¿POR QUÉ MI HIJO NO DICE: “PAPÁ, DE MAYOR YO QUIERO SER PSICOLOGO”?

Muchos psicólogos tenemos la sensación de que nuestra profesión no goza del prestigio y de la aceptación social que se merece. Cierto que hemos avanzado mucho en los últimos tiempos, y que en la actualidad hay psicólogos en prácticamente todos los centros de enseñanza pública, en muchas empresas y equipos deportivos, y que la práctica clínica está completa-mente asentada. Pero honestamente todavía estamos en condiciones de inferioridad con respecto a otras profesiones, digamos más tradicionales. Centrándonos en el área clínica, que nosotros conocemos muy directa-mente, por ejemplo suceden cosas como: en un porcen-taje altísimo de ocasiones en que se invita a un experto a darsu opinión en un medio de comunicación, el invitado suele ser un médico psiquiatra y no un psicólogo clínico, en la mayoría de los centros públicos de salud mental el profesionalque tiende a recibir a los clientes (pacientes en este contexto) en la primera entrevista es un médico que luego decide si lo va a derivar al psicólogo, y todavía peor, encasi todos los programas de formación PIR que hay en marcha en nuestro país, el director es de nuevo un psiquiatra. ¿Cómo y por qué es esto posible?. Las razones son variadas. En primer lugar nuestra disciplina no tiene la antigüedad y tradición que poseen otras profesiones. Basta con decir que la licenciatura de psicología en Valencia data de 1984, antes éramos filósofos, y la licenciatura en medicina viene de siglos atrás. En ese sentido es lógico entender que nuestra profesión no sea tan conocida para el gran público como la abogacía o la medicina. Sin embargo, y en segundo lugar y a ello vamos a dedicar estas reflexiones, creemos que existe toda una serie de razones de la que somos responsables nosotros mismos.

Muchos psicólogos parecen confundir la práctica de la psicología clínica con la de la medicina. Han exportado el modelo médico a la psicoterapia: evalúany toman decisiones terapéuticas siguiendo las pautas médicas, se relacionan socialmente con sus clientes como los facultativos, e incluso a algunos hasta les gusta vestirse con bata blanca y que les llamen Dr. Tal. Si nos compor-tamos como seudomédicos, el gran público nos verá como tales y no como profesionales con una entidad propia y diferenciada. Estas confusiones de roles se ven muy claramente en el manejo del lenguaje, en el uso de la jerga profesional. En psicología clínica se ha genera-lizado el uso de un gran número de términos que provienen de la medicina, pero que su uso en psico-terapia es como mínimo cuestionable. La palabra enfermedad se usa constantemente para denominar problemas psicológicos tan corrientes como los ataques de pánico o las obsesiones. En más del 99% de los casos que tratamos en consulta no hay ningún desarreglo anatómico, bioquímico, hormonal, lesión o malfunciona-miento de sistemas orgánicos como para hablar de enfermedad. A partir de ahí es equívoco e inadecuado usar palabras como: curación, paciente, síntomas, dar el alta y otras más. Tenemosnuestro propio lenguaje: trastorno emocional, terapia psicológica, cliente, malestar o dolor emocional, superar el problema , etc. Usar nuestro propio estilo de comunicación facilitará nuestra autonomía profesional.

Ya que estamos hablando de nuestras relaciones con la medicina y más en concreto con la psiquiatría, nos gustaría comentaralgunas creencias al respecto que, al parecer un buen número de clínicos profesany que no nos ayudan a progresar profesionalmente. Por ejemplo, la idea de que los problemas graves deben ser tratados por psiquiatras y los leves por psicólogos. Si por problemas graves entendemos trastornos como la esquizofrenia o el trastorno bipolar, entonces ese mito seríarazonablemente aceptable. La investigación demuestra que la aproximación farmacológica a estos problemas es la prioritaria, aunque también tenemos datos cada vez más sólidos de que la adición de técnicas cognitivo-conductuales mejora el pronóstico. Sin embargo, muchas veces cuando un clínico recibe a un cliente con un problema de ansiedad en el que la activación fisiológica es elevada, automáticamentele deriva al psiquiatra pensando algo tan absurdo como: “estámuy mal, para empezar que tome fármacos y que se tranquilice, luego ya haremos terapia”. ¡Por favor¡ esa persona tiene un problema psicológico no una enfermedad, necesita desaprender sus miedos, no tomar drogas. Además es una cuestión de datos no de opiniones. El tratamiento farmacológico es una buena opción para las psicosis, el trastorno bipolar e incluso para la depresión, pero no para los trastornos de ansiedad, de pareja , sexuales o de ingesta, en los que la terapia psicológica es mucho más eficaz. Quitémonos esos complejos, esas absurdas ideas de que somos una especie de profesionales de segunda categoría y reclamemos nuestrajusta posición social.

En ocasiones, encontramos estilos terapéuticos, formas de relacionarse con los clientes que no benefician el que seamos aceptados y respetados profesionalmente por el ciudadano medio. Por ejemplo,elpsicólogo-gurú. Sus consultas parecen los aposentos de un lama tibetano, su forma de hablar está llena de aforismos y parábolas, y sus técnicas parecen provenir más del esoterismo y de la filosofía oriental, que de la investigación. Lo peor de todo no son las formas, que desde luego poco hacen por nuestra imagen pública, sino el hecho de que el objetivo de estos tratamientos es algo así como ponerse en paz con el orden cósmico, en vez de superar el problema que plantea el cliente. Estos terapeutas crean acólitos y su s enfoques se parecen más a una religión o filosofía que a un tratamiento psicológico. Otro caso es el psicólogo-samaritano. Sus intencionesson magnificas: ayudar al prójimo. El problema es que este exceso de afecto crea graves complicaciones en terapia: la excesiva implicación emocional del terapeutamerma su habilidad profesional y le hace poco asertivo a la hora de manejar situaciones difíciles como el incumpli-miento de las tareas terapéuticas, la falta de puntua-lidad o la violación de roles. Estos terapeuta s crean clientes dependientes o amigos a sueldo. Otro modelo inadecuado es el psicólogo-inexpertoo ignorante. Sencillamente no está cualificado o formado para hacer terapia en general o para aceptar un tipo de trastornos en particular. Tenemos que reconocerlo, el clínico medio no dedica un gran presupuesto a cursos y congresos, no esta suscrito a muchas revistas científicas, y su biblioteca profesional no está muy nutrida. Además, en este campo hay absurdas ideas verdaderamente dañinas. Quizás la peor es considerar que la única manera de aprender es practicando. Es cierto que la práctica es un elemento esencial de la formación, pero la experiencia terapéutica no dirigida, sin asesoramiento experto, sólo sirve para asentar más y más los errores. Es lamentable oir que a un cliente obsesivo se le ha intentado aplicar detención de pensamiento o a otro agorafóbico, desensibilizaciónsistemática. Otro ejemplo podría ser el del psicólogo-a largo plazo. Serían profesionales que postulan estrategias de intervención que se prolongan durante mucho tiempo, a menudo durante años. Con estos enfoques es dudable que, si se producen mejorías, se puedan atribuir a la terapia. No se puede establecer una relación de causa-efecto. Es comprensible que, desde la administración, se nos trate de poco rentables, productivos o eficaces. Imaginemos a un clínico trabajando en un centro público cuya media de dedicación a un cliente sean 150 sesiones.

¿Cómo debería ser un buen psicólogo clínico?¿cuál debería ser el perfil idóneo para garantizar su definitiva instalación social?. Posiblemente no existe un modelo único, pero a nuestro entender sí debería reunir unas características básicas. En primer lugar debería dedicarse a la práctica clínica por vocación, porque le guste, porque disfrute haciéndolo, porque el mundo de los trastornos psicológicos y la mejor manera de solucionarlos le entusiasme. No porque quiera “ayudar a los demás” en abstracto, ni porque de pequeño tuvo un problema, ni porque tenga un hermano esquizofrénico y por supuesto, mucho menos porque algo había que estudiar, y psicología era fácil. En segundo lugar, tendría que ser un profesional competente. Debería formarse sólidamente y a partir de ahí mantener un programa de reciclaje constante: cursos, congresos, libros y artículos tendrían que ocupar una parte significativa de su tiempo. Es muy importante estar al día de los datos nuevos que se están publicando constantemente y usar técnicas realmente eficaces y no sólo que nosotros creamos eficaces. En tercer lugar, sería estupendo que estuviese orgulloso y seguro de ser psicólogo. Que fuera consciente del estatus científico de la disciplina que practica, y que eso le permitiese hablar con otros profesionales y con el gran público en general sin complejos absurdos. Finalmente, a la hora de relacionarse con los clientes debería tener una actitud cálida pero profesional, manteniendo sin confusiones los roles e intentando crear autonomía personal.

Si estás leyendo esto estamos seguros de que cumples estas características.

Juan Sevilla y Carmen Pastor

Centro de Terapia de Conducta

ASPECTOS PRÁCTICOS EN EL ÁREA DE INTERVENCIÓN INDIVIDUAL DE UN PROGRAMA DE MENORES AGRESORES SEXUALES

INTRODUCCIÓN

En este artículo vamos a describir las dificultades que se presentan con agresores sexuales adolescentes a la hora de reconocer el delito y trabajar en la prevención de la recaída. Estos, son dos de los objetivos que tenemos en el área de Intervención Individual en un Programa de Menores Agresores Sexuales.

 

EL PROGRAMA DE INTERVENCIÓN

Durante dos años consecutivos hemos llevado a cabo un Programa de Intervención con Menores Agresores Sexuales y Violentos, en la Residencia Juvenil “La Colonia de San Vicente Ferrer”.

Éste ha sido un programa piloto, y aunque todavía no tenemos datos concluyentes, debido a que la muestra ha sido muy pequeña, los resultados son esperanzadores.

El Programa tiene cuatro áreas de intervención, intentamos que el tratamiento abarque todos los contextos del joven. Estas áreas son:

  • Área de Intervención en Grupo
  • Área de Intervención Individual
  • Área de Intervención con la Familia
  • Área de Intervención en la Comunidad

En este artículo nos vamos a centrar en la Intervención Individual, en la evaluación y el reconocimiento del delito y en el trabajo posterior de la prevención de la recaída. En la Intervención Individual trabajamos, además, algunos puntos que no hayan quedado claros para la persona en el tratamiento en grupo.

EL RECONOCIMIENTO DEL DELITO

Vamos a intentar que la persona reconozca el delito durante la evaluación. Nuestro objetivo durante la evaluación es comprender perfectamente las cadenas funcionales de la conducta sexualmente agresiva. Ello nos va a ayudar a responder sobre la probabilidad de reincidencia de esa persona. Por ejemplo, asociar la agresión sexual a los efectos nocivos que le produjo una sobredosis de cocaína y marihuana (alucinaciones, angustia, vómitos, mareo, pérdida de conocimiento, ingreso en el hospital, etc.), reduce las posibilidades de que se repita la agresión; aunque nunca vamos a poder asegurar totalmente que una persona no va a repetir una ofensa sexual, como no podemos asegurar que una persona que ha dejado de beber, tras un periodo, más o menos largo, de alcoholismo no vuelva a beber.

El estilo del entrevistador es muy importante. Tenemos que conseguir que confíe en nosotros, que nos cuente lo que ocurrió. Es muy extraño que un agresor sexual nos cuente lo que ocurrió sin utilizar ningún tipo de minimización o racionalización de lo que hizo, hay que intentar que no escape de la realidad, que se responsabilice de lo que hizo, y que nos lo cuente. Para ello es interesante que nos mostremos amables, empáticos, asertivos y firmes. Si nos cuenta qué ocurrió, reforzaremos que nos lo ha dicho y que confíe en nosotros.

Un documento muy importante a la hora de establecer qué fue lo que ocurrió es el informe de la víctima, que cuenta qué ocurrió, y si es fiable. Nos va a ser muy útil conocer exactamente qué ocurrió, y decirle a él que lo sabemos, que es un delito y que en sus manos está que nosotros le ayudemos o no. Hay determinadas cuestiones como la vergüenza, la culpa, y el miedo a ser castigados que dificultan mucho la revelación del delito (J.A. Shaw, 2000).

Por otra parte, también es importante que los agresores sexuales sean juzgados, así como, la medida judicial que recoge la sentencia. Si una persona comete un acto sexualmente agresivo y no hay denuncia, o no hay juicio, por algún motivo, la lectura que sacará esa persona será: “lo que he hecho no está mal”.

Una vez dictada la sentencia va a ser muy difícil que es apersona se someta a un Programa de Intervención si ésta no se contempla en la sentencia, puesto que si es una medida de internamiento cerrado o semi-abierto, él ya está “pagando” por lo que hizo y tenemos que tener en cuenta que una intervención no funciona si el cliente no pone mucho de su parte. Lo ideal sería que la sentencia contemplara una medida de internamiento terapéutico, tal como recoge la Nueva Ley de Responsabilidad Penal del Menor (Ley Orgánica 5/2000, de 12 de enero de 2000). De esta forma contaríamos con una motivación externa para que el chico participara en el programa.

En la mayoría de las ocasiones estos chicos pasan por tres fases: la primer es la curiosidad, se preguntan qué será eso del programa y con quién estarán; abandonada esta curiosidad inicial pasan por una fase de desidia, en la que no les apetece trabajar, ni hacer nada y comienzan a tener manifestaciones de abandonar el programa. Normalmente esta fase suele durar un mes, y es entonces cuando nos hace falta la motivación externa; en la última fase ya están más cómodos, hacen las tareas y trabajan bien, se dan cuenta de que lo que estamos viendo es muy útil. En un número reducido de casos se quedan en la segunda fase, acabando el programa a regañadientes.

 

PREVENCIÓN DE LA RECAÍDA

El reconocimiento del delito está muy relacionado con la Prevención de la Recaída. Esta etapa del programa podría realizarse en grupo, sin embargo, debido a que en La Colonia hicimos una intervención en grupo “estándar”, para agresores sexuales y violentos, tanto el reconocimiento del delito como la Prevención de la Recaída se trabajaron de forma individual.

Hilary Eldridge recomienda trabajar lo “justo” la Prevención de la Recaída. Eldridge ha publicado libros sobre la Prevención de la Recaída, estudiando sobre todo a paidófilos adultos. En su labor como clínica y como investigadora se ha dado cuenta de que trabajar en exceso la Prevención de la Recaída podría ser contraproducente para la persona. De alguna forma se le estaría dando el mensaje de que seguro que iba a recaer y para ello necesitaría estrategias de afrontamiento adecuadas. La propuesta de Eldrige es darle mucho más confianza en sí mismos y “por si acaso”, entrenar en alguna (pocas) estrategias de afrontamiento.

En las últimas investigaciones de W. Marshall se apunta en la misma línea.

 

CONCLUSIONES

El tratamiento con agresores sexuales es algo necesario de cara a que estos chicos no se conviertan en agresores sexuales adultos. Apuntar el dato de que entre el 60 y el 80 % de los agresores sexuales adultos han cometido su primer ofensa durante la adolescencia ( Ford y Linney, 1995). No hay métodos más efectivos que la terapia cognitivo-conductual enfocada a las diferentes áreas en las que se desarrolla la persona.

Aunquetodavía no hay datos concluyentes y en función de una experiencia muy concreta, podemos intuir que: el tratamiento funciona mejor si el chico reconoce el delito, si hay una medida impuesta por el juez de carácter terapéutico para que siga el programa, si la familia interviene en la terapia y si sólo hay delitos sexuales (no hay delitos violentos, robos, etc.).

Añadir que con estos muchachos funcionan mucho mejor las técnicas conductuales que las cognitivas.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

Sánchez, J. (2000). Programa de Intervención con Jóvenes Agresores Sexuales. Informació Psicológica, 73, 71-75.

Shaw, J. A. (2000). Summary of the Practice Parameters for the Assessment and Treatment of Children and Adolescents Who Are Sexually Abusive of Others. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, 39, 127-130.

Josefa Sánchez Herás

Master Promoción 10ª

DE LA TEORIA A LA PRACTICA PROFESIONAL

En un determinado momento en la formación del futuro psicólogo clínico, éste se plantea comenzar a poner en práctica los conocimientos técnicos y destrezas adquiridosdurante el aprendizaje, con el fin de comprobar “in situ” su eficacia, de pasar de la teoría académica a la práctica profesional. Las razones que llevan a ello pueden ser de diverso tipo: madurez personal y formativa, posibilidades económicas, oportunidades prácticas… o simplemente el azar.Independientemente de cuáles sean los factores que han determinado que se embarque en esta aventura,el nuevo profesional aterriza en ella cargado con una serie de expectativas, creencias, ideales acerca de lo que va a consistir llevar a cabo un proceso terapéutico, de lo que será el poner de manifiesto las habilidades técnicas y personales adquiridas,e incluso de posibles problemas que podrían surgir.

 

Esta cosmovisión se va adquiriendo, en gran parte, a lo largo de la formación universitaria. Sin embargo, muchos psicólogos estarán de acuerdo en que el aprendizaje que se consigue enla carrera es, en su mayoría, teórico y conceptual; se adquierargot psicológico y orientaciones generales, de vital importancia, sin duda, pero apenas pinceladas básicas de orientaciones terapéuticas sin demasiada conexión entre sí, y siempre sesgadas en función del corte ideológico imperante en cada facultad.Y además nunca es suficiente (suficientementeprofunda, suficientemente amplia, suficientementepráctica, suficientemente útil). En este sentido,la personaque finaliza la carrera,y quiere dedicarse a la psicología clínica tiene en la cabeza una serie de conocimientos teóricos aislados, sin saber muy bien cómollevarlos a la práctica.

 

Las cuestiones que se desprenden son obvias: ¿hasta qué punto el proceso de aprendizaje académico transmite una idea acertada de lo que va a ser la práctica profesional? ¿En qué medida estas expectativas pueden ayudarle a preparase para afrontarla de una manera más eficaz?

 

Bajo mi punto de vista, rotundamente la formación universitaria no ayuda todo lo que cabría esperar al futuro profesional a formarse una visión real de lo que es un proceso terapéutico, y por lo tanto, éste no puede prepararse de una manera adecuada para hacer frente a los muchos imprevistos de la psicoterapia.Algunas cuestiones importantes para las que el futuro profesional se debería preparar, al margen de la formación teórica en evaluación y técnicas de intervención, etc…, y que se suelen pasar por alto en la formación académica serían las siguientes:

 

 

  1. Directrices generales acerca del comportamiento del terapeuta. En ocasiones es posible que se conozcan muy bien las diferentes técnicas pero falle a la hora de ponerlas en práctica por su falta de habilidad personal. Conocer de antemano el talante general que el terapeuta debe mostrar, puede aumentar su habilidad como tal, puesto que le permite centrarse en sus déficits y corregirlos a través de la práctica adecuada. Ser capaces de transmitir actitudes de empatía, confianza, seguridad, profesionalidad, motivación… a través de un adecuado ejercicio de conductas verbales y no verbales.

  • Siguiendo esa línea, resulta de gran utilidad para el terapeuta conocer ciertas reacciones típicas que los clientes suelen mostrar en terapia (salvando la obvia variabilidad entre cada persona) y estar preparados para reaccionar con naturalidad cuando esto suceda. Por ejemplo, ante el llanto, impuntualidad, enfados, frustración, un ataque de pánico, y un largo etc…
  1. Autocontrol emocional. El terapeuta puede experimentar emociones muy variadas durante el curso de una terapia. Puede sentirse ansioso, sobre todo al principio, por la novedad de la situación y su rol, por inseguridad,o ante situaciones y reacciones del cliente que no tenía previstas.También puede sentirse triste o afectado ante los relatos que se escuchan desde el otro lado de la mesa o ante las emotivas reacciones de algunos clientes. El enfado es otro de los sentimientos que pueden aparecer ante clientes que no cumplen las tareas o llegan tarde reiteradamente, por ejemplo. Y sensaciones de frustración cuando la sesión no sale todo lo bien que esperamos, culpa cuando consideramos que nosotros hemos sido los responsables o que podríamos haber hecho las cosas de diferente manera, etc… Para manejarlas adecuadamente, el terapeuta puede autoaplicarse algunas de las técnicas que ya conoce como terapia cognitiva, inoculación de estrés… y ante todo la exposición.

 

Sería conveniente que todo profesional de la psicología clínica contemplara dichos aspectos antes de iniciarse en esta aventura y se preparara de algún modo para controlarlas y manejarlas adecuadamente.

Con esto no quiero transmitir la idea equivocada de que el terapeuta sólo experimenta sensaciones desagradables en consulta, nada más lejos. También experimenta otras muy gratificantes:satisfacción, alegría, orgullo tras una sesión bien llevada,tras manejar adecuadamente una situación difícil o inesperada, o cuando se empiezan a apreciar los progresos del cliente, y en definitiva, disfrute por el mero hecho de ejercer esta profesión.

De ahí el énfasis en señalar que, en una disciplina como la psicología clínica (así como en muchas otras), resulta de gran importancia continuar la formación, una formación especializada y profunda, que contemple una importante base teórica pero también aspectos prácticos esenciales para conformarse una idea más acertada, y por lo tanto, estar más y mejor capacitados para afrontar la futura práctica de la terapia.

Mª Luisa Martín Orgilés. Master Promoción 11ª

XXX CONGRESO EUROPEO DE LAS ASOCIACIONES DE TERAPIAS COGNITIVO-CONDUCTUALES

El pasado mes de Septiembre, entre los días 26-28, Granada tuvo el gran privilegio de ser la sede de acogida del evento. Es la segunda vez en la historia del congreso que se celebra en España, la anterior hace ya 25 años. La organización del Congreso quedó a cargo de la Asociación Española de Psicología Conductual (AEPC).Los esfuerzos de la organización por dicha celebración en Granada (España), se remontan dos años atrás. Marcándose el objetivo de poder ofrecer un anunciado programa científico ambicioso, contando con sus invitados estrellas: Alan Kazdin (el cual no asistió), Charles Spielberger, David Barlow, L. Beutler, M. Mahoney, S. Hayes, A. Freeman, T. Ollendick, O. Goncalves, etc.

Algunos, echamos de menos, ya en el programa inicial, la presencia de reconocidas y destacadas figuras europeas actuales.

El marco escogido en Granada para dicha celebración, fue el Palacio de Congresos y Exposiciones de la ciudad.

Según datos de la organización, la participación fue sorprendente, 1.500 congresistas de 46 países, de los cinco continentes. Evidentemente, la presencia española fue notable, reuniendo a estudiantes (principalmente de dicha ciudad), profesores,profesionales y dentro de estos a muchos “ex – masteristas” del Centro de Terapia de Conducta.

El programa científico se compuso de conferen-cias plenarias, conferencias simultaneas, talleres, simposiums y pósters.

La mayoría de actos se simultaneaban, teniendo la posibilidad de escoger entre varios de ellos a la misma hora. Esta tarea comenzaba a la 9 de la mañana, y sin interrupción, hasta las 7 de la tarde. Después, de dicho horario,se organizaron en distintos días, actos sociales, como espectáculo flamenco (¡como no!), Fiesta Interna-cional, donde quedó clara la “marcha” de los psicólogos y Cena Típica Especial, la cual, no cumplió con las expectativas anunciadas, como el servicio y degustación culinaria típica Spanish.

Las conferencias plenarias, así como todas aquellas sesiones celebradas en la misma sala principal del Palacio de Congresos, dispuso de traducción simultá-nea, por lo que dicha sala tuvo lamayor acogida. Algunos talleres, donde el ponente era de habla anglosajona, fueron traducidos de forma consecutiva; y el resto de eventos científicos, se escuchó en los idiomas nativos de los ponentes, lo cual hizo que en la mayoríade estos,la asistencia se viera sesgada.

En cuanto a los contenidos, las conferencias del salón principal fueron presididas por los invitados presentes, de mayor relevancia internacional, en general, no aportando nada nuevo a sus plantea-mientos, y en muchos de los casos repitiendo exposi-cionesde hace ya algún tiempo.

Las conferencias simultáneas y simposium, se distribuían por diferentes salas del congreso, contando con muchas propuestas y temas diversos. En cuanto al nivel de aceptación, en general, bien acogidas por el público, teniendo en cuenta el idioma del ponente. En estas,se siguió la presentación de trabajos basados enla investigación, debiendo destacar que debido a la condensación del tiempo de exposición, quedaron marcadas las líneas de la misma. Bien, un prólogo donde según el interés, seguirprofundizando.

Las sesiones de póster fueron distribuidas en diferentes áreas temáticas. Los trabajos presentados fue-ron de diversa calidad, la mayoría con el rigor esperado y los menos, alentaban la duda de pasar por el comité científico.

En general, destacar el paseo por el congreso de figuras reconocidas internacionalmente por su dedica-ción a la investigación en fechas pasadas.

De los temas más novedosos presentados, probablemente fue la exposición de la aplicación de nuevas tecnologías en psicología,como la realidad virtual. Destacar la presencia de David Barlow, así como numerosas ausencias. En el ámbito nacional:

E. Echeburua, C. Saldaña, E. Becoña, X. Mendez, C. Botella, C.Perpiñá, A. Carrobles, etc.

Sobre la organización volaba en el Congreso un aire de decepción. El material aportado fue escaso. No se presentaron las novedades, avancesy rigor científico, que probablemente todos esperábamos encontrar y que,a mi entender, cuenta en la actualidad la Terapia Cognitivo-Conductual a finales de siglo. Mi sabor al termino, quedó comoque habíamos dejado correr una, muy buena oportunidad, para deja bien alto nuestro estatus científico tanto en el ámbito mundial como nacional.

Mª Carmen Miravete Pastor

Máster Promoción 4ª

EL GABINETE PSICOPEDAGÓGICO MUNICIPAL EN BONREPÒS I MIRAMBELL: OBJETIVOS ÁREAS Y ESTRATEGIAS DE INTERVENCIÓN

El trabajo del Gabinete Psicopedagógico Municipal (GPM) en el municipio de Bonrepòs i Mirambell, tiene como objetivo principal favorecer el desarrollo integral de las personas a través de su comu-nidad social, es decir a través de aquello que comprar-ten socialmente que abarca desde problemas e intereses comunes, hasta la capacidad de bienestar y desarrollo.

 

Este objetivo se trabaja a través de un Plan de Intervención anual centrado en la prevención de los problemas psicológicos (depresiones, fóbias, etc.) y psico-sociales ( fracaso escolar, drogadicciones, delincuencia juvenil, desintegración familiar, etc.) y en el desarrollo positivo de las personas generando alterna-tivas en sus vidas y mejorando los medios que lo hagan posible en el contexto social en que viven.

 

Las estrategias más utilizadas por el GPM, son: evaluación de las necesidades, intervención, realización del trabajo en común con otros profesionales de dentro y de fuera del municipio, implicación de las familias en la educación de sus hijos/as, fomento del asociacionismo y de las relaciones y comunicación entre diferentes sectores de la población y de éstos con las diferentes administraciones (local, autonómica), incremento de la participación ciudadana facilitando los cauces de la misma mediante la realización de actividades como son las escuelas de verano y de invierno, cursos, charlas y campañas sobre diversos temas de interés para la población.

 

El GPM interviene fundamentalmente de tres formas que son:

 

1- Atención Especializada:

2- Atención Primaria:

3- Diseño, coordinación y evaluación de diferentes actividades de promoción sociocultural:

 

1- ATENCIÓN ESPECIALIZADA:

 

Las áreas de intervención especializada son:

 

Educativa.

Clínica.

Servicios Sociales Municipales.

 

 

 

 

 

 

ÁREA EDUCATIVA

 

Desarrollada enla Escuela Pública y la Guardería

 

– Atención al alumnado.

 

En este ámbito el GPM realiza directamente las evaluaciones psicopedagógicas, los programas de intervención, el tratamiento directo o indirecto de los problemas y el seguimiento de los mismos.

En la escuela el proceso de intervención se realiza en muchos casos conjuntamente con el profesorado, principalmente con la profesora de pedagogía terapéu-tica y los/las tutores/as. También es fundamental la implicación de las familias. En los casos que así lo requieren se trabaja con los médicos del pueblo, la trabajadora social y servicios especializados como son el profesorado de apoyo de la O.N.C.E. y el de audición y lenguaje de la Conselleria d’Educació.

 

– Otras áreas de intervención escolar.

 

Profesorado y Asociación de Madres y Padres (A.M.P.A).

 

El trabajo que desarrolla el GPM, se basa en su participación en la elaboración, evaluación y revisión de todas las actividades o trabajos que tengan una repercu-sión en la mejora de la calidad de la enseñanza y en la educación integral del alumnado.

Las actividades del GPM son:

  • Formar parte de la Comisión de Coordinación Pedagógica de la escuela.
  • Coordinación de actividades municipales con participación de la escuela y del A.M.P.A.
  • Colaboración con la A.M.P.A. de la escuela pública y propuesta de temas para una Escuela de Padres y Madres.

 

 

ÁREA DE CLÍNICA

 

Desarrollada en la Clínica Psicológica Municipal.

 

Este servicio consiste en la asistencia psicoterapéutica a la población.

 

Mediante la evaluación clínica y el posterior análisis funcional de cada caso el GPM realiza la toma de decisiones sobre la intervención psicoterapéutica, que incluye las técnicas a emplear, la posible derivación a servicios especializados, el tipo de psicoterapia (individual, de pareja, familiar), la implicación o no de Servicios Sociales, de la escuela, etc.

 

ÁREA DE SERVICIOS SOCIALES MUNICIPALES

 

La intervención del Gabinete como parte de los Servicios Sociales Municipales se desarrolla en equipo con la trabajadora social y se abordan entre otros los siguientes temas:

Servicio de promoción y cooperación social desarrollado conjuntamente con asociaciones y colectivos de dentro y de fuera del municipio.

Servicio para la prevención e inserción social, laboral y profesional mediante la realización de cursos de formación laboral, la elaboración de guías de búsqueda de empleo, selecciones de personal, etc.

Intervención y seguimiento en casos individuales y familiares.

Actividades de Promoción de la Salud y aumento de la Calidad de Vida a través de campañas informativas, charlas y cursos.

 

El tipo de intervención puede ser especializada o primaria contando en cada caso con los profesionales adecuados.

 

 

2- ATENCIÓN PRIMARIA:

 

Como servicio de atención primaria se interviene en aquellas áreas en las que se cuenta con una atención especializada por parte de la administración autonómica. Se atiende a las personas que lo solicitan y, tras evaluar la problemática se les remite a estos servicios manteniendo en muchos casos una intervención coordinada con los diferentes profesionales de los mismos y un seguimiento de la evolución de los usuarios. Estos servicios son entre otros:

Centro de Alcoholismo y Toxicomanías, Centro de Salud Mental, Centro de Atención Temprana, Centro de Diagnóstico, Orientación y Tratamiento de las Minusvalías, Educación Permanente de Adultos (EPA), etc.

 

 

3- DISEÑO, COORDINACIÓN Y EVALUACIÓN DE ACTIVIDADES DE PROMOCIÓN SOCIOCULTURAL:

 

El trabajo consiste en el diseño de una serie de programas, campañas y actividades destinadas a la consecución de un mayor grado de participación ciudadana en la vida del municipio.

Esta tarea, se realiza conjuntamente con la trabajadora social y consiste en detectar las necesi-dades, valorar las actividades más motivadoras y necesarias para los diferentes niveles de población, contactar, en su caso, con los especialistas en las diversas actividades propuestas (cursos, talleres, charlas), llevar la coordinación y el seguimiento del desarrollo de las mismas y, finalmente, evaluar los resultados.

Daniel Báguena Casanova

Master Promoción 11ª

Psicólogo del Gabinete Psicopedagógico Municipal del Ayuntamiento de Bonrepòs i Mirambell (Valencia)

MOTIVACIÓN Y DROGADICCIÓN

Por motivación se entiende, usualmente, el proceso comprendido en la activación, dirección y persistencia de la conducta: se utiliza como uno de los factores determinantes de la misma. En la conducta humana se distinguen dos dimensiones básicas: la dimensión activa-dora y la dimensión direccional que se corresponden con funciones relativas al comportamiento, la activa-dora se asocia con aquellas funciones encargadas de dar energia a las respuestas y controlar su vigor y efi-cacia: a la dimensión direccional atañe el guiar elcomportamiento a fines específicos, es decir, dar una dirección al mismo (Cofer, 1972, Arnau, 1974). La motiva-ción es un proceso que no sólo debe explicar el nivel de activación de una conducta sino, del mismo modo, el porqué de su direccionalidad y persistencia en una dirección dada (Arnau, 1974).

Los procesos motivacionales ocupan un lugar muy importante en el análisis de la drogadicción. Las motiva-ciones para el uso, abuso o dependencia a sustancias adictivas, varían de un individuo a otro y en función de grupos, generaciones, comunidades y naciones (Pelechano, 1982; Vega, 1983).

Las motivaciones que conducen a un individuo al consumo de drogas, cambian en función de los diferen-tes momentos del proceso de adicción, generalmente, los motivos iniciales por los que se comienza suelen ser sustituidos, en la mayoría de los casos, por otros diferentes que hacen que se mantenga la adicción. En el inicio del consumo se produce un efecto positivo, sin embargo, una vez que aparece la adicción necesita consumir la sustancia para evitar el efecto negativo que le provoca la ausencia de la droga.

Las conductas adictivas comparten ciertas caracterís-ticas comunes, como son:

  • Mecanismos neurobiológicos que pueden facilitar el desarrollo de la dependencia.
  • Factores de aprendizaje y procesos cognitivos que intervienen en ellas.
  • Curso discontinuo de su evolución que seguiría unas fases o estadios típicos.
  • La frecuente vivencia subjetiva de “pérdida de control”(continúan pese a los esfuerzos del individuo por abstenerse o moderar su uso)
  • La obtención de gratificación inmediata a expensas, a menudo, de efectos negativos a largo plazo.
  • Las tasas de recaídas cuando el sujeto trata de cambiarlas por sí mismo o mediante un trata-miento (Pranken, 1982; Peele, 1985; Marlatt et al, 1988)

 

Las personas con problemas de adicciones, cambian a través de unos procesos cognitivos y conductuales que les lleva a recorrer unos estadios (Modelo transteórico de los estadios de cambio, descrito por Prochanska y DiClemente).

Partiendo de la ausencia de conciencia sobre la nece-sidad de cambiar (vida adictiva), se podría entrar en un circuito de cambio que, pasando por distintas etapas, llevaría a una vida sin adicciones.

 

Estos estadios de cambio son:

 

Precontemplación: En este estadio los adictos no creen tener ningún problema, no han pensado todavía en cambiar, ni siquiera se han planteado ponerse en trata-miento. Se clasificarían en cuatro: reacios, rebeldes, resignados y racionalizadores (Di Clemente, 1991).

Contemplación: En este estadio el adicto empieza a contemplar la posibilidad de cambiar, al menos en los próximos seis meses, es consciente de que tiene un problema. Esta fase se caracteriza por la ambivalencia “no tengo problemas con el alcohol pero la verdad es que últimamente bebo mucho”.

Preparación para la acción: En esta etapa de cambio ya se es consciente de que existe un problema y se comienza a hablar sobre la intención de cambiar “si tengo un problema con las drogas y tengo que dejarlas ¿qué puedo hacer? Aquí ya puede haber intentos de cambio.

Acción: En este estadio el sujeto adicto lleva a cabo cambios de comportamiento observables, bien por su cuenta o a partir de un tratamiento.

Mantenimiento: A partir de los 6 primeros meses de cambio, el sujeto entra en esta etapa. Se consolidan las ganancias que ha obtenido y se trabaja en prevención de recaídas ya que esta etapa no implica haber termi-nado el proceso, el riesgo de recaída persiste.

Recaída: Las recaídas suceden cuando las estrategias utilizadas en el estadio de acción o mantenimiento fracasan y esto puede provocar una vuelta a estadios iniciales de contemplación e incluso de precontemplación.

Finalización: Es la etapa donde se ha conseguido el control total sobre las situaciones de riesgo, no existe tentación de consumo y el nivel de eficacia y confianza en sí mismo es absoluto, suponiéndose que no se volve-rán a repetir los patrones de comportamiento que lleva-ron a la adicción.

Partiendo de la total falta de conciencia acerca de la necesidad de cambiar, sería la fase de adicción de los “precontempladores”, se puede entrar en un circuito de cambio que, a través de las distintas etapas, permita acceder a una vida libre de drogas. Es un modelo de cambio en espiral, ya que sugiere que los que recaen no giran sin parar en círculos y no regresan completamente al lugar donde comenzaron.

Muchas de las personas adictas no mantienen sus logros en el primer intento, la recaída ocurre con frecuencia, sin embargo, gran parte de ellos no abandonan sino que vuelven a comenzar en los primeros estadios para seguir avanzando en el proceso hasta la consecución del obje-tivo final: vivir sin drogas

 

BIBLIOGRAFÍA:

  • MAYOR,L. Y TORTOSA, F.: “Ambitos de aplicación de la psicología motivacional”. DDB, 1990
  • TEJERO, A. y TRUJOLS, J.: “El modelo transteórico de Pochanska y Di Clemente: un modelo dinámico de cambio en el ámbito de las conductas adictivas”. DEBATE, 1994

Isabel Cervera Guillem

Promoción Master11ª

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