia como las que se llevaba para casa. Sus padres iban informando de que a ellos les costaba llevar a cabo las pautas que tenían que realizar, pero una vez las ponían en práctica el niño respondía perfectamente.

Con el paso de las sesiones, desaparecieron los llantos, los comentarios negativos, estaba más centrado en el colegio, mejoró la relación con sus padres y el trato que le proporcionaba a su hermano.

Una vez finalizado el tratamiento, se continuó con sesiones de mantenimiento, cada vez más distanciadas en el tiempo. Todo funcionaba correctamente, a excepción de algún momento puntual en el que el niño tenía actitudes negativas, como al inicio del tratamiento, pero los padres lo gestionaban correctamente y no se repetían.

MEDIDAS PARA PREPARAR LA LLEGADA DE UN RECIÉN NACIDO A LA FAMILIA

La llegada de un nuevo bebé a la familia puede provocar muchos cambios en la vida familiar, que pueden ser difíciles de sobrellevar para el hermano/a mayor. Su aceptación va a depender de la forma en la que se maneje. Existen una serie de medidas que se pueden adoptar para poder gestionar mejor dicho momento:

  • Deben informar los padres al niño de la llegada de su nuevo hermano/a, con un lenguaje adaptado a la edad del niño. Cuando hablemos del recién nacido es adecuado decir “nuestro bebé” para que se sienta participe.
  • Si se prevén cambios de habitación es mejor realizarlos antes de que llegue el nuevo hijo para evitar que piense que la llegada del nuevo hermano le desplaza.
  • Visitar a amigos que hayan tenido bebes recientemente, que vaya a las visitas del ginecólogo.
  • Elegir el nombre del bebé juntos.
  • Dedicarle todo el tiempo posible, por ejemplo, cuando el bebé este durmiendo.
  • Enseñarle canciones de cuna, para que participe en el momento de dormir al bebé.
  • Reforzar todo lo que haga el niño para cuidar de su nuevo hermano/a y colaborar.
  • Es importante no juntar la llegada de un nuevo hermano, con un cambio de domicilio, ir a la guardería, etc.

 

OPINIÓN PERSONAL

Con este caso el mayor aprendizaje que obtuve fue, poner de relieve una vez más, que las actitudes de los adultos afectan a los niños, es decir, que no podemos dar por hecho que nuestros hijos, “no se enteran” de lo que está pasando, que no hace falta que les expliquemos las cosas o que no se dan cuenta de nada… eso no es así. Este caso nos demuestra que cuando realizamos un cambio importante en nuestras vidas (un cambio de residencia, de trabajo, de pareja) o llega un nuevo miembro a la familia, como es el tema en cuestión, debemos darle una explicación, siempre adaptada a su edad, a nuestros hijos.

Tenemos que hacer que se sientan parte de ese proceso, que sepan que a ellos también les concierne y sus sentimientos y opiniones son importantes. Los niños no saben gestionar sus emociones, no saben por qué cuando ven a su hermano recién nacido le quieren hacer llorar o por qué les da rabia ver como su madre lo cuida, ayudarles a gestionar esas emociones es papel de los adultos.

BLANCA JORGE CANO

26 Promoción

CV-12219

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.Más información...

ACEPTAR
Aviso de cookies