Como cada año, acudieron un montón de invitados que incluían profesionales de la terapia racional-emotiva, profesionales de la psicología, alumnos actuales y pasados del Instituto y algunas celebridades. La fiesta resultó muy divertida pero a la vez nostálgica.
Inevitablemente, la gente acabó contando historias graciosas que retrataban fielmente el estilo personal del Dr. Ellis, y que describían su particular forma de relacionarse con los demás.
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