RESEÑA DE UNA JORNADA PROFESIONAL DEL COLEGIO DE PSICOLOGOS

El pasado 25 de Febrero se celebró en Alicante las XIX Jornadas Profesionales del COPCV  “Implicaciones Psicológicas en los procesos Judiciales”.
Con gran interés y curiosidad asistí para seguir conociendo campos interesantes donde la Psicología se va abriendo paso y cada vez los psicólogos entran a formar parte de los equipos multidisciplinares de los juzgados y me parecía importante conocer cuál es el papel y el lugar que tiene el psicólogo en este campo.
En la misma se encontraban entre los asistentes profesionales, no sólo de la psicología que trabajan en el campo de la psicología jurídica, sino también, educadores de puntos de encuentro familiar y trabajadores sociales de centros de mujeres 24 horas interesados en conocer el abordaje psicológico.
La Jornada empezó con la conferencia “El trabajo del Psicólogo jurídico en los tribunales de justicia” a cargo de la decana de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Psicólogos de la Región de Murcia y perito psicóloga adscrita a los tribunales de Justicia Ilma. Sra. Dª María José Catalán Frías.
En esta conferencia se habló de la evolución histórica de la Psicología Jurídica, a nivel internacional desde comienzos de siglo hasta los años 30, destacan los trabajos pioneros de Stern, Binet y Münsterberg sobre los procesos psicológicos del testimonio. Y Münsterberg, en su libro On the Witness Stand, de 1907, propuso la utilización de un Test de asociación de palabras que ayudara a establecer la culpabilidad o no de los acusados, lo que le valió durísimos ataques entre los juristas.
En España, las primeras menciones históricas aparecen con la Ley de Sanidad Española de 1885 que crea el cuerpo llamado “Facultativos Forenses” y que es desarrollado y reorganizado por el Decreto-Ley de 1891.
En 1932 Emilio Mira y López publican el “Manual de Psicología Jurídica” donde esboza lo que él intuye que puede ser el futuro de la psicología en esta parcela.
Posteriormente en la década de los 70 aparecen los dos primeros precursores de esta área en España: Ramón Bayés, Muñoz Sabaté y Munné Matamala (1980) que con su recopilación de trabajos aparecidos en años anteriores, bajo el epígrafe de Introducción a la Psicología Jurídica, influyeron notablemente en los psicólogos forenses del momento.
Otro aspecto importante de esta conferencia, fue saber qué competencias de formación tiene que tener el psicólogo jurídico, como son tener formación en psicología clínica, psicopatología, evaluación y personalidad, evolutiva y procesos cognitivos básicos, tener amplios conocimientos sobre el mundo jurídico, terapia de pareja y criminología como las más importantes.

A continuación y después del descanso se inauguró la jornada de forma oficial por el Decano del Colegio de Psicólogos de la Comunidad Valenciana Ilmo. Sr. D. Francisco Santolaya Ochando. Y acto seguido comenzó la conferencia inaugural que fue muy interesante y tratada de una forma muy amena por el Ilmo. Sr. D. Ramón Jesús Vilalta Suárez, Decano del Colegio Oficial de Psicólogos del Principado de Asturias y responsable del área de psicología jurídica del COP. Esta conferencia llevaba por título: “La evaluación psicológica forense de la credibilidad del testimonio”.
En los diferentes ámbitos del ejercicio profesional del psicólogo, el disimulo, el encubrimiento, la exageración, el filtrado y el falseo de la información suministrada o la negación de problemas son fenómenos muy frecuentes y constituyen un importante obstáculo a la hora de realizar una correcta evaluación de cada caso y de tomar decisiones.
Una premisa imprescindible para el ejercicio profesional del psicólogo es la cooperación y la honestidad del cliente o paciente; de tal manera que la correcta evaluación y el diagnóstico psicológicos dependen de la honestidad y del deseo de aportar información, por la persona evaluada, así como de la precisión y veracidad de los datos que ésta suministra.
No tenemos que creer todo lo que nos dicen, porque nos pueden estar mintiendo para obtener algún tipo de beneficio legal o porque la persona padece trastorno de simulación  y también por deseabilidad social.

La última conferencia antes de la clausura fue “Implicaciones psicológicas en los procesos judiciales. Cómo pueden entenderse jueces y psicólogos”. A cargo de la Ilma Sra DªSandra Peinado Martínez, magistrada-juez titular del juzgado de familia de Elche. Una conferencia que podría haber sido muy interesante para conocer el punto de vista de los jueces que trabajan con temas de familia y tienen que decidir sobre quien ejerce la patria potestad del niño, régimen de guarda o custodia, régimen de visitas, etc. Muchas veces orientados por los psicólogos que emiten los informes periciales sobre el buen ajuste psicológico de los padres que beneficien la salud mental del menor.
Pero esta conferencia, en mi opinión, no fue del todo fructífera para los asistentes, ya que la conferenciante nos leyó de forma muy rápida y como si se tratara de una oposición o clase de universidad, la estructura básica de un juzgado: los tipos de juzgados que existen, los profesionales que trabajan allí que no incluye en principio a psicólogos, los términos jurídicos que se utilizan como por ejemplo, auto, sentencia y lectura de los conceptos esenciales en derecho de familia. Y cuando llegó el punto que todos los psicólogos estábamos esperando que era “la intervención de los psicólogos forenses en derecho de familia”, igualmente leyó una serie de leyes en la que está recogida la actividad del perito de forma rápida porque el tiempo se agotaba y nos quedamos con ganas de saber más cosas.

Un punto muy interesante por el que está trabajando y defiende la Magistrada Dª Sandra Peinado es la mediación familiar en los juzgados de Elche, que ayuda a resolver los conflictos familiares  de una forma no contenciosa y favorece el clima familiar.  Los jueces obligan a las partes que asistan a las sesiones informativas de mediación.
Por último la clausura tuvo lugar por la Directora Territorial de Justicia y Bienestar Social de Alicante, Dª Lucía Cerón Hernández. Que indicó que los juzgados de Alicante disponen de equipo técnico multidisciplinar que trabaja muy bien e incluye a psicólogos y trabajan dentro de los campos de la  psicología jurídica y aplicada al menor con menores infractores, psicología aplicada al derecho de familia, psicología aplicada al derecho civil, psicología aplicada al derecho laboral y psicología aplicada al derecho penal.

Marina Planelles. Máster 2009-2011.

TODOS PSICOLOGOS MENOS LOS PSICOLOGOS

“Enhorabuena señora, ha tenido usted a un precioso… psicólogo”. Así parece empezar la vida de cada uno de nosotros. Los niños de ahora ya no vienen con una barra de pan bajo el brazo, sino que lo hacen con un título universitario que les da potestad absoluta para poder ejercer como profesionales de la psicología, aconsejando a cualquier persona sobre el “remedio” para sus problemas e incluso, en infinidad de ocasiones, contradiciendo a los profesionales con frases lapidatorias como “eso no sirve para nada”, “qué sabrá este de la vida” o mi preferida “¿y para eso pagas, para ir a lo que te da miedo?”
Pero, ¿cuál es la imagen que se tiene del psicólogo? Hagamos memoria y retrocedamos al día en el que coincides con un amigo de la infancia que no veías desde hace mucho tiempo. Evidentemente, llega la pregunta: ¿Y tú, a qué te dedicas?, “soy psicólogo” le dices orgulloso de tu logro, a lo que involuntariamente, el amigo que se había alegrado tanto de verte retrocede un paso hacia atrás, la mandíbula se le descuelga y  los ojos se le desorbitan… y eso en el mejor de los casos, porque a semejante descomposición facial suele ir asociada siempre una frase que hace referencia al análisis mental o al escaneo cerebral utilizando los típicos poderes sobrehumanos que adquirimos los psicólogos al pagar la matrícula de la universidad.
En mi opinión, creo que la persona que no conoce el campo de la psicología tiende a pensar que el psicólogo es una especia de súper hombre capaz de leer el pensamiento, manipular sus acciones y dominar su mente, vamos, poco menos que el psicólogo es una especie de faquir domacobras. Pero no sólo eso, tiene un concepto sobre el ejercicio de la psicología que dista muchísimo de lo real, haciendo referencia siempre al diván, a la interpretación de los sueños o a la pantomima de la hipnosis.
Pero, ¿por qué esta imagen del psicólogo y por qué la sorpresa cuando se le explica lo que realmente hacemos? Personalmente creo que son varias las razones que han provocado que esta profesión no se valore como se debería y que la mayoría de las personas banalicen el trabajo, esfuerzo y talento necesario que hay detrás de cada una de las sesiones.
Una de las razones tiene que ver con las revistas para adolescentes, en las cuales podíamos ver que junto al imberbe, aunque angelical rostro de DiCaprio, se ofrecía la posibilidad de rellenar un súpertest que a priori no daba la sensación de tener validez alguna, pero que, eso sí, te decía y predecía (inquietante cuanto menos), tu personalidad, utilizando para ello unos 15 ítems con su escala de valoración situado en el margen derecho. Pero aquí no acaba la contribución de estas revistas al mundo del análisis de la psique humana, sino que, en las páginas venideras siempre estaba a disposición de los más atrevidos una sección especial para resolver problemas, utilizando para ello la aportación inestimable y especializada de un genio de la psicología capaz de hacer una valoración, un análisis exhaustivo del problema y extraer conclusiones claras para, posteriormente, dar con la solución y resumirla en 8 líneas, y todo esto, por poco más de un euro.
Pero no sólo las revistas han tenido la culpa, porque ni todos nos creemos que esta profesión sea tan sencilla ni todo el mundo las lee, por lo que, a mi parecer, la disparidad de consenso a la hora de realizar una efectiva terapia de conducta también contribuye a la confusión sobre las tareas del psicólogo y su forma de realizar su trabajo.
Otras tendencias, con más años de existencia que el conductismo, se han encargado de provocar la confusión utilizando técnicas cuya única utilidad es satisfacer la curiosidad morbosa del terapeuta, utilizando para ello instrumentos tan válidos como manchas de pintura, dejando al cliente expuesto a las inquietantes interpretaciones subjetivas del “profesional”.
Con esto quiero decir que las personas no saben la cantidad de tendencias que existen en el campo de la psicología (y mucho menos saben cuáles tienen resultados demostrados y cuáles son estafas manifiestas) y que, como es natural, extraerán conclusiones generalizadas, pensando que todo el mundo que se dedica a hacer terapia psicológica tendrá las mismas funciones y realizará el mismo tipo de trabajo. Poco menos que todos con diván, gafitas redondas y una barba bien perfilada.
En conclusión, se tiene muy poca información sobre la terapia bien hecha, sobre las tareas que se llevan a cabo en consulta y sobre el trabajo desempeñado por el buen profesional, y siguen circulando muchas leyendas urbanas sobre nuestra profesión, lo que provoca que al final todo el mundo tenga licencia para opinar sobre temas tan delicados como la salud mental (y física a su vez) de las personas.
Todo el mundo parece tener remedio para los problemas psicológicos, tanto propios como ajenos, sin embargo, si fuera tan sencillo solucionarlos, ni existiría esta profesión ni tendríamos clientes.

Juan José Cardona Castro. Promoción 22ª.

PEQUEÑOS ASPECTOS QUE PUEDEN CONVERTIRSE EN GRANDES OBSTÁCULOS

Cuando empiezas a trabajar en la práctica clínica, experimentas  una  serie de preocupaciones y temores los cuales, no me detendré a detallar, pero que a la gran mayoría de los que nos dedicamos a la psicología clínica nos aparecen al inicio de nuestra labor.
Esos temores desaparecen cuando compruebas una y otra vez que sabes poner en práctica de manera eficaz todo lo que has estado aprendiendo a lo largo de la completa formación. Sin embargo existen una serie de aspectos que al inicio, pueden no causarnos preocupación alguna, pero no por ello debemos pasarlos por alto. Son pequeños aspectos que, si no se abordan de manera eficaz pueden convertirse en grandes obstáculos que interfieran negativamente en la terapia con el cliente.

A pesar de mi reciente inclusión en la práctica clínica, algunos de estos pequeños aspectos han aparecido en diferentes sesiones que he realizado.
El primer aspecto al que quiero hacer referencia es el intento de alianza que se da en las sesiones de terapia de pareja, por parte de uno de los miembros de la relación. Me encontré con este aspecto  cuando  reuní a una pareja para hacer una sesión conjunta, y uno de ellos intentó formar una alianza conmigo. Mediante su comunicación verbal (argumentos persuasivos, auto descripciones positivas carentes de defectos, etc.) y su comunicación no verbal (búsqueda de la mirada, aquiescencia excesiva, etc.) intentó “llevarme a su terreno” y convencerme de que era poseedor de la razón en la relación de pareja. Independientemente de que sus argumentos pudiesen ser más lógicos y coherentes que los que daba el otro miembro de la pareja, caer en esa trampa habría supuesto un gran obstáculo para la terapia. Así que, equilibrando los tiempos de participación, mirando a los dos por igual y haciendo extinción, entre otras cosas, logré redirigir la sesión y por supuesto evité el intento de aliarse.

Otro de los aspectos a considerar es el conocer qué esperan los clientes de la terapia. Recientemente tuve una sesión con los padres de un niño de 9 años y al finalizar la sesión con ellos,  les expliqué las tareas necesarias a realizar con su hijo durante la semana, con el fin de que los cambios que ellos mismos pedían para su hijo empezaran a instaurarse. Mostraron cierto asombro al escuchar mi planteamiento pues no esperaban que ellos tuvieran que hacer tarea alguna en casa. Sus argumentos demostraron que, esperaban que con las sesiones semanales de terapia con el niño, éste tuviera suficiente. Y es que, muchos padres tienen la creencia errónea de que el psicólogo es el que tienen que “arreglar” a su hijo sin que ellos como padres deban realizar nada al respecto. Por ello, fue necesario recordar el papel del psicólogo en el proceso terapéutico.

Siguiendo en la línea de sesiones con padres, observé en una de esas sesiones otro de los aspectos a los que vengo haciendo referencia, conocer los posibles tratamientos anteriores. Tener en mi mano esa información me ayudó a conocer qué otras posibles técnicas y pautas habían puesto en práctica esos padres y cuáles habían sido los resultados. Además, en las siguientes sesiones donde les planteé las pautas a seguir me comentaron que ya las habían aplicado en otras ocasiones y no les habían funcionado. Gracias a la información que pude recoger sobre ello en la evaluación pude plantearles los aspectos que podían mejorar, para que esta vez, pudiesen dar el resultado en el comportamiento de su hijo. Reforzando, antes de todo, el interés y esfuerzo que habían dedicado por conseguir cambios positivos en su hijo en ocasiones anteriores.

El último aspecto que me gustaría subrayar, es el que hace referencia a cómo llegan los clientes a terapia. Aprecié la gran influencia que tiene conocer esta información cuando empecé a  tratar con un adolescente que venía a terapia obligado por sus padres y al tratar con otro adolescente que había llegado por iniciativa propia por un problema social. El preguntar cómo habían llegado a terapia me ayudó a plantear la sesión de evaluación (preguntas abiertas o cerradas, refuerzos notables cuando se daba información detallada, etc.) de manera distinta. Todo ellos, me permitió manejar las respuestas monosilábicas y la escasa participación  que proporcionaba el adolescente obligado por sus padres y convertirla en una mayor participación y colaboración (que sí estaba presente en el adolescente que había acudido voluntariamente).

Así pues, las alianzas,  las expectativas de la terapia, los tratamientos anteriores y cómo llegan los clientes a terapia, son cuestiones  importantes a tener en cuenta en todos los casos, independientemente del problema que tenga la persona que acude a terapia. Aparte de los comentados, existen otros tantos. De modo que, será cuestión de seguir desarrollando la labor clínica para abordarlos eficazmente y de nuevo, darlos a conocer.

Ana Zamora. 22ª Promoción.

TATAMI TERAPIA

Tatami Terapia es un programa de intervención dirigido principalmente a niños y niñas de entre los 5 y los 12 años con Trastorno de Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDA-H). Una amplia base teórica así como el resultado de investigaciones realizadas sobre el tema, dan lugar a la estructuración de las sesiones terapéuticas a través de juegos de tatami. Utilizando como escenario la disciplina del Judo y mediante la autoevaluación con refuerzo, el alumno desarrolla habilidades individuales y sociales que pueden ser trasladadas a su día a día. El tatami se convierte en un lugar donde los niños pueden hacer deporte y divertirse al mismo tiempo que aprenden habilidades tan útiles como el autocontrol, la organización, mantener la atención o relacionarse eficazmente con sus compañeros.

Podríamos decir que la meta de la intervención terapéutica es desarrollar en los niños estrategias y destrezas, tanto psicológicas, como emocionales y conductuales, que les permitan responder a las demandas de su entorno, satisfacer sus necesidades y disminuir el impacto del TDA-H, tanto a nivel individual, como familiar y comunitario.

Por otro lado, los aspectos específicos que trabajamos con los alumnos, van dirigidos a mejorar las capacidades atencionales, las habilidades sociales, la autoestima y la psicomotricidad.

El desarrollo de la atención selectiva y mantenida es muy importante a la hora de adquirir aprendizajes en el ámbito académico. Alcanzar el desarrollo óptimo de estas capacidades atencionales sería uno de los aspectos específicos que trabajamos en Tatami Terapia, entrenándolos para que sean capaces de:

– Mantener la atención en una tarea durante un tiempo.
– Realizar tareas que requieran un esfuerzo atencional.
– Atender a dos o más estímulos de manera simultánea.
– Disminuir el número de interrupciones mientras alguien está hablando.

Una de las actividades que utilizamos para trabajar la atención es el juego del “¡YA!”. Se les da una indicación a los alumnos (sentados con las piernas estiradas, tumbados boca abajo, tumbados boca arriba, a cuclillas, etc.) y tienen que llevarla a cabo siempre que el profesor diga ¡ya! Durante el programa se van aumentando el número de indicaciones y la rapidez con la que se les dan para ir dificultando la actividad. En ocasiones también omitimos la palabra clave para comprobar que mantienen la atención.

El programa dedica una especial atención a las habilidades sociales puesto que están consideradas como una herramienta fundamental para el éxito personal y profesional en el mundo actual. Además, el contexto en el que trabajamos es el idóneo para practicar este tipo de habilidades. Los objetivos en este aspecto van dirigidos a:

– Mejorar las habilidades básicas de interacción social.
– Mejorar sus habilidades para hacer amigos.
– Mejorar las habilidades conversacionales.
– Desarrollar sus habilidades relacionadas con los sentimientos, emociones y opiniones.
– Desarrollar y practicar las habilidades de solución de problemas interpersonales.
– Desarrollar y practicar las habilidades para relacionarse con los adultos.

Los trastornos de conducta muchas veces van asociados a otros trastornos como la baja resistencia a la frustración o problemas relacionados con la baja autoestima. El programa añade a las actividades sistemas de refuerzo que mejoran estas deficiencias y se establecen unas normas donde el alumno aprende a respetar a los compañeros y al profesorado. De esa manera, tratamos de mejorar la autoestima:

– Ampliando el autoconcepto que tiene el alumno con el reconocimiento y apoyo de sus habilidades.
– Desarrollando la capacidad de valorar el esfuerzo más que el resultado concreto.

Por otro lado, se mejoran esos problemas de conducta estimulando el desarrollo de las habilidades que componen las funciones ejecutivas relacionadas con la capacidad de autorregulación del comportamiento tratando de:

– Mejorar la actuación de la capacidad de autorregulación comportamental, que comprende la capacidad de inhibición comportamental, flexibilidad cognitiva y control emocional.
– Mejorar la actuación de los procesos metacognitivos relacionados con el control inhibitorio como son la memoria de trabajo, la capacidad para afrontar y resolver tareas y problemas, la capacidad de organizar y planificar, la capacidad de organización, auto-observación y auto-evaluación.

Durante las sesiones, llevamos a cabo una economía de fichas con los niños para aumentar las conductas deseadas y positivas y disminuir las problemáticas. A lo largo de la sesión, los profesores les ponemos puntos de forma intermitente por conductas que consideramos deseables como mantenerse esperando en la fila hasta que llega su turno, levantar la mano antes de hablar y esperar a que se le de el turno de palabra, cambiarse rápido de ropa, ignorar a un compañero que le está molestando, etc. Estos puntos se van acumulando y cuando llegan a un número de puntos determinado pueden examinarse para cambiar de color de cinturón. Además, cada día tienen que autoevaluarse e indicar el comportamiento que han tenido en casa sesión. Mediante este procedimiento lo que pretendemos es que el niño sea capaz de evaluar su propio comportamiento, de aprender a felicitarse y de autorreforzarse.

El Judo, además, tiene beneficios sobre diferentes aspectos de la psicomotricidad. Cada niño la desarrolla dentro de sus posibilidades individuales y trabajamos con diferentes ejercicios para que los alumnos puedan:

– Adquirir equilibrio estático y dinámico.
– Desarrollar el control y habilidad de coordinación de los movimientos de piernas y brazos.
– Adquirir las habilidades de coordinación motora para la realización de actividades en marcha.
– Mejorar la flexibilidad general y segmentaria.
– Mejorar el conocimiento del esquema corporal.
– Mejorar la orientación espacio-temporal.

Un ejemplo es el juego “¡PÍLLAME!” En esta actividad, los alumnos se ponen por  parejas. Uno de ellos está tumbado boca arriba con las piernas flexionadas para así poder desplazarse sobre la espalda con giros hacia un lado u otro. Su pareja se sitúa delante de él de pie. El que está tumbado tiene que ir girando de forma que su compañero siempre esté delante de él y no consiga tocarle la cabeza. Cuando uno toca la cabeza al otro se cambian las posiciones.

Desde Tatami Terapia ayudamos a conocer y apreciar el propio cuerpo y a contribuir en su desarrollo, adoptando hábitos de salud y bienestar y valorando las repercusiones de determinadas conductas sobre la salud y la calidad de vida.

En definitiva, el objetivo principal es desarrollar un espacio donde los niños y adolescentes:

– Jueguen con otros compañeros de la misma edad ajustándose a las reglas y a las normas que se les plantean por parte de los profesores.
– Jueguen al mismo tiempo que hacen un deporte recomendado por la UNESCO y que fomenta el desarrollo psicomotriz.
– Se involucren en una disciplina que lleva implícita una filosofía que incide en el esfuerzo y el trabajo bien hecho sobre las grandes victorias. Somos conscientes de que es el camino de hacer grandes personas.
– Aprendan unos valores deportivos y saludables que recompensan el respeto entre compañeros, a los adultos y a los profesores, pero también al material y hacia uno mismo.
– Cooperen como equipo a través del apoyo que se dan unos a otros, donde la convivencia se basa en respetar las virtudes y debilidades de los demás.
– Desarrollen mecanismos para canalizar la rabia y los miedos, emociones que pueden aparecer en cualquiera de nosotros en un momento dado, pero que mal gestionadas se pueden volver en nuestra contra.
– Darles la oportunidad de sentir que están haciendo las cosas bien y que éste sentimiento les impulse a seguir realizándolas de esa manera.
– Y, sobre todo, que aprendan a disfrutar aprendiendo. El aprendizaje es un placer inherente al ser humano y, aunque a veces nos olvidemos, somos más felices cuando aprendemos y cuando vemos que mejoramos.

Sin duda, Tatami Terapia basa su estrategia en dotar de fuerza y herramientas al alumno con TDA-H para trasladar esa motivación por aprender Judo hacia otros ámbitos de la vida donde, a veces, son prejuzgados de forma negativa.

Ana Belén Alcón Jiménez. Promoción 22
Psicóloga de intervención de Tatami Terapia

TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA Y LA SOCIEDAD

Durante once meses tuve la oportunidad de observar a personas que sufrían Trastornos de la Conducta Alimentaria. A parte de haber sido una experiencia reconfortante y enriquecedora, me ha motivado a escribir este artículo de opinión, en el cual me gustaría hacer una pequeña reflexión sobre los Trastornos alimentarios y la sociedad actual.

Los Trastornos de la Conducta Alimentaria se caracterizan por comportamientos anómalos en los hábitos alimentarios y un miedo fóbico a aumentar de peso. No obstante, detrás del trastorno alimentario hay muchas áreas igual de importantes que deben ser atendidas por los profesionales, como son las habilidades sociales, autoestima, desequilibrios emocionales, distorsiones perceptivas y muchos aspectos  que influyen en el mantenimiento del trastorno.

En este periodo reforcé los conocimientos en cuanto a tratamiento de los trastornos alimentarios, por ejemplo en la realización de Terapia Cognitiva grupal, donde se les enseñaba a identificar las distorsiones cognitivas generadas por el propio trastorno y a modificarlas mediante una serie de estrategias. Lo que más llama la atención fue como pueden entender los pensamientos de los demás al verlo de forma objetiva. Sin embargo, aceptar los propios pensamientos y ponerlos en tela de juicio  es un proceso costoso por mucho que se asemejen a los de sus compañeros. Además, la mejor forma de modificar las creencias irracionales es mediante la comprobación y experimentación de que los pensamientos determinan la forma de comportarse.
Por ello es importante no sólo entender el problema más allá de la literatura, más allá de la teoría sino entender la carga emocional y las cogniciones que se esconden tras unas conductas que pueden pasar desapercibidas ante los demás o incluso que pueden no ser objeto de atención por el entorno debido a lo inculcadas que están en la cultura que nos rodea.

Podría destacar una gran cantidad de sensaciones y aprendizajes prácticos, pero lo que realmente pienso que merece especial atención son las influencias externas que están a la vista de todos e influyen  en el inicio y mantenimiento de los trastornos de la conducta alimentaria.

No solo repercuten las variables de vulnerabilidad psicológica y biológica, sino que estamos bombardeados por un sinfín de exigencias, anuncios publicitarios y valores culturales sobre la belleza que afectan a nuestra forma de pensar y juzgar a las personas. Quién no ha pensado en un momento dado: “Voy a hacer ejercicio porque llega el verano”, “¿Cuántas calorías tiene esto?” o “Quiero ser como las modelos”. A simple vista, no nos parece extraño que alguien realice ciertos rituales a la hora de comer, pero, ¿Realmente la sociedad es consciente de lo que es un problema en la conducta alimentaria? ¿Por qué entendemos a una persona que presenta ansiedad ante la situación de hablar en público, pero no llegamos a comprender que otra presente las mismas reacciones físicas ante un plato de comida? Y es más, ¿Estamos educando a los jóvenes en la prevención y riesgos de los trastornos de alimentación?
Al igual que es importante prevenir sobre temas como sexualidad o drogodependencias, es conveniente que las nuevas generaciones conozcan estos trastornos, tanto sus características como sus consecuencias. Sobretodo, entender que un simple insulto o una broma de mal gusto sobre la apariencia física (las cuales llevamos escuchando desde la infancia) pueden acarrear consecuencias graves. No sólo son importantes este tipo de vejaciones, también lo son los mensajes implícitos que desde pequeños vemos, leemos y escuchamos, a los que les damos más importancia al llegar a la adolescencia por el hecho de gustar a los iguales. Realmente ¿es tan importante la apariencia física para triunfar en otras áreas de la vida? La mayoría responderá que no, entonces, ¿por qué seguimos reforzándolo?

Con todo esto, me gustaría que tanto a los profesionales de otras áreas distintas a la Psicología como a la sociedad en general reflexionaran sobre el motivo del aumento de estos trastornos en los últimos años y sobre la importancia que tiene una educación  nutricional, psicológica y social a tiempo. Evidentemente no es el resultado de una investigación sino una reflexión desde mi experiencia.

Beatriz Estopiñá Juliá. Promoción 22ª.

COSAS DE LA EDAD

“Desde que mi marido faltó hace ya más de dos  años siento como si ya no me quedara nada. Cuando él estaba salíamos con unos amigos, íbamos a pasear… pero ahora no tengo ganas. He dejado de salir y de hacer todas las cosas que hacíamos juntos y estoy todo el día sola en casa mirando la televisión. Ni siquiera tengo ganas de cocinar para mí, antes preparaba muchas cosas porque él era muy buen comedor y le gustaban mucho mis recetas, salía a hacer la compra… pero ahora prácticamente ni como. Mis hijos vienen a visitarme una vez por semana pero la mayor parte del tiempo me siento sola y la soledad es muy mala porque te hace darle demasiadas vueltas a la cabeza. A veces pienso que mi vida ya no tiene sentido y lo mejor sería morirme, así no molestaría a mis hijos y yo acabaría con esta pena que tengo por dentro.”
Éste es el testimonio de una señora de 82 años, viuda desde hace dos, que reside en un medio urbano y que podría coincidir con el testimonio de muchas otras personas mayores. Es cierto que las emociones cambian a lo largo de toda nuestra vida y que en el último tramo de nuestras trayectorias éstas parecen aflorar con mayor facilidad. Por ello mucha gente podría pensar que un testimonio como el anterior podría deberse sin más a “cosas de la edad”, sin embargo, en muchas ocasiones es necesario ir un poco más lejos y tratar de descubrir si tras esas “cosas de la edad” se encuentra algún problema de fondo de peores implicaciones.
En estos últimos años estamos asistiendo a un fenómeno excepcional en la historia de la humanidad, y es que cada vez las personas somos capaces de vivir más años, lo que está dando lugar a una sociedad cada vez más envejecida. Según las estadísticas, a principios del año 2011 la proporción de personas mayores respecto al total poblacional era del 17’2% y lo que es aun más sorprendente es el porcentaje cada vez mayor de los octogenarios alcanzando el 5’1% de la población. Estos datos muestran cómo el colectivo de personas mayores cada vez tiene más peso y relevancia en nuestras sociedades por lo que es necesario atender a todas sus necesidades.
Los avances en los campos de las nuevas tecnologías y en la medicina, unidos a las mejoras en la alimentación, hábitos de higiene, políticas y recursos sociales, etc., están dando cobertura a gran parte las demandas de este colectivo, sin embargo queda mucho camino por andar, ya que la atención y mejora para estas personas debe abarcar todos los ámbitos de sus vidas, sin embargo muchas veces nos olvidamos de la parte emocional pudiendo desembocar en problemas psicológicos que pongan en riesgo el bienestar de la persona.
Actualmente la depresión es uno de los principales problemas de salud a los que tienen que hacer frente las personas mayores. Existen numerosos estudios sobre la depresión en la tercera edad y a pesar de encontrar resultados muy dispares en función del instrumento de evaluación o del grupo poblacional (personas hospitalizadas, institucionalizadas o en su entorno), existen grandes coincidencias en cuanto a los déficits que hay tanto en el diagnóstico como en el tratamiento de estos pacientes.
Parte de estos déficits en el diagnóstico, y por consiguiente en el tratamiento, se deben a una serie de características especiales que tiene la depresión en las personas de tercera edad. Aunque la depresión pueda considerarse como una disminución relevante del estado de ánimo, muchos ancianos pueden no manifestar estos sentimientos de tristeza por considerarlos “normales” a su edad, y sin embargo pueden agravarse problemas de salud física por la somatización del estado emocional negativo. Lo que tendrá como consecuencia una depresión enmascarada que será difícil de detectar puesto que las quejas serán de tipo físico.
Por otro lado, también existe problema para diagnosticar cuando nos encontramos con posibles cuadros de demencia, porque aquí nos surge la cuestión de qué fue primero: ¿está deprimido porque es consciente de su pérdida de capacidades provocada por la demencia o es el estado depresivo el que merma su cognición dificultando su atención, memoria, razonamiento, etc.?
Lo que es indiscutible e inevitable es que el envejecimiento está íntimamente relacionado con la palabra pérdida. En este período de la vida existen pérdidas a todos los niveles.
? Pérdidas físicas: disminución en la movilidad, disminución en el estado de salud, disminución de la capacidad sexual, y disminución del funcionamiento en general.
? Pérdidas sociales: pérdida de status, de roles, de ingresos, de amigos, del cónyuge…
? Pérdidas psicológicas: disminución autoestima, de la capacidad mental, aumento de la dependencia…

Todas estas pérdidas pueden desembocar o agravar en el anciano un problema depresivo. Además existe un grave riesgo entre la población geriátrica con depresión, el alto índice de suicidios. Los estudios demuestran que, aunque es difícil de determinar exactamente, la proporción de pacientes geriátricos que tienen ideas de suicidio o que llegan a consumarlo es mayor respecto al resto de la población deprimida. Según estos datos nos encontramos ante un problema muy serio que ha de ser tenido en consideración y para el que hay que desarrollar nuevas y más precisas estrategias y para detectarlo precozmente.

Por otro lado, si atendemos al tipo de tratamientos que actualmente se utilizan para la depresión nos encontramos con otro problema añadido ya que en muchas ocasiones los antidepresivos no son recomendables en el paciente anciano porque interaccionan con otros medicamentos. Los fármacos más utilizados son los ISRS, que aunque presentan algunos efectos secundarios, han demostrado buena eficacia. En pacientes donde la farmacología no es posible por las posibles interacciones, cabe la posibilidad de utilizar TEC (terapia electroconvulsiva) que también ha demostrado buenos resultados con este colectivo. Sin embargo, en la práctica se observa que estas medidas son insuficientes y que hay que desarrollar tanto recursos sociales como psicológicos para afrontar este grave problema. Algunos aspectos importantes que debemos tener en cuenta a la hora de manejar la depresión con este colectivo son: crear, ampliar y reforzar los contactos sociales, obtener el apoyo familiar, eliminar barreras arquitectónicas que aumenten su nivel de dependencia, permitir a la persona que exprese cómo se siente y enseñarle a trabajar con sus emociones negativas y sus pensamientos derrotistas.

Hay una cosa que no debemos olvidar y es que a pesar de que el envejecimiento es una época de pérdidas, no todas las personas mayores se deprimen, e incluso muchas de estas personas hacen de la vejez una época de crecimiento y disfrute personal, de nuevos aprendizajes y experiencias de las que no habían podido disfrutar en etapas anteriores. Por ello sería interesante conocer y entender  cómo piensan y cómo actúan estas personas, qué estrategias utilizan en su día a día, en qué tipo de actividades invierten su tiempo, etc., porque pueden darnos muchas ideas sobre cómo hacer frente a este problema.

La depresión en el paciente anciano no es una batalla perdida a pesar de las dificultades con las que nos encontramos, si no todo lo contrario, es un campo abierto a la investigación y al progreso en el que aún queda mucho camino por recorrer. Tanto para desarrollar mejores métodos de evaluación que nos ayuden a detectar rápida y eficazmente a estos pacientes deprimidos como para buscar métodos y terapias eficientes que den respuesta a las necesidades especiales de este colectivo.

FUENTES CONSULTADAS

http://www.imsersomayores.csic.es/

http://www.geriatrianet.com

ABELLÁN GARCÍA, Antonio; ESPARZA CATALÁN, Cecilia (2011). “Un perfil de las personas mayores en España, 2011. Indicadores estadísticos básicos”. Madrid, Informes Portal Mayores, nº 127. [Fecha de publicación: 28/10/2011].

LÓPEZ TRIGO, JOSÉ ANTONIO (2001). “La depresión en el paciente anciano”. Málaga, Revista Electrónica de Geriatría y Gerontología, vol. 3, nº 2.

ZARRAGOITIA ALONSO, IGNACIO (2003). “La depresión en la tercera edad”. La Habana (CUBA), Revista Electrónica de Geriatría y Gerontología vol.5, nº2.

YANGUAS LEZAUN, J.; PRIETO SANCHO, D.; BUIZA BUENO, C.; ETXEBERRIA ARRITXABAL, I.; GONZÁLEZ PÉREZ, M.; GALDONA ERQUIZIA, N; URDANETA ARTOLA, E. “Emociones y envejecimiento”. Fundación Viure i Conviure de la Obra Social de Caixa Catalunya

Mª Ángeles Rodríguez López. Promoción 22ª

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.Más información...

ACEPTAR
Aviso de cookies