El presente texto es un artículo de opinión sobre un manual de psicología y una reflexión sobre lo que en él se plantea. El libro se titula “Manual del psicólogo de familia. Un nuevo perfil profesional” coordinado por Luis M. Llavona y F. Xavier Mendéz.
Quisiera explicaros en primer término cómo conozco este libro y por qué lo elegí para este artículo de opinión.
Algunos de los casos con los que he trabajado son personas con problemas de ansiedad o de depresión que tras realizar una evaluación completa llegas a la conclusión de que parte del problema tiene que ver con dificultades en la educación de los hijos, problemas en las relaciones familiares, conflictos con hijos adolescentes, problemas en la adquisición de hábitos básicos de autonomía personal de los niños, etc. En otras ocasiones, son directamente estos problemas (de manejo de los hijos, de los conflictos familiares, etc.) la demanda principal.
Así pues decidí buscar bibliografía en relación con estos aspectos que a menudo se originan dentro del ámbito familiar.
Entre los distintos manuales este llamó mi atención en primer lugar por su título (y es que, ¿qué es eso del psicólogo de familia?) y en segundo lugar, por el contenido del mismo.
Empezaremos por el contenido del manual. El libro consta de 21 capítulos, aunque la presentación de los mismos no sigue ningún orden concreto, a mi me parece que sí que se pueden agrupar en diferentes bloques.
Por un lado se habla de situaciones vitales que generan malestar y que requieren un esfuerzo de adaptación. Estamos hablando de la adopción, separación y divorcio, familias reconstituidas, familias con personas mayores, familias con enfermos crónicos, el afrontamiento de la muerte en la familia, y familias de doble empleo.
Por otro lado de dificultades relacionadas con la crianza/educación de los hijos, como son problemas conductuales (desobediencia, agresión, hiperactividad),  conflictos padres-adolescentes, relación paterno-filial durante los tres primeros años de vida, problemas de hábitos básicos de autonomía personal (sueño, alimentación y control de esfínteres), ansiedad por separación y miedos infantiles.
Y también hay varios capítulos dedicados a problemas de otra índole como la violencia de pareja, la violencia ascendente (hijos que agreden a sus padres), la familia y los problemas de adicción y la detección de trastornos de salud mental por el psicólogo de familia.
Finalmente destacan varios capítulos dedicados a la educación para la salud de la familia, las escuelas de entrenamiento de padres, la educación positiva de los hijos y las dificultades frecuentes en la intervención con padres. Así como un capítulo dedicado al psicólogo de familia y otro a la familia en la sociedad actual.
El capítulo primero, el psicólogo de familia, dedica sus últimas páginas a hacer un breve resumen de los distintos capítulos, lo cual me parece una idea muy útil para saber de una manera rápida lo que ofrecer la lectura de ese texto.
Por este motivo, en lugar de hacer un resumen de cada capítulo me ha parecido más atractivo destacar de entre todos aquellos que me han resultado más interesantes por diferentes motivos.
Me parece enriquecedor para aquellos terapeutas que tengan que trabajar con progenitores, el capítulo dedicado a las dificultades frecuentes en la intervención con padres de R. Ramos-Paúl, en este se explica de manera clara, breve y con ejemplos algunas de las actitudes a abordar con los padres cuando empezamos una terapia, así como problemas básicos que suelen plantearse a la hora de implementar las técnicas.
También me ha resultado interesante, el capitulo escrito por I. Espinar e I. Carrasco dirigido a la intervención y prevención familiar en las familias reconstituidas. Puesto que en la sociedad actual es muy frecuente este tipo de familias, tendremos que disponer de herramientas  para poder abordar sus problemas.
El capitulo hace en primer lugar una explicación del ciclo evolutivo de la familia y luego las peculiaridades de la familia reconstituida. Describe las áreas a evaluar, así como algunas escalas que se suelen emplear con el objetivo de determinar las variables responsables de la disfunción familiar. Luego habla de la intervención, que se centra sobre todo en la psicoeducación, la terapia marital y técnicas de reestructuración cognitiva. Finalmente explica un programa de enriquecimiento para familias reconstituidas de Michaels.
Para mí un tema totalmente desconocido es el de la violencia ascendente: los hijos que agreden a sus padres. C. Gesteira, M. González, M.P. García-Vera, I. Fernández y J.L. Graña explican muy bien en el capítulo, las características clínicas de los hijos agresores y de los padres agredidos, así como una explicación detallada de cómo hacer la intervención tanto en los menores como con los padres. Me parece también interesante la descripción de los factores a tener en cuenta para prevenir el problema. Y la idea de la importancia en este problema tanto de las variables individuales, como de la interacción entre las personas que componen la familia y la relación de ellos con su entorno.
En el capítulo dedicado a los conflictos padres-adolescentes que presenta C. Inglés, E. Estévez, J.A. Piqueras y G. Musitu, se hace una síntesis de los principales temas de discusión entre padres e hijos adolescentes, para posteriormente abarcar de una manera más extensa tanto los dos recursos fundamentales para prevenir el conflicto que son: la comunicación positiva y empática, y el estilo democrático en las interacciones sociales y la resolución de conflictos. Más adelante se habla de la intervención propiamente dicha, es decir, cómo trabajar con los padres y adolescentes cuando ya ha aparecido el conflicto. Finalmente, se describe de forma breve tres programas de intervención para la resolución de conflictos en la esfera familiar.
En general, los capítulos están estructurados de una manera muy didáctica, con subapartados que facilitan la lectura, cuadros y tablas donde se resume la información, diagramas explicativos y ejemplos tanto de casos como de cuestionarios de evaluación.
La redacción es sencilla pero rigurosa, lo que hace la lectura amena. La información que proporciona permite adaptar y utilizar gran parte de su contenido en la práctica clínica. Además cada capítulo cuenta con su bibliografía al final de este, lo que permite poder acceder a las fuentes originales citadas.
Creo que es un buen manual para tener en la biblioteca personal, estoy segura que lo consultareis con frecuencia, como me ha pasado a mí.

Y ahora vamos a por el título: “Psicólogo de familia”. ¿Qué es eso?
Los autores reivindican la necesidad de establecer un ámbito psicológico propio de la familia, a pesar de que los psicólogos clínicos, educativos, del ámbito de la intervención social o jurídica ya realizan intervenciones en las que implican a las familias. Consideran que el campo de la familia tiene la suficiente importancia y relevancia dentro de la sociedad como para que se considere al psicólogo de familia como un ámbito de actuación diferenciado.
Si nos paramos a reflexionar un poco sobre ello, todas las personas en algún momento de nuestra vida nos tenemos que enfrentar a situaciones vitales que generan malestar, y que requieren un esfuerzo de adaptación. Algunas personas percibirán estas situaciones como estresantes y harán una mala adaptación a las mismas. No obstante, no deberíamos confundirlas con reacciones psicológicas normales ante las frustraciones de los acontecimientos estresantes.
Si tenemos en cuenta las teorías del estrés, sabemos que una situación se percibe como estresante cuando la persona cree que no dispone de recursos suficientes (incluyendo las propias habilidades de afrontamiento, el apoyo social, los recursos materiales, etc.) como para hacerle frente y esta situación pone en peligro su bienestar personal.
Cuando nos encontramos ante esta situación que aparece dentro de los tres meses siguientes a la aparición del estresor, con presencia de síntomas emocionales o conductuales como respuesta a éste, los síntomas o comportamientos generan malestar mayor del esperable o deterioro significativo en la actividad social o laboral/académica, no respondiendo la sintomatología a una situación de duelo, estamos delante de un trastorno adaptativo según el DSM-IV-TR. Sabemos que las reacciones predominantes en un trastorno adaptativo suelen ser depresión y ansiedad.
Ahora pues, imaginemos que la figura del psicólogo de familia está normalizada dentro de la sociedad y del sistema de salud. Que tenemos un psicólogo de familia accesible en atención primaria, como pasa con otros profesionales sanitarios. ¿Cual podría ser el papel de este nuevo perfil profesional que se plantea en el libro?. Yo me imagino que podría jugar un papel fundamental a tres niveles:
Un primer nivel que consistiría en fomentar la adaptación de las personas ante situaciones vitales complejas que generan malestar a través de la psicoeducación (reacciones comunes a acontecimientos estresantes, el significado de las dificultades y los problemas y el impacto de los acontecimientos estresantes en nuestras vidas), la potenciación de recursos propios y pautas concretas que faciliten esa adaptación en función de cada persona.
Un segundo nivel que se centraría en prevenir la aparición de trastornos emocionales. Reacciones emocionales normales ante situaciones vitales pueden derivar en trastornos adaptativos, de ansiedad o trastornos del estado de ánimo principalmente.
Y un tercer nivel encaminado a tratar los trastornos emocionales en caso de que aparezcan.
Como idea final me gustaría destacar el papel del psicólogo en el campo de la prevención de patologías y no solo del tratamiento de las mismas. De hecho la apuesta por un psicólogo de familia creo que pretende enfatizar esta parte del trabajo de la psicología.
Tal vez, en estos momento la sociedad y el sistema aun no estén preparados para la figura del psicólogo de familia que se plantea en este texto, pero estoy segura que algún día la veremos instaurada dentro de nuestro sistema de salud.

BIBLIOGRAFIA:
LLavona, L. M. y Méndez, F.X. (coords.). (2012). Manual del psicólogo de familia. Un nuevo perfil profesional. Madrid: Pirámide.

Rosella Mallol Sales

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