Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, “Prevención” es la preparación, disposición que se toma para evitar algún peligro.

Lo que nosotros consideramos un peligro, en este ámbito de trabajo, son las conductas de riesgo que más tarde pueden condicionar al menor y causarle graves problemas en su propio desarrollo. Estamos hablando de prevenir, no de intervenir terapéuticamente, aunque a veces se haga.

¿Cuál es el peligro?: malos aprendizajes, es decir, conductas que sean nocivas para la salud del joven, menor en este caso (conductas adictivas, malos hábitos alimenticios, aprendizajes autodestructivos, origen de fobias, trastornos de ansiedad, pensamientos no realistas, conductas sexuales dañinas para el ser humano, error en la búsqueda y mantenimiento de refuerzos.)

Durante mi experiencia trabajando con adolescentes, primero en una vivienda tutelada y en la actualidad en un proyecto de prevención de conductas de riesgo, considero un acierto y un buen punto de partida el situarme en un modelo y pensar desde dicho modelo, en este caso el modelo cognitivo-conductual. Creo que las conductas aprendidas en la mayoría de la población con la que trabajo actualmente, detrás de las que hay unos determinados pensamientos, más o menos estructurados, vienen a suceder sobre el periodo de los 12 a los 16 años. A partir de esta edad creo que es bastante complicado hablar de prevención y tendríamos que hablar de intervención propiamente dicha, cuando los comportamientos dañinos están ya aprendidos y forman parte del joven.

Pero el problema que nos vamos encontrando es el ¿cómo hacer esa prevención?Los objetivos de muchos proyectos de prevención están marcados por lo que los profesionales quieren que haga el menor, con lo que nosotros queremos que los menores utilicen como refuerzo sobre todo en su tiempo libre. Yo me pregunto ¿Por qué cuando hablamos de otro tipo de tratamientos preguntamos a los clientes o usuarios cuáles son o les gustaría que fueran sus refuerzos y cuando hablamos de menores (12-16 años) no lo hacemos y directamente establecemos nosotros los refuerzos o las actividades gratificantes? No lo sé. Lo que sí vamos averiguando es que los menores que pueden elegir sus propios refuerzos o sus propias actividades gratificantes son más felices y además piensan de forma más realista, pues tienen la posibilidad de comparar (pensar) en términos de cosas que conocen y que están experimentando cada dos días en un centro que ya toman como referencia.

Yo creo que esto va siendo posible porque han sido ellos los que han tenido la posibilidad de elegir y siguen siendo ellos los que deciden las planificaciones trimestrales, siempre dentro de un marco realista y constructivo. ¿Es posible que así podamos enseñar a pensar?, ¿Es posible que podamos enseñar a que los chavales tomen decisiones valorando lo que es cierto, útil, agradable y reforzante en sus vidas?.

Con el tema de los refuerzospartimos de la base, algunos profesionales y algunas instituciones de que son nuestros refuerzos los correctos y creo que cada vez queda más claro que los refuerzos los va encontrando cada ser humano conforme va practicando o entrenando diferentes conductas y se da cuenta de que estas le producen determinada “alegría”. Lo importante en el campo del menor es encontrar esas actividades que le produzcan esa “alegría”. Un ejemplo: yo estoy trabajando en un programa de prevención de riesgos, pero aborrezco el “bacalao” (música que algunos jóvenes adoran), pero en cambio a mí me encanta jugar al tenis, lo cual es un auténtico martirio para los chavales con los que trabajo. Yo soy el que tengo que encontrar buen “bacalao”, si es que existe, no son los menores los que tienen que disfrutar con el tenis.

Tendremos pues que encontrar su “Sistema de refuerzos”, marcar lo que les gusta, ayudar a sacarles con diferentes técnicas lo que les anima y ayuda a vivir felices, teniendo claro que sus refuerzos no son los mismos que los nuestros.

Lo que se pretende es poco a poco ir introduciendo a través del juego (adaptado a menores en estas situaciones) la ayuda necesaria para que ellos encuentren sus propios refuerzos. Que salgan felices de las actividades o sesiones, y que aprendan a ocupar su tiempo libre en aspectos sanos para la persona. Es muy importante el entorno socio-cultural de los chavales y la edad, ya dije antes que, desde lo que yo conozco, creo que se puede hacer prevención de conductas de riesgo, de los 12 a los 16 años, pues éste es un periodo de aprendizaje importante. Ya sabemos que un principio fundamental del aprendizaje es la atención, con lo cual, tenemos que realizar esfuerzos por trabajar en esta línea. La atención en todo este tipo de actividades extraescolares, se trabaja haciendo partícipes a los menores de lo que quieren o no desarrollar en los tiempos marcados y la sorpresa en mi caso está siendo que de alguna forma les sigue interesando lo mismo aunque desde distintas prespectivas; el deporte, las nuevas tecnologías, la propia pertenencia a un grupo o el desarrollo de su creatividad.

Creo que el trabajo del psicólogo en este tipo de programas de prevención de riesgos es el de evaluar al grupo descubriendo lo que desea hacer, el de darle la posibilidad de llevarlo adelante, favoreciendo un marco en el que puedan cohesionarse como grupo abierto y además el de proporcionar un lugar donde aprendan habilidades tan fundamentales como el saber decir que no, el de iniciar conversaciones etc…, lo que todos conocemos como habilidades sociales, pero desde lo que van haciendo, no desde lo que sus propios impulsos les van marcando. El resto del trabajo consiste en entrenar a los educadores, que también son una fuente de refuerzo para los menores, y empujarles a funcionar como modelos para que el menor pueda seguirlos.

Vivimos en una sociedad en la que los estímulos que recibe el menor van muy deprisa y muchas veces no tienen tiempo de detenerse a decidir. Lo que nosotros vamos trabajando desde este programa es el hecho de dar la posibilidad de elegir, de pensar antes de actuar, de planificar y sobre todo de dar la oportunidad al menor de descubrir lo que le gusta, lo que les proporciona esa “alegría”.

Volviendo al punto de partida en el que decíamos que la prevención es la disposición que se toma para evitar algún peligro, pienso que esta disposición surgirá, en el menor, si somos capaces de motivar a partir de sus propias ideas una utilización gratificante y sana del tiempo libre.

José Antonio Orengo Caus. Máster Promoción 14ª

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