En la introducción, el autor se propone un doble objetivo: Por un lado, llegar a una explicación satisfactoria de los fenómenos de infelicidad en la vida humana, y en segundo lugar, examinar maneras concretas de disminuir esa infelicidad.

Para conseguir estos objetivos el autor se basa en la Terapia Racional Emotiva de Albert Ellis, lo cual queda plasmado perfectamente en el primer capítulo “Descubrir las emociones”, en el que propone la idea de que en ocasiones nos sentimos infelices por algo que está en nosotros mismos o por la importancia que damos a acontecimientos externos, es decir la fuente de infelicidad estaría en las ideas que nos expresamos a nosotros mismos a propósito de acontecimientos externos o personas, por tanto si utilizamos la razón de manera adecuada es posible que se reduzca el número y la intensidad de los sentimientos negativos.

En el 2º capítulo “Las ideas no realistas y la confrontación” se explica como hay ideas que no se adecuan a la realidad, éstas han sido adquiridas gradualmente a lo largo de la vida, por lo que no se dejan eliminar fácilmente, el trabajo consistirá en confrontarlas con la realidad y ver si se adecúan o no a ella, si no se pueden verificar habrá que cambiarlas.

Para poder cambiar algo primero uno tiene que darse cuenta de ello, y eso es lo que el autor explica en el capítulo 3º: “Caer en la cuenta de los comportamientos neuróticos y librarse de ellos”.

En el capítulo siguiente “La influencia de la infancia” se habla de que los sucesos acontecidos en la infancia y la asolescencia no tienen más importancia en la presencia de turbaciones emotivas de la edad adulta que todos los demás acontecimientos de la vida, pero de igual forma que se ha aprendido esas ideas irracionales, también se puede aprender a deshacerse de ellas y reemplazarlas por pensamientos más realistas.

En el resto de capitulos, el autor hace una análisis práctico de las principales ideas irracionales. Así, por ejemplo, en el capítulo 5º analiza la idea “Necesito ser amado” en el que afirma que no tiene sentido lamentarse porque a una persona no la amen. No existe una necesidad vital. Lo esencial es aceptarse a sí mismo de manera realista, sin razones específicas.

Otro aspecto importante será entender correctamente lo que es el amor verdadero, éste proviene del sentimiento, pero también de la decisión, el juicio y la voluntad.

Ante el pensamiento “Tengo que triunfar” el autor pretende romper con la actitud tan extremadamente perfeccionista que poseen algunas personas. Es necesario asumir que las personas nunca pueden ser perfectas, sino limitadas y falibles, por ello no es posible hacer perfectamente las cosas, es normal cometer errores y lo importante es aprender de ellos y hacer las cosas lo mejor que se pueda sin obsesionarse.

En el capítulo 7º se analiza “Yo soy un miserable y los demás unos cerdos” y constata que se trata de una idea absurda por varias razones, una de ellas es que confundir a una persona con sus actos es abusivo. Otra de las razones, sería que las personas han aprendido a vivir y a pensar de una manera determinada por lo que están lejos de tener la libertad totalmente desarrollada en la edad adulta y cuando se les reprocha sus actos inadecuados se presupone en ellos una libertad de elección que probablemente no poseen.

En tercer lugar, no hay que olvidar que tanto el concepto de bondad/maldad varía de una cultura a otra, e incluso también en el mismo contexto social.

Ante la exclamación repetida de “Esto es una catástrofe!” que conlleva el pensamiento de que las cosas no marchan como se desearía y eso es algo terrible, horrible… es necesario no aumentar la frustración, pues lo que sucede ya ha ocurrido y no tiene sentido pensar que no hubiese pasado.

Es nuestra valoración de las cosas la que nos lleva a llamar catástrofe lo que no es más que molesto.

En numerosas ocasiones utilizamos como defensa el pensamiento “La culpa es de los demás” para convencernos de que las desdichas vienen del exterior y somos relativamente incapaces de deshacernos de las penas y aflicciones. Sin embargo, el autor propone que en vez de perder energía intentando modificar las acciones y actitudes de los demás, nuestros esfuerzos estarían mejor empleados en cambiar nuestras ideas no razonables, ya que interiormente cada uno de nosotros somos inalcanzables, inviolables.

Si a menudo pensamos “Estoy agobiado” debemos recordar que puesto que las cosas pueden ser peligrosas, es inevitable que la angustia esté presente en nuestras vidas, que el temor puede ser útil, pero puede ser peligroso . Es cierto que resulta muy difícil hacer desaparecer los temores no realistas, pero también es realmente lamentable que un exceso de perfeccionismo lleve a que la ansiedad produzca un sentimiento de culpabilidad. Es más útil liberarse de la ansiedad por el pensamiento y por la acción.

Cuando nos aturdimos frente a las dificultades, las eludimos y añadimos: “Es demasiado difícil…” y esto aunque pueda resultar cómodo se va convirtiendo en un problema para nosotros mismos. Es cierto que hay cosas difíciles, la solución que propone el autor no es evadirse, sino introducir un poco de autodisciplina.

Muchas veces nos excusamos con la idea “Sí , pero mi pasado… ” y como demuestra Auger, en el capítulo 12 también se trata de una idea inadecuada, puesto que aunque los primeros años de nuestra vida la escribieron nuestros padres y la sociedad, cuando uno llega a la vida adulta puede empezar a escribir libremente su propia historia, nada nos obliga a continuar escribiendo como los demás empezaron a hacerlo.

Otras veces, las personas piensan “Debería ser de otro modo” y anhelan que las cosas y las personas sean distintas de lo que son, pero el mundo es como es y poco podemos hacer, pero sí podemos evitar someternos a ser más desgraciados de lo necesario, podemos evitar desear que las cosas tengan que ser diferentes, en definitiva, sería mejor ir adaptándose al contexto en el que vivimos ya que circunstancias nuevas requieren respuestas nuevas, puesto que las soluciones perfectas nos existen.

A veces , la pasividad nos lleva a pensar “Es demasiado fatigoso…”, es mejor dejarnos ir por la inercia e inacción. Esta idea priva al individuo de la satisfacción que podría obtener si realizase la acción, comprobando que realmente no era fatigoso ni penoso como pensaba.

Al final del libro el autor, añade un Apéndice en el que aparecen ejercícios de confrontación.

Para finalizar, podríamos decir que “Ayudarse a sí mismo…” es un recorrido a través de las ideas irracionales.

Pretende que el lector aprenda que simplemente el hombre por ser humano, posee un espíritu que le permite liberarse de gran parte de sus trastornos personales. Es conveniente aprender a pensar correctamente e identificar los pensamientos inadecuados, para poder cambiarlos y así mejorar considerablemente su vida personal.

En definitiva, consideramos que es un libro de lectura fácil y recomendable para ser utilizado por el cliente como apoyo en terapia cognitiva, decimos como apoyo, porque aunque el autor lo considera como Manual de autoayuda, nos parece difícil sin la intervención de un terapeuta poder llevar a cabo un cambio estable de pensamientos.

(Lucien Auger Ed. Sal Terrae. Santander 1996 )

Asunción Villanueva Martín

Pepa Palau Catalá

MASTER 1993-95

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.Más información...

ACEPTAR
Aviso de cookies