PATRÓN DE CONSUMO DE ALCOHOL ENTRE LOS JÓVENES
La complejidad y la extensión del consumo de alcohol entre la juventud española, constituye un fenómeno social que trasciende el ámbito autonómico, local e individual, considerándose necesario una correcta evaluación multidimensional que permita identificar sus determinantes. Esto constituye un reto, un debate permanente, cuya solución requiere de la participación de cada integrante de la comunidad, sus instituciones y Administración en general.
El alcohol es la droga que causa más problemas sociales y sanitarios. En los últimos años, se ha experimentado un descenso en su consumo pero su vinculación con problemas laborales, urgencias e ingresos hospitalarios, accidentes de tráfico, violencia doméstica, maltrato infantil, y en general con una mayor morbilidad y mortalidad está ampliamente probada.
En las últimas décadas se han experimentado cambios muy importantes tanto en las cantidades ingeridas, como en los patrones y en el significado atribuido al consumo, sobre todo por parte de la población más joven.
Desde el estudio epidemiológico realizado en los años cincuenta por Strauss y Bacon en población estadounidense, diversos autores de todos los países han mostrado el alarmante incremento del consumo de alcohol entre jóvenes universitarios, empezando a plantearse la existencia de un patrón de consumo de riesgo en esta población (Parada et al. 2011).
Actualmente puede concluirse que los jóvenes europeos, tanto varones como mujeres, se caracterizan por la ingesta de cantidades elevadas de alcohol, realizada durante pocas horas, principalmente en momentos de ocio de fin de semana, con algún grado de pérdida de control y con aparición de períodos de abstinencia entre episodios (Cortés, 2006). Además, este patrón suele ir unido a una escasa percepción de riesgo (Anderson y Baumberg, 2006; Bloomfield, Stockwell, Gmel y Rehn, 2003; Calafat, 2007; Farke y Anderson, 2007; Gmel, Rehm y Kuntsche, 2003; Kuntsche, Rehm y Gmel, 2004; Wechsler, Davenport, Dowdall, Moeykens y Castillo, 1994).
Con motivo de conocer la magnitud del problema de consumo juvenil de drogas en nuestro país, la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas (DGPNSD), con la colaboración de Gobiernos de las Comunidades Autónomas (Planes Autonómicos sobre Drogas y Consejerías de Educación) y el Ministerio de Educación, realizan una Encuesta Estatal entre los Estudiantes de Enseñanza Secundaria (ESTUDES), esta encuesta viene realizándose desde 1994 de forma bienal con estudiantes de 14 a 18 años y permite conocer la situación actual, las tendencias de consumo de drogas, los patrones de consumo, las actitudes ante las drogas y los factores asociados (tiempo de ocio, percepción de riesgo, disponibilidad percibida, problemas sociales o de salud derivados de éste, actitud de los padres, información recibida y consumo de drogas en el grupo de iguales). Los resultados obtenidos facilitan poder diseñar políticas de intervención preventivas ajustadas en tiempo, magnitud y necesidad. En 2008 se realizó la última encuesta ESTUDES observándose, concretamente que el 81,2% de los estudiantes entre 14 y 18 años toman bebidas alcohólicas alguna vez en la vida, un 72,9% consume en el último año y la proporción de consumidores actuales de alcohol, es decir, aquellos que lo han consumido alguna vez en los 30 días previos a la encuesta, es del 58,5%.
Precisamente en la Comunidad Valenciana se obtienen porcentajes mayores de consumidores de alcohol en comparación con la prevalencia estatal. De los 3.119 entrevistados, el 84,4% había tomado bebidas alcohólicas alguna vez en la vida, un 76,9% lo había consumido en los últimos 12 meses y un 65% en los últimos 30 días.
En 2008 las sustancias con un consumo más temprano fueran el tabaco y el alcohol, situándose en todos los casos entre los 13 y los 14 años, independiente del sexo. La prevalencia de borracheras (29,1% en 2008), ha vuelto a situarse en cifras parecidas o superiores a las de 2004 (28%), parece que aumenta la tendencia a beber de forma más intensiva entre los que beben.
Con respecto a este consumo intensivo o problemático, se investigan las borracheras y el consumo de cinco o más vasos o copas en la misma ocasión, entendiendo por “ocasión” el tomar las bebidas seguidas en un intervalo aproximado de dos horas. En 2008 un 56,2% de los estudiantes de 14-18 años se había emborrachado alguna vez en la vida y el 29,1% lo había hecho en el último mes (29,4% chicos, 28,7% chicas).
En cuanto al indicador de consumos en atracón el 41,4% de los estudiantes que habían consumido bebidas alcohólicas en los últimos 30 días (38,3% chicas y 44,7% chicos), había ingerido al menos una vez durante ese período 5 o más consumiciones y el 15,2% lo había hecho más de 4 veces durante el último mes.
Uno de los fenómenos que favorece la consolidación de este patrón de consumo de riesgo juvenil en nuestro país es el botellón, iniciado en la década de los noventa y que representa actualmente una práctica generalizada a lo largo de todo el territorio español (Cortés, Espejo y Giménez, 2007). Un aspecto que destacan todos los estudios sobre este fenómeno es el del elevado porcentaje de jóvenes que consumen alcohol durante el mismo, entre un 70-90% de los entrevistados (Alternativajoven, 2006a,b; Baigorri, Fernández y GIESyT, 2003; Calafat et al., 2005; Cortés et al., 2007, 2008, 2010; Navarrete, 2004; Nogués, Borrás, Segura, Ruiz y Botella, 2004; Sánchez y Rubio, 2001), tanto varones como mujeres, en su amplia mayoría, realizan un consumo en forma de atracón o Binge Drinking (Cortés et al., 2007; 2008; 2010).
Casi todos (99,8%) los que habían bebido en fin de semana, un 23% de los estudiantes había bebido todos los fines de semana.
Conforme aumenta el riesgo percibido ante el consumo de una droga, tiende a disminuir la extensión o la intensidad del consumo y viceversa. En ESTUDES (2008) las conductas de consumo de drogas que los  estudiantes asocian a un menor riesgo, son tomar 5 ó 6 cañas/copas de bebidas alcohólicas en fin de semana, tomar 1 ó 2 cañas/copas diariamente y tomar tranquilizantes esporádicamente.
Por el contrario, las conductas asociadas a un mayor riesgo no se relacionaron con el  alcohol, su visión  no es precisamente alarmante.
Otro de los elementos que todas las investigaciones señalan como relevante en el inicio y mantenimiento del consumo de drogas, es la actuación del grupo de iguales. El adolescente es especialmente vulnerable ante la presión del grupo de iguales pues necesita sentirse partícipe de él, compartir los rasgos que lo definen, tener un papel que desempeñar en el mismo, sentirse valorado por sus amigos, etc.
DEFINICIÓN CONSENSUADA DE CONSUMO INTENSIVO DE ALCOHOL (CON NIVEL DE EVIDENCIA 4).
A día de hoy continua sin disponerse de una definición consensuada a nivel internacional por todos los investigadores sobre lo que se considera un BD. En España, un grupo de expertos en adicciones concluyeron en la 1ª Conferencia de Prevención y Promoción de la Salud en la Práctica Clínica realizada en Madrid en 2007, que la terminología más adecuada en castellano para dar cuenta de este patrón de consumo era la de Episodio de CIA al referir un consumo esporádico de elevadas cantidades de alcohol, realizado en un intervalo de pocas horas. Además, lo definieron aludiendo a tres parámetros: cantidad consumida, intervalo temporal y nivel de alcoholemia alcanzado. Concretamente, la definición recomendada y que será utilizada en el presente trabajo es la de consumo de 60 o más gramos, en varones y 40 o más gramos, en mujeres, realizado durante un intervalo de 4-6 horas y en el que se alcanza un nivel de alcoholemia de 0,8g/l.
CONSECUENCIAS DERIVADAS DE UN CIA
Al centrarse en las consecuencias bio-psico-sociales que este patrón de consumo puede provocar entre los consumidores de estas edades.
Concretamente, desde hace una década se intentan delimitar las consecuencias más o menos graves a corto, medio y largo plazo que pueden generarse a partir de un CIA en la gente joven, ya que se reconoce que los problemas con el alcohol que manifiestan la población adulta no se corresponden con los propios del consumo juvenil (Kahler y Strong, 2006; Verster, Van Herwijnen y Kahler, 2009). Además se ha sugerido que el CIA durante la adolescencia es un factor de riesgo para el desarrollo posterior de abuso/dependencia de alcohol en la edad adulta (DeWitt, 2003; García-Moreno et al., 2008; Grant et al., 1997; MrCarty et al., 2004). Incluso se especifica que los consumidores intensivos que presentan este patrón de forma más frecuente (3 o más veces en las dos últimas semanas) son los que tienen más probabilidad de presentar abuso/dependencia (MSC, 2008).
Autores como O’Malley y Johnston (2002); Presley et al. (1996); Wechsler et al. (2000) apuntan que el beber en exceso se asocia con una gran cantidad de consecuencias negativas. Estas consecuencias varían en frecuencia y en gravedad (Perkins, 2002), oscilando desde riesgos leves negativos tales como llegar tarde a primeros trabajos, clases… a consecuencias más severas tales como la agresión interpersonal y la victimización sexual (Abbey, 2002; Donovan y McEwan, 1995; Perkins, 2002; Presley et al., 1996).
Los estudios neuropsicológicos que están permitiendo evidenciar las consecuencias que esta forma de consumo tiene sobre la maduración cerebral (Cadaveira, 2009; Chambers, Taylor y Potenza, 2003; Spear, 2002; Tapert, 2007; Winters, 2004), repercutiendo en cuestiones de aprendizaje, seguimiento de normas o regulación emocional.
El consumo abusivo ocasiona daños en el cerebro siendo la corteza prefrontal (CP) una de las regiones más afectada, provoca un peor rendimiento en tareas neuropsicológicas como Dígitos, Corsi o Stroop.
La investigación con modelos animales demuestra los graves efectos estructurales y funcionales que este patrón de consumo puede tener a estas edades. Algunas regiones como el cortex prefrontal y el hipocampo, de maduración más tardía, y los importantes procesos que éstas organizan, parecen diana especial de la acción del alcohol. Concretamente estudios como los de Tapert y Brown en San Diego con adolescentes que habían estado presentes en al menos 100 sesiones de CIA permitieron verificar los peores rendimientos que estos obtenían en test de aprendizaje, memoria y funcionamiento visuoespacial. En un estudio de seguimiento efectuado durante 8 años (desde los 16 a los 24) se comprobó un efecto acumulativo que se trasladaba a los resultados en pruebas de aprendizaje y memoria.
Atendiendo a la necesidad de concretar las consecuencias que este nuevo patrón de CIA genera entre los jóvenes españoles, en el presente trabajo se pretende evaluar en adolescentes que realizan CIA –evaluado según la propuesta anteriormente citada del grupo de expertos españoles, (MSC, 2008)- la presencia de diferentes tipos de consecuencias, de carácter interno y externo, recogidas previamente a partir de una revisión de lo publicado en la literatura internacional de los últimos cinco años.
MÉTODO
INSTRUMENTO DE MEDIDA
Para la elaboración del instrumento utilizado en este trabajo se ha utilizado, por una parte, el registro del patrón de consumo diseñado por el equipo de investigación de la Dra. Cortés en investigaciones anteriores (Cortés et al., 2008) y por otra parte la recopilación de consecuencias derivadas del CIA y motivos por los que éste se lleva a cabo, todo ello obtenido a partir de la revisión de diferentes estudios (Anderson y Baumberg, 2006; Caamaño, Corral, Parada y Cadaveira, 2008; Dennis, White y Ives, 2009; Farke y Anderson, 2007; Field, Shoenmakes y Wiers, 2008; Kahler, Hustad y Barnett, 2008; Read, Beattie, Chamberlain y Merrill, 2008; Read, Kahler, Strong y Colder, 2006; Verster, Herwijnen, Olivier y Kahler, 2009; Wechsler, Daverport, Dowdall, Moeykes y Castillo, 1994; Winters, 2001). El cuestionario  definitivo incluye junto con la información sociodemográfica  aspectos relacionados con el CIA: edad de inicio, si son consumidores habituales de alcohol o no, patrón de consumo, motivos, expectativas y creencias acerca del consumo intensivo realizado y consecuencias derivadas de esa ingesta.
MUESTRA
Se entrevistó a 343 jóvenes de entre 14 y 27 años en la ciudad de Tavernes de la Valldigna (Valencia), de los que se excluyeron los cuestionarios realizados por jóvenes no consumidores de alcohol.
Los datos fueron recogidos en centros educativos diferentes tanto colegios como institutos, siempre dentro del rango de edad establecido, utilizando el mismo instrumento y procedimiento de evaluación.
ANÁLISIS
Motivos y expectativas del consumo de alcohol
Se realizó un análisis de varianza (ANOVA de un factor) considerando el tipo de consumidor como VI, para comprobar si existen diferencias entre motivos y expectativas sobre el CIA.
Consecuencias del consumo de alcohol
Se ha comprobado mediante pruebas ?2 si el número de jóvenes que experimenta cada una de las consecuencias difiere en función del tipo de consumidor.
DISCUSIÓN
En este estudio el número de estudiantes que realiza un CIA  ha sido mayor respecto al número de estudiantes que no consumen de esta forma. Manifestando así un notable incremento de este patrón de consumo entre jóvenes adolescentes, tendencia que coincide con diversos estudios anteriores (Comisión Clínica PNSD, 2007; Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria, 2007; Cortés et al., 2007, 2008, 2010; Navarrete et al., 2004; OED, 2008, 2009).
A más edad  el consumo es mayor, pero la edad de inicio ha disminuido, se consume a temprana edad. Entre edades de 14 y 15 años ha aumentado  el consumo de manera notable, respecto a las demás edades coincidiendo valores con la ESTUDES de 2009.
El CIA durante la adolescencia es un factor de riesgo para el desarrollo posterior de abuso/dependencia de alcohol en la edad adulta (DeWitt, 2003; García-Moreno et al., 2008; Grant et al. 1997; MrCarty et al., 2004). Diversos investigadores afirmar la correlación existente entre el CIA y  sufrir dependencia y abuso en etapas posteriores de la vida (Hill, Whote, Chung, Hawkins y Catalano, 2000; Oliva, Parra y Sánchez, 2008), apoyan la idea de que existe un elevado nivel de riesgo a quedar inmerso en el proceso adictivo. Consumir con este patrón a edades tempranas también es una variable predictora para el posterior consumo de otras drogas y experimentar aditivamente sus propias consecuencias psicosociales de cada una (Artamendi et al., 2010).
Además los jóvenes que adquieren este patrón de consumo, consumen más número de bebidas independientemente de la situación, tanto en salidas consideradas normales como en celebraciones (Baigorri, Fernandez y GIESyT., 2003; Canmaño Isorna, Corral, Parada y Cadaveira, 2008; Cortés et al., 2007, 2008, 2010; Courtney et al., 2009; Kahler et al., 2004; Luczak et al., 2001; Maddock et al., 2001; Perking, DeJong y Kinkenbach, 2001; Read, Beattie, Chamberlain y Merrill, 2008; Rodríguez Martos, 2007; Tucker et al., 2003; Wechsler, 2000; Wechsler et al. 1994; 1995; 2001). En este estudio se obtuvieron cifras concretas: los estudiantes CIA consumían una media de aprox. 6 copas en una salida normal y 9 en una salida especial ingiriendo un máximo de 111gramos, cantidades que reflejan el elevado consumo.
El porcentaje percibido respecto al consumo del grupo de iguales es representado por los estudiantes mayor de lo que es en realidad, baremos que también replican la ESTUDES 2009, viendo así la percepción distorsionada del estudiante que tiene una concepción de atribuir al consumo normalidad, más de la mitad de los jóvenes apunta que todos o la mayoría de sus amigos con los que se relacionan han tomado bebidas alcohólicas.
Describen que beben de manera concentrada para llegar a estar más eufóricos o animados, sentirse bien, llegar a desinhibirse y divertirse consiguiendo así un estado de ánimo positivo. Esperando con ello aguantar más tiempo en la fiesta.
Ser más hábiles socialmente y poder hacer amigos con más facilidad también es uno de los motivos que atribuyen al alcohol.
Esperan obtener unos efectos propios de consumos de menor cuantía (Cadaveira, 2009; Cortés et al., 2007, 2008, 2010) sin embargo es evidente la necesidad de resolver estas falsas expectativas, notoriamente acentuadas conforme se incrementa el consumo de alcohol.
Sin embargo al centrarnos en las consecuencias bio-psico-sociales derivadas, se ve que consumir con este patrón intensivo  presenta  diversos problemas de salud, que el propio adolescente ya está notando y discriminando en sí mismo, Kahler et al., 2005 también recoge resultados similares.
Las consecuencias físicas registradas en este estudio van desde resacas al igual que en estudios anteriores (Wechsler, Dowdall, Davenport,y Rimm, 1995), tener vómitos, olvidos frecuentes de secuencias durante el consumo, o incluso por no poder levantarse a la hora normal en la que suelen hacerlo y padecer desmayos.
Los estudiantes también perciben consecuencias sociales derivadas del consumo, más de la mitad de la muestra estudiada reconocen haber causado bochorno o vergüenza a alguien, haber llegado a ponerse groseros o desagradables, arrepentirse de conductas realizadas durante el consumo y llegar ofender a los demás o generar disputas.
Con respecto a las consecuencias profesionales, porcentajes superiores a la media indican que muchos jóvenes no han asistido a clase por indisposición (95%), han asistido bajo los efectos del alcohol (88,60%) e incluso se añade que por los síntomas físicos experimentados no rinden igual que un día en el que no consumen (76,50% de la muestra). Reconocen, por tanto, dejadez en sus responsabilidades.
Las conductas de riesgo asociadas suelen seguir la misma pauta que las otras consecuencias, más de la mitad de los jóvenes CIA ha estado involucrado en peleas al tomar alcohol, mantener relaciones sexuales sin protección también es una consecuencia sobresaliente en este colectivo al igual que la realización de gamberradas, conducción temeraria de vehículos, conductas violentas y daños a la propiedad.
Asimismo, afirman realizar un mayor consumo de tabaco u otras sustancias al mismo tiempo que están consumiendo alcohol y dejar otras conductas lúdicas por preferir estar bebiendo alcohol.
Una de las consecuencias más reconocida por parte de los jóvenes consumidores, es el destacar su reconocimiento de que beben durante más tiempo o en mayor cantidad de lo acordado inicialmente o en momentos en los que se tenía previsto no hacerlo, más de la mitad de los estudiantes se han sentido ansiosos al dejar de beber.
Son conscientes de que actualmente necesitan consumir una mayor cantidad de alcohol que cuando se iniciaron hace años, notan una gradual pérdida de control sobre la conducta de consumo. A pesar de ello llama la atención que es menor el porcentaje de estos jóvenes que ha pensado o intentado dejarlo en algún momento.
Si se engloban todo lo enunciado, se prevé que las consecuencias evaluadas son diversas y sufridas por un porcentaje grande de jóvenes. Independientemente del tipo de consumo realizado y englobando al totalidad de los sujetos destacan  las consecuencias que reflejan la sintomatología física, seguido por las referidas al grado de control sobre la conducta de consumo y en tercer lugar las conductas de riesgo asociadas a esta ingesta.
El colectivo de consumidores no intensivos presenta menor puntuación en prácticamente la totalidad de consecuencias evaluadas. Aunque cabe destacar que también experimentan sintomatología como dolor de cabeza o de estómago o haberse sentido mal e incluso vomitado tras el consumo.
Con este trabajo experimental se pretendía realizar una sobre cuál es la situación actual de este patrón de consumo. Valorando cuáles son los motivos y creencias que llevan a los jóvenes a practicarlo.
Viendo que se espera de esta forma intensiva de consumir, más las diversas y numerosas consecuencias experimentadas del mismo consumo se espera poder realizar mejores políticas de prevención. Políticas no centradas en dramatizar consecuencias a largo plazo sino en las experimentadas en la actualidad y reconocidas por ellos mismos. Aumentar la autopercepción de riesgo y eliminar las creencias disfuncionales sobre el consumo de alcohol.
Es importante dar a conocer la propia consciencia que tienen de pérdida de control sobre la conducta adictiva, llegando a crear dudas o posibles planteamientos en la población juvenil. Todo esto con la finalidad de reducción del consumo.

Paula Sendra Manclús – CV: 10445

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